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En profundidad | Turismo Responsable | Argentina

26-07-2021

Turismo sindical: historia y actualidad de un fenómeno argentino

Érica Schenkel | Alba Sud
A lo largo de Argentina diversas organizaciones sindicales despliegan una oferta turística-recreativa propia, pensada por y para familias trabajadoras. El alcance que adquieren estas iniciativas otorga al turismo social argentino una identidad propia, distinta a la de otros países. 
 


Crédito Fotografía: Complejo recreativo de UPSA, Ezeiza, Argentina.

El turismo sindical constituye una modalidad turística integrada dentro del turismo social que surge con el fin de garantizar el acceso al descanso, la recreación y el turismo de la familia trabajadora. Más allá de las diferentes dificultades por las que ha tenido que a travesar en su larga historia, en pleno siglo XXI, continua plenamente vigente, lo cual constituye un ejemplo reconocido en materia de política social gremial. El articulo inicia con un análisis de su devenir histórico para, finalmente, abordar su actualidad, a parir de la experiencia de la Rueda de Turismo Sindical, una referencia en la materia. Esta asociación articula cerca de cuarenta sindicatos con el objetivo de obtener mejores propuestas para el descanso vacacional de la población asalariada.

Orígenes del turismo sindical 

Las acciones que sientan las bases del turismo sindical en Argentina se inician con la industrialización en la década del treinta. En esos años aparecen los primeros sindicatos y movimientos de izquierda que reivindican el esparcimiento como un derecho también de la clase obrera. De la mano de las primeras conquistas laborales de jornada limitada (parciales y específicas a determinadas rubros y actividades), muchas de estas organizaciones, de ascendencia europea, replican iniciativas que allí ya se desarrollaban para hacer efectivo el tiempo de descanso y vacacional de la familia trabajadora. En este marco aparecen los primeros alojamientos, complejos vacacionales y recreativos asociados al turismo sindical en el país. 

Dentro de estas iniciativas destacan los emprendimientos desplegados en las sierras cordobesas, donde la Federación de Asociaciones Católicas de Empleadas instala colonias de vacaciones para sus afiliadas en Cosquín (1927) y Capilla del Monte (1936); la Unión de Obreros Municipales construye un “hogar-granja” en Salsipuedes (1935); el gremio ferroviario desarrolla un complejo vacacional en Alta Gracia (1939); el de conductores de locomotoras a orillas del Lago San Rafael (1941) y los empleados del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico en Piedra Pintada. Asimismo, en la provincia de Buenos Aires varias organizaciones instalan sus complejos vacaciones en el Municipio de General Pueyrredón, en plena Costa Atlántica, como sucede con el Consejo Nacional de Educación y la Federación de Asociaciones Católicas de Empleadas(Scarzanella, 1998; Pastoriza, 2002).

El Primer Peronismo (1943-1955) consolida este proceso, categorizado por Torre y Pastoriza (1999) como “democratización del bienestar”, a partir del cual se transfieren derechos básicos hacia los estratos populares y se promueve su ascenso social mediante la redistribución del ingreso nacional. En este marco, el gobierno puso en marcha una serie de acciones para facilitar el acceso de los trabajadores al turismo, y otras estructurales, que fueron determinantes al proveerles tiempo de descanso y recursos financieros. Entre estas últimas, destacan medidas distributivas como: salario básico, mínimo y vital, sueldo anual complementario, salario familiar, sistema de negociaciones colectivas, pleno empleo, vacaciones anuales y días feriados pagos, pensiones a la vejez e indemnizaciones por despido (Schenkel, 2017). 

Este conjunto de iniciativas permitió que la participación del componente salarial sobrepasara por primera vez la retribución obtenida en término de ganancias, intereses y rentas de la tierra. Entre los años 1946-1949, los salarios de industrializados aumentaron un 53%, mientras que la cantidad de empleados afiliados pasó de 520.000 en el año 1946 a 2.334.000 en 1951, hasta alcanzar una tasa de sindicalización cercana al 43% a finales del gobierno (James, 2010). Este fortalecimiento de la estructura gremial permitió ampliar las iniciativas de los años ‘30, para alcanzar nuevas organizaciones de trabajadores y consolidar las existentes. 

Dicha expansión fue motorizada por el Decreto de Personería Gremial (23.852/45), que promovía el desarrollo de colonias de vacaciones por los sindicatos; y por el Decreto-Ley N°33.302/45, que permitía al Instituto Nacional de Remuneraciones cederles en arrendamiento, la locación o administración de los establecimientos adquiridos por el Estado. La implementación de estas medidas permitió a las organizaciones gremiales concentrar una creciente oferta hotelera y participar directamente en la gestión y prestación de los programas oficiales, con descuentos para el afiliado de entre 30% y 50%. 

