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Reportaje | Turismo Responsable | Cataluña

16-06-2022

Stop domingos y festivos

Ernest Cañada & Carla Izcara | Alba Sud

La nueva normativa de horarios comerciales en Barcelona, que entró en vigencia el 15 de mayo de este año, ha despertado reacciones contrarias tanto por el modelo de ciudad que configura, orientado hacia una mayor turistificación, como por los impactos laborales que comporta.


Crédito Fotografía: Carla Izcara | Alba Sud.

Apenas hace un mes, el 15 mayo, entraba en vigor la nueva normativa de horarios comerciales que permite abrir en domingos y festivos a los comercios de zonas consideradas turísticas de la ciudad de Barcelona durante cuatro meses, hasta el 15 de septiembre. La medida afecta a 27 barrios de Ciutat Vella, Eixample, Gracia, Sants, Pueble Sec y Sant Martí. El horario de apertura queda comprendido entre las 12 del mediodía y las 8 de la tarde. No se ha incluido a ninguno de los barrios de los distritos de Sant Andreu y Nou Barris. En conjunto, implica a unas 165.000 personas que trabajan en el comercio en las zonas de apertura contempladas.

Esta medida cambia la regulación vigente, y amplía a más barrios el área reconocida como zona turística de apertura comercial. Hasta ahora, en ella solo se podía abrir dos domingos del mes de mayo y dos de octubre, y también de 12 a 8 de la tarde.

Fuente: Betevé.

El acuerdo fue firmado el 21 de febrero de 2022 por Barcelona Activa del Ayuntamiento de Barcelona, en representación institucional; por Foment del Treball, Barcelona Oberta, PIMEC, ANGED y Barcelona Comerç, en representación patronal y empresarial; y por la UGT en representación sindical. Posteriormente, Comisiones Obreras lo ratificó durante los primeros días de marzo, y lo ha asumido plenamente, lo cual le permite estar en los espacios de seguimiento habilitados.

La nueva normativa tiene prevista una duración de cuatro años, entre el 1 de enero de 2022 y el 31 diciembre de 2025. Más allá del periodo y horarios de apertura y las zonas incluidas, el documento aprobado incluía tres cláusulas de carácter social: voluntariedad, generación de ocupación y seguimiento. En primer lugar, se explicita que cuando en los convenios colectivos de aplicación, sean de sector, de empresa o de centro trabajo, no se establezca un régimen diferente, el trabajo en domingos y festivos será de carácter voluntario, y tendrá la retribución que establezcan los mismos convenios. En el supuesto de que no haya una regulación específica de referencia, se tendrá que habilitar un descanso compensatorio y facilitar o abonar la comida cuando la jornada supere la mitad de las horas que el establecimiento esté abierto. En segundo lugar, se considera que esta medida facilitará la creación de empleo y mejora de las condiciones de las personas contratadas a tiempo parcial, que tendrán prioridad sobre nuevas contrataciones a jornada completa. Finalmente, también se establece que Barcelona Activa recopile, trate y presente datos de generación de empleo y mejora de condiciones laborales para cada una de las empresas.

Según informó Betevé, el acuerdo llegó después de meses de negociaciones a causa del rechazo sindical a la propuesta inicial, planteada por Barcelona Oberta y la Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución (ANGED), que pretendía que la apertura pactada fuera en toda la ciudad y sin restricciones de horarios en un periodo más amplio, entre el 1 de abril y el 30 de septiembre. Además, tampoco incluía las cláusulas sociales que finalmente se han adoptado. La negativa sindical bloqueó la iniciativa planteada en aquellos términos, y dio pie a una mesa de negociación coordinada por la regidora de Comercio, Mercados, Régimen Interno y Hacienda, Montserrat Ballarín, a la cual se incorporaron las diferentes patronales y sindicatos mayoritarios. Fue en este marco que se gestó el acuerdo de nueva normativa de horarios comerciales firmada el 21 de febrero de 2022. Este fue celebrado por el primer teniente de alcalde, Jaume Collboni, por el hecho que mejoraba el "posicionamiento de Barcelona como destino de compras".

