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Artículo de Opinión | Turismo Responsable | Centroamérica

07-08-2009

Aportes del Turismo Comunitario al desarrollo rural

Ernest Cañada | Alba Sud

Caraterización de las principales aportaciones del Turismo Comunitario en Centroamérica en aquellas iniciativas en las que se ha podido desarrollar de forma existosa. 


Crédito Fotografía: Finca Magdalena, Nicaragua. Fotografía de Laura Hurtado.

Durante los últimos años el Turismo Comunitario (TC) ha recibido una atención contradictoria. Por una parte incrementan los fondos de cooperación destinados a este sector, pero por otro lado aumentan también las voces que ponen en cuestión su aporte y enfatizan las contradicciones de esta estrategia como factor de desarrollo rural. Uno de sus principales debilidades es, paradójicamente, la escasez de estudios que pongan en evidencia los aportes que el TC está generando en el desarrollo rural. En este sentido, identificamos siete grandes ámbitos de contribución que, a nuestro entender, está generando ya el TC en América Latina sobre los que merece la pena centrar un programa sistemático de investigación.

El TC lo entendemos como un tipo de turismo desarrollado en zonas rurales en el que la población local, en especial pueblos indígenas y familias campesinas, a través de sus distintas estructuras organizativas de carácter colectivo, ejerce un papel preponderante o protagonista en su desarrollo, gestión y control, así como en la distribución de sus beneficios. El TC no sustituye a las actividades agropecuarias tradicionales (agricultura, ganadería, pesca, producción artesanal …), si no que es una forma de ampliar y diversificar las opciones productivas de las comunidades rurales y complementar así las economías de base familiar campesina.

Los principales aportes identificados son:

  • Diversificación productiva, creación de empleo y generación de recursos económicos directos. El turismo ha sido una vía de diversificación de las actividades productivas de las comunidades rurales. La puesta en marcha de servicios turísticos ha generado nuevas fuentes de empleo en comunidades rurales en múltiples ocupaciones, tanto para los propios propietarios de las iniciativas