Este accionar sindical, que destaca el caso de Argentina en el mundo, perdura incluso luego del golpe de Estado de 1955. Como indica la historiadora Elisa Pastoriza (2008), lejos de replegarse con el final del primer peronismo, los movimientos sindicales se constituyen en los actores centrales del sistema de turismo social argentino. Esto fue posibilitado por la Ley de Asociaciones Profesionales (14.455/58), sancionada por Arturo Frondizi, que reglamentaba las organizaciones gremiales, exceptuando a éstas del pago de toda carga o gravamen impositivo; y la Ley de Obras Sociales (Ley 18.610/70), que incrementaba sus recursos económicos, a partir de la adhesión obligatoria de servicios asistenciales y sociales. Estas medidas ocasionaron la propagación de hoteles, colonias y complejos sindicales en los principales destinos nacionales hasta mediados de los ´70

Tiempo después, en la década de los ’90, se produjeron una serie de cambios estructurales que significaron la inserción definitiva del país en el modelo neoliberal, que había iniciado con el último golpe de Estado en 1976. Entre estos sobresale el plan de convertibilidad (que emplea un cambio nominal fijo para el peso argentino en relación al dólar americano); un amplio programa de privatizaciones; la desregulación de sectores claves de la economía; y una mayor apertura económica, que otorgaba facilidades a la importación y la capitalización bancaria del sistema de jubilación. Este conjunto de medidas implicaba el fin del Estado de bienestar argentino y, con él, de la institución del trabajo asalariado como la gran afiladora social. En consecuencia se registró un aumento del desempleo y el subempleo (en gran medida a causa del despido del personal en el sector público), y la caída del empleo industrial, por la quiebra de empresas y la reconversión de otras, que reemplazaron mano de obra por tecnología. Esta nueva coyuntura impactó duramente en las organizaciones gremiales y, particularmente, en el turismo sindical, que experimentó un proceso de repliegue, luego de décadas de expansión.

Actualidad del turismo sindical

Para conocer cuál es la situación del turismo sindical conversamos con Pablo Merzi, secretario de Turismo y Acción social de la Unión del Personal Superior y Profesional de Empresas Aerocomerciales (UPSA) y Coordinador de la Rueda de Turismo Sindical. La Rueda es una organización gremial que, a causa de su alcance y federalidad, se ha constituido en la principal referencia del turismo sindical en Argentina. Hoy nuclea cerca de cuarenta sindicatos que trabajan colectivamente  con el fin de obtener mejores propuestas para el descanso vacacional de la población asalariada. A partir de este mecanismo, cada sindicato puede hacer uso, a precios diferenciales, de las instalaciones de las demás organizaciones e incluso de establecimientos privados, dado que se llevan adelante convenios con prestadores para ampliar el número de destinos y servicios. 

Miembros de la Rueda de Turismo y Recreación Social Sindical. 

Todos estos beneficios se comparten equitativamente, independientemente del tamaño del gremio e, incluso, si dispone o no de instalaciones propias.  En este sentido, el Coordinador de la Rueda destaca que “no todos los gremios tienen el mismo nivel de ingresos y, por eso, hacemos convenios para los diferentes poderes adquisitivos, para que no queden trabajadores afuera y todos puedan disfrutar de un momento de ocio y recreación, más allá del gremio al que pertenezcan”. 

Los inicios de la Rueda Sindical se ubican en la década del ’90. Las políticas de ajuste y privatizaciones habían afectado el trabajo asalariado argentino y, particularmente, sus organizaciones de base, que, en muchos casos, replicaron estas medidas en sus propias estructuras, “…para abandonar sus políticas sociales, tercerizar servicios y dejar de atender los intereses de los trabajadores”, sostiene Merzi. Según él esto afectó en particular a las Áreas de Turismo, muchas de las cuales cedieron sus prestaciones a empresas privadas, para fijar tarifas muy por encima de las posibilidades del asalariado de ingresos medios y bajos. La Rueda nació en este contexto, “…con el objetivo de recuperar el valor social del turismo sindical (…) para revindicar la premisa que le dio origen (…) para darle a los trabajadores y trabajadoras un poco de lo que las políticas neoliberales les habían sacado”.