Poco después, el 25 de febrero, fue aprobado en el pleno del Ayuntamiento de Barcelona con el voto favorable de todos los grupos del consistorio, a excepción de ERC, que se abstuvo. Pero esta casi unanimidad política no genera el mismo consenso social y ha sido puesta en cuestión tanto por el modelo de ciudad que configura como por su impacto en el trabajo.

Reacciones por el impacto en la ciudad

Para Elisenda Coll Tort, vecina del barrio Gótico “de toda la vida”, como nos asegura, esta nueva normativa dificultará todavía más la vida del vecindario. “No nos sacamos del encima la masificación, el exceso de uso. Es una sobreexplotación del barrio en todos los sentidos”. El problema, para esta activista de la Asociación de Vecinos y Vecinas del Barrio Gótico, es que la presión turística es constante: “el domingo era el único día que teníamos un poco tranquilo porque muchos comercios estaban cerrados. No quiere decir que no hubiera gente, pero como mínimo era algo más tranquilo”.

La misma inquietud expresa Pere Mariné, vecino del Poblenou y vocal de la junta directiva de la Federación de Asociaciones Vecinales de Barcelona (FAVB) como responsable de espacio público y turismo. Así, argumenta cómo este “es el único día que los vecinos y vecinas tienen un poco de calma, para poder hacer sus cosas, salir pasear, o lo que sea, porque el resto de la semana son zonas muy saturadas, y estas medidas no contribuirán a que los domingos sean tranquilos, es más ruido, gente y alboroto...”.

Fuente: Federico Romero, bajo licencia creative commons.

Elisenda muestra también su decepción con el Ayuntamiento, porque “con la pandemia vimos una oportunidad de cambio y de reflexión, pero no les ha servido para nada a los políticos, no han hecho ningún replanteamiento. En lugar de hacer medidas en contra del turismo van promoviéndolo más, parece que tenemos que solucionar la crisis con más turismo. Y la sensación que tenemos los vecinos es que estamos hartos”.

Por estos motivos, desde la Asociación de Vecinos y Vecinas del Barrio Gótico decidieron promover un comunicado de rechazo a la nueva normativa, a la cual se adhirieron inicialmente las asociaciones vecinales del Casco Antiguo, Sagrada Familia, La Salut, Dreta del Eixample, Esquerra del Eixample y la misma FAVB. Y también entidades como la Xarxa Veïnal del Raval o el Centre Social de Sants, además de los ejes comerciales de Santa Caterina o del Raval. El comunicado, que fue publicado el 17 de mayo de 2022, alerta de quién gana y quién pierde con esta iniciativa: "Nos encontramos ante una medida desastrosa en todos los frentes. Pierde el vecindario, pierde el pequeño comercio, pierden las trabajadoras. Ganan, una vez más, las grandes empresas, las franquicias y los grandes grupos de restauración". Y acaba asegurando que no quieren ser ni un centro comercial ni un resort turístico, como progresivamente se está transformando la ciudad. Y por eso reivindican: "Somos barrios vivos, y para seguir siéndolo necesitamos comercio de proximidad que facilite la vida cotidiana y genere vínculo a la vez que garantice condiciones laborales justas, de forma que vecindario, trabajadoras y comercio podamos conciliar vida personal, social y laboral”.

Impacto en el pequeño comercio

Para el representante de la FAVB, Pere Mariné, en la misma línea que expresa el comunicado, la reforma de horarios comerciales también debilita al pequeño comercio de proximidad: “será una competencia más, y no ayuda para nada a revitalizarlos, sino que les irá en contra”. De hecho, para este tipo de establecimientos es muy difícil poder abrir domingos y festivos y, no lo hacen, cuando legalmente podrían. Actualmente, en Barcelona, cualquier establecimiento comercial de menos de 300 metros cuadrados, de los cuales sean titulares pequeñas y medianas empresas, pueden abrir libremente desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche.

Pròsper Puig, vicepresidente de la Fundación Barcelona Comerç y propietario de una tocinería en San Andreu, matiza esta valoración. Considera que el acuerdo, el cual validaron después de mucha discusión interna, probablemente será bueno para la ciudad para poder aprovechar la demanda de los cruceristas, como reclamaban los representantes de las grandes empresas de comercio. “Ellos lo que ponen sobre la mesa –explica Pròsper– es que en Barcelona estos meses hay mucho turismo de compras y se tiene que aprovechar”. Además, calcula que haber firmado un acuerdo así “garantiza cuatro años de paz social” y, finalmente, cree que al pequeño comercio tampoco les perjudica mucho, por el hecho que han conseguido acotar las pretensiones de otros sectores de abrir domingos y festivos durante todo el año y sin restricciones de horario. “La amplísima mayoría votamos que teníamos que llegar a un acuerdo dentro de unos límites, y las líneas rojas son estas: no cambiar los hábitos de compra de nuestro vecino y que fuera en un tiempo determinado”. Por eso lo dan por bueno: “solo cuatro meses, y de 12 de mediodía hasta las 8 de la tarde, que sea para esta gente, cruceristas que están un día aquí y se van”.

Fuente: Artem Beliaikin en Unsplash, bajo licencia creative commons.

A pesar de la relativa satisfacción por los contenidos que finalmente se lograron en esta reforma, para ellos, se trata de un “acuerdo de máximos”, porque si no se respetaran las condiciones que se han logrado, sí que afectaría negativamente al pequeño comercio. Y reclama que "después de este primer periodo se haga un estudio riguroso del incremento del empleo y el nivel de aperturas", para poder valorar estos cambios de forma adecuada.

Reacciones laborales

El acuerdo firmado por UGT, al cual se adhirió posteriormente CCOO, principales sindicatos del sector del comercio en número de delegados en Barcelona, ha provocado respuestas contrarias en una parte del colectivo laboral afectado, y en el caso concreto de CCOO ha generado una discusión interna notoria. Pero también se han manifestado en contra otras organizaciones sindicales con presencia en el sector o incluso ha dado pie a nuevos colectivos que se han articulado para hacerle frente.

Para el secretario general de la Federación de Servicios de CCOO, Ramón González Monroy, la valoración sobre este acuerdo no se puede hacer sin entender el contexto en el que se produce, caracterizado por el dinamismo económico pospandemia y las fuertes presiones por parte de los grandes lobbies empresariales. “Se estima que el gasto turístico, solo en la ciudad, sea entre ocho mil y once mil millones de euros en el periodo de apertura. Esto supone mucha actividad económica, mucha recaudación fiscal y muchos intereses de apertura de locales comerciales. Supone una actividad tremenda”.

Por eso cree que había demasiado intereses en juego para poder pararlo. “Sabíamos que se iba a hacer, con nosotros o sin nosotros”, asegura. En consecuencia, ha defendido que el sindicato se adhiriera al acuerdo y como parte firmante tuviera capacidad de incidir: “Necesitamos hacer seguimiento y ser exigentes. Y también recurrir al conflicto donde no se cumpla y hacer de esto una herramienta de acción sindical. Nosotros tenemos que tomar la determinación de influir y saber quién abre, quien no abre, si se genera ocupación, si no. El acuerdo tiene una duración finita y se evalúa de año en año, y necesitamos estar dentro del meollo, no podemos quedarnos al margen, porque si te quedas al margen, es por cuatro años, a verlas venir”. Para el secretario general de la Federación de Servicios de CCOO es clave no quedar marginados de la posibilidad de influir: “Si CCOO no intenta influir en este escenario, y se queda en la simple oposición, y te lo digo francamente, creo que es una irresponsabilidad”. Desde esta preocupación insiste en el riesgo de quedar fuera del acuerdo, porque “si no estás no generas obligaciones mutuas, y nos pasará exactamente lo mismo: nuestra gente irá a trabajar y no tendremos posibilidad de intervención ni con el Ayuntamiento, ni con la Generalitat y, en muchas ocasiones, ni con las mismas patronales”. En este caso, considera que la alternativa podría acabar siendo una paradoja. Por un lado, “si no formo parte del acuerdo, no tengo más herramientas de intervención sindical que el recurso al conflicto y a la huelga” y, por la otra, “estaríamos exigiendo que se cumpla un acuerdo que no hemos firmado”.

Igualmente, considera que la introducción de las cláusulas sociales ha acotado parte de las aspiraciones empresariales y permite el establecimiento de mecanismos de seguimiento que en el contexto español son excepcionales: “es el primer acuerdo de este tipo que se realiza en España, donde se refleja que la decisión política de apertura se acompaña de cláusulas sociales consensuadas con los agentes sociales”. Y tiene expectativas que efectivamente se pueda generar empleo, especialmente entre gente joven, y mejorar las condiciones laborales.