Desde entonces, crisis económicas e institucionales hicieron que la Rueda interrumpiera sus actividades en diferentes oportunidades, para relanzarse definitivamente en 2016. La primera Encuesta de Turismo Sindical, realizada por la Dirección de Planificación de Desarrollo Turístico del Ministerio de Turismo y Deportes, indica que, en la actualidad, la Rueda integra 39 sindicatos, en su mayoría de alcance nacional, aunque también participan organizaciones provinciales y municipales. Esta federalidad permite contar con una extensa oferta turística y recreativa, en diferentes provincias del país, con variadas alternativas de destinos y tarifas. 

Los 30 gremios que respondieron el cuestionario atienden una población de 1.854.610 afiliados, sin contar grupos familiares. En todos los casos disponen de oferta turística-recreativa: la mayoría brinda servicios de alojamiento y gastronomía y algunos incorporan actividades de esparcimiento, paseos por el día y excursiones. La oferta de alojamiento es variada (hoteles, campings, cabañas y aparts), aunque hay una clara predominancia de los establecimientos hoteleros, con 1.100 plazas propias y 800 de federaciones que se suman por convenio. 

En la mayoría de los casos, la gestión y la prestación de estos servicios depende del propio sindicato, por lo que es clave la capacitación del personal de las respectivas Áreas de Turismo. Ésta es otra de las funciones de la Rueda, que desde sus inicios realizó una importante apuesta por la formación, con el impulso de congresos, cursos y seminarios, referidos tanto a la oferta de destinos como a la prestación de servicios. Incluso, en el año 2020, parte de esta oferta educativa fue agrupada en un Proyecto de Diplomatura en Turismo Social y Sindical de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo – UMET. Esta carrera, que permite obtener el título en un año, surgió como necesidad planteada desde la propia Rueda para la capacitación profesional específica en el ámbito del turismo social sindical.

Perspectivas futuras

La crisis causada por la pandemia ha permitido revalorizar la función social del turismo sindical. Como destaca Merzi los trabajadores y las trabajadoras que tienen la suerte de conservar sus empleos, van a necesitar más que nunca de una tarifa accesible para poder disfrutar de un tiempo de descanso y así van a volver a usar los servicios turísticos de los gremios”. Esto genera una oportunidad para relanzar muchas propuestas gremiales que desde hace tiempo no lograban alcanzar su pleno desarrollo.

En este sentido, merece destacarse el trabajo que comenzó a realizar la Dirección Nacional de Planificación, que ha incorporado al turismo sindical entre sus políticas de incentivo post pandemia (Tabla 1). Este es un hecho de absoluta relevancia ya que si bien el turismo sindical es una modalidad turística que tiene propio peso e historia en la sociedad argentina, ahora vuelve aparecer integrado en una propuesta de desarrollo turístico nacional como no sucedía desde hace décadas. 

En este sentido, Sergio Castro, Director de Planificación, destaca que haber incorporado el turismo sindical en el Programa de Fortalecimiento y Desarrollo Turístico de nuevos Segmentos y Productos, da cuenta del rol fundamental que para dicha cartera va a ocupar esta modalidad turística en la pospandemia: “por un lado nos va a dar la posibilidad de contar con más oferta hotelera y así con más oportunidades para que nadie se quede sin el derecho de vacacionar; y por otro, con la ocupación de esas plazas, que hoy están ociosas, de potenciar la generación de ingresos y empleo en diversos destinos de nuestro territorio, que hoy necesitan este apoyo más que nunca”.

 

Referencias:
James, D. (2010). Resistencia e integración: el peronismo y la clase trabajadora argentina, 1946-1976.Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.
Pastoriza, E. (Ed.). (2002). Las puertas al mar: consumo, ocio y política en Mar del Plata, Montevideo y Viña del Mar. Buenos Aires: Biblos.
Pastoriza, E. (2008). Estado, gremios y hoteles. Mar del Plata y el peronismo. Estudios Sociales, 34, 1-39.
Scarzanella, E. (1998). El ocio peronista: vacaciones y ‘turismo popular’ en Argentina (1943-1955). Entrepasados. Revista de Historia, 7 (14), 65-84.
Schenkel, E. (2017). Política turística y turismo social. Una perspectiva latinoamericana. Buenos Aires: CLACSO - CICCUS.
Torre, J. C. y Pastoriza, E. (2002). “La democratización del bienestar”. En Torre, Juan Carlos (Dir.), Nueva Historia Argentina. Los años peronistas (1943-1955), pp. 257-312. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.
Este artículo se publica en el marco del proyecto «Turismo inclusivo, una demanda de justicia global», desarrollado por Alba Sud con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona, convocatoria Justicia Global 2020.

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