Fuente: Jacek Dylag en Unsplash, bajo licencia creative commons.

En cambio, Isabel Flores, trabajadora en una de las grandes empresas de venta de ropa en el centro de Barcelona y delegada sindical de CCOO, manifiesta claramente su frustración, porque ella se declara “totalmente contraria en este acuerdo”. Argumentos no le faltan, como expone: “Ha sido traumático, porque al final tengo la sensación que es un sector en el cual hemos ido a peor, cada vez se ha precarizado más, nos han ido colando más festivos, más horarios, y al final tenemos la sensación de que esto se está convirtiendo más en una actividad de hostelería que de comercio. Cada vez más precarios”.

A pesar de su oposición a avalar el acuerdo, “como otras muchas personas del sector”, su sindicato finalmente se adhirió y esto implica que ahora la prioridad es que efectivamente sus cláusulas se respeten: “Lo que nos toca ahora en el plan sindical es intentar que este acuerdo se cumpla, que sea lo menos impactante posible de cara al trabajador, y que, si tienen que trabajar en domingos, mejor que sea uno solo, antes que dos, y que a la gente se la compense económicamente”.

De hecho, su cumplimiento despierta muchas dudas. “Hay empresas a las cuales les importa tres pitos lo que se ha firmado y están implantando lo que ellas quieren. Pero esto ya sabíamos que iba a pasar. Tampoco nos sorprenderemos de que haya empresas que apliquen solo aquello que quieren”, argumenta Isabel. En este caso, además, hay una agravante del que ella misma alerta, porque “es un documento que no está en el BOE, ni en el DOGC, con lo cual muchas empresas te dicen que porqué tienen que hacer caso a una cosa que solo está en un boletín de un ayuntamiento, que no tiene en un rango superior”.

De hecho, ni dos semanas después de la entrada en vigencia del acuerdo, UGT denunció públicamente, a través de Óscar López, secretario general de la Federación de Servicios, Movilidad y Consumo (FESMC) de la UGT, el incumplimiento en empresas como Zara, Massimo Dutti, Caprabo-Eroski del Illa, Uniqlo, Party Fiesta, Humana y Celio.

Por otro lado, trabajadoras descontentas con el acuerdo y decepcionadas con la actuación de los sindicatos mayoritarios, decidieron crear una plataforma para movilizarse en contra, Stop Domingos y Festivos, que agrupa a personas que trabajan en varios comercios del centro, sobre todo de grandes empresas. Una de sus integrantes, que prefiere no ser identificada en este reportaje, dependienta en una tienda de ropa de una gran multinacional, narra cómo empezaron: “En el momento que supimos que se había firmado el acuerdo entre la patronal, el Ayuntamiento y la UGT, tratamos de informarnos para ver si CCOO nos apoyaba, pero no tuvimos éxito. Preguntamos a nuestras delegadas si habría algún movimiento desde CCOO y nos dijeron que no, y que además se adherían al pacto, para supuestamente supervisar que el acuerdo se cumpliera”. Esto, en este caso concreto, implicó una fuerte decepción, “me sentí abandonada por CCOO y UGT, porque se supone que están mirando por el bien del trabajador, pero nos han demostrado lo contrario”.

Fuente: Carla Izcara | Alba Sud.

En este contexto, decidieron organizarse por su cuenta, “como vimos que no teníamos respuesta de nadie, con algunas compañeras nos pusimos a averiguar cómo se hacía una manifestación y empezamos a movernos. Pedimos permisos y montamos una primera movilización el 22 de abril”. Después crearon un perfil propio de la plataforma Stop Domingos y Festivos en Twitter, Instagram y Facebook, e iniciaron una recogida de firmas en Change.org, y “poco a poco hemos conseguido más de cinco mil”, explica. Prevén presentarlas en el Ayuntamiento en una reunión solicitada ya a su alcaldesa, Ada Colau. La segunda manifestación, convocada el 3 de junio, tuvo mucha más participación, “y seguiremos, no pararemos”, asegura.

Por su parte, la CGT también se ha mostrado contraria a la nueva normativa. Para Héctor Rustaraza, delegado de este sindicato en el sector del comercio, “cualquier acuerdo que implique abrir más festivos o domingos lo valoramos negativamente”. Y añade que “los días libres son para que los trabajadores los descansen y, por lo tanto, estamos en contra de medidas que limiten todavía más los derechos de los trabajadores o que aumenten la precarización laboral”.

Temas que preocupan laboralmente

Uno de los aspectos más cuestionados desde una perspectiva laboral ha sido la cláusula de voluntariedad. Más allá de su cumplimiento o no por parte de las empresas, que ya provoca desconfianza, varias personas consultadas que trabajan en el sector ponen en entredicho que pueda ser efectiva. Esto se debe al hecho que en la mayoría de grandes empresas del centro muchos contratos ya contemplaban trabajar de lunes a domingo y, por lo tanto, esta voluntariedad solo se tendría en cuenta en el caso de aquellas personas que en su contrato no estuvieran incluidos los domingos. Así lo denuncia la representante de Stop Domingos y Festivos: “hay muchas tiendas en las que hay una gran cantidad de contratos que son de lunes a domingo y, que, por lo tanto, están obligados a venir. Y esto implica que tampoco se cobrará más por trabajar en domingo, porque ya está contemplado dentro del contrato”. Esto mismo asegura a su vez Isabel Flores: conlleva que “tendrán que trabajar sí o sí, y encima no cobrarán más dinero para hacerlo en domingo”.

Este es el caso, por ejemplo, de Héctor Rustaraza, delegado sindical de la CGT. A pesar de que su contrato es de lunes a domingo, hasta ahora eran muy pocos los días al año que tenía que trabajar, “contemplábamos que algún día de Navidad o algún festivo puntual trabajaríamos”. Pero las condiciones han cambiado, argumenta, “ya no estamos hablando de ocho o nueve festivos al año laborables. Ahora, al ampliar el número de festivos de apertura, la cantidad de estos días que se tienen que trabajar son muchos más”.

Esta situación se explica, en parte, por el hecho que en el sector comercial hay varios convenios colectivos de aplicación, como el del textil o el de grandes almacenes, con varias situaciones y, además, dentro de una misma empresa, según el momento de contratación, puede ocurrir que personas que cumplen una misma función tengan condiciones contractuales muy diferentes. Esto explica el temor de muchas trabajadoras y trabajadores, porque el problema no es si hay capacidad o no para hacer cumplir la cláusula de voluntariedad, es que para mucha gente ni siquiera aplica.

Del mismo modo, se pone en entredicho que el acuerdo pueda generar de forma significativa más contratación. “Por la experiencia que tenemos – cuenta Isabel Flores–, la ampliación que se hizo de domingos y días festivos no favoreció más contratación, justo para cubrir vacaciones y ya está. No hubo una contratación explícita para los domingos de apertura. Por eso, de entrada, fe, no le tengo”. En esta línea, desde el movimiento vecinal hay las mismas dudas. Elisenda Coll, de la Asociación de Vecinos y Vecinas del Barrio Gótico, cree que “las grandes superficies no ampliarán su personal” Pere Mariné, de la FAVB, a pesar de asegurar que el acuerdo se tendrá que valorar con el tiempo, comparte el temor de que “no servirá para crear muchos nuevos puestos de trabajo”. Mariné además añade que “los que trabajan en estos momentos no verán más dignificado su trabajo, sino que sufrirán más presiones”.

Fuente: Carla Izcara | Alba Sud.

Así mismo, hay también la inquietud que dificulte todavía más la conciliación entre la vida laboral y la personal. Para la representante de la plataforma Stop Domingos y Festivos, con dos criaturas pequeñas, la situación es preocupante: “Yo trabajo de lunes a sábado, y ahora imagínate que tenga que trabajar un domingo y a cambio me den un día de fiesta entre semana. ¿Qué hago yo si mis hijos están en la escuela?”. Por su parte, Isabel Flores reafirma esta misma preocupación: “Es curioso que hayamos dicho que estamos a favor de la conciliación, y hemos hecho campañas a favor de la conciliación, y que ahora estemos en un acuerdo en el cual la conciliación brille por su ausencia. Porque al final la conciliación nos lo estamos saltando a la torera”.

De fondo, lo que más inquieta a las trabajadoras y trabajadores del sector es que este acuerdo no sea más que un primer paso de una desregulación total, como explicita la representante de la plataforma Stop Domingos y Festivos: “Si hay venta y les va bien, sabemos que esto acabará como en Madrid, que abren todo el año. Igual empezaron con unos meses y ya después abrieron todo el año. Hay que pararlo”.

Freno de emergencia ante la turistificación

La reforma de la normativa de horarios comerciales en Barcelona es una mala noticia. Profundiza en una dinámica de reactivación turística que refuerza la turistificación de la ciudad, y que cada vez nos hace más vulnerables ante las múltiples incertidumbres (sanitarias, climáticas, energéticas o geopolíticas) que vive esta actividad. Además, refuerza la congestión y masificación de zonas muy turistificadas donde la vida cotidiana se está haciendo cada vez más complicada. La medida tampoco contribuye a mejorar las condiciones del pequeño comercio de proximidad, que vive en estado de alerta por si las condiciones de la apertura se llegan a ampliar.

La ciudad se modela y modifica progresivamente al ritmo, demandas e intereses de grandes grupos de presión económicos, que han encontrado en Jaume Collboni, primer teniente de alcaldía en el Ayuntamiento de Barcelona, la voz que está dando forma a sus demandas. Por lo tanto, los cambios en las posibilidades o no que el comercio pueda abrir domingos y festivos no es un hecho anecdótico, ni afecta solo a las plantillas de estas empresas, configura el espacio donde vivimos y que, en este caso, agrava su turistificación. Es una de las muchas medidas que, paso a paso, hacen que perdemos la ciudad en beneficio de las grandes empresas.

Se turistifica y se hace con un modelo laboral basado en la precarización de sus trabajadores y trabajadoras. Si en el sector ya se vivían malas condiciones laborales en varios ámbitos, ahora se le añade que en las actividades comerciales de una parte de Barcelona se incrementará el número de domingos y festivos que se tendrá que trabajar. Las personas del sector expresan temor e indignación ante el riesgo que se incremente su carga de trabajo, sufran más fatiga por las dificultades de descansar y se dificulten las posibilidades de conciliación de la vida laboral y personal. La reforma no hace más que dar más herramientas al empresariado para flexibilizar la fuerza de trabajo y poderla usar cuando le haga más falta, en función de las oscilaciones de la demanda.

La posición de los sindicatos mayoritarios ha sido la de intentar reducir el impacto de la reforma, limitando su alcance y pactando cláusulas sociales para favorecer el incremento de la contratación, reducir sus impactos más negativos y poder darle seguimiento. Aspiran a convertir el nuevo acuerdo en un ámbito de intervención sindical en un contexto en el cual, probablemente sea cierto, se iba a aplicar, estuvieran o no a favor los sindicatos. El problema es que la capacidad de control e incidencia es en realidad muy limitada, y más ante una patronal acostumbrada al incumplimiento de convenios y a forzar la legalidad. La misma UGT denunciaba ni tan siquiera dos semanas después de la aplicación de la nueva normativa su incumplimiento por parte de varias empresas. Las expectativas de creación de nuevo empleo son muy limitadas y solo el tiempo, y Barcelona Activa, dirá, si puede y tiene acceso a la información, qué impacto ha tenido. Por otro lado, la efectividad de las cláusulas sociales pactadas queda también en entredicho por la propia realidad del sector, cuando muchos trabajadores y trabajadoras ya tienen contemplado en sus contratos la disponibilidad para trabajar de lunes a domingo. Sobre la negativa en un acuerdo plana también el riesgo de una presión todavía mayor por parte de las grandes empresas y que lleven a los tribunales cualquier tipo de medida restrictiva. Pero, ¿continuaremos aceptando un chantaje que precariza día a día la vida y el trabajo de una parte de la población?

Aceptar la reforma de horarios comerciales y no convertirla en un marco de impugnación de un modelo de ciudad y de trabajo basado en una turistificación cada vez más intensa, tiene el riesgo de dar por sentada esta configuración, que se impone al dictado de las demandas de las grandes empresas. Si la contrapartida a la marca Barcelona es un trabajo sin derechos, mejor escuchemos y hagamos caso a los gritos indignados de las trabajadoras que dicen: “Stop domingos y festivos”.

 

 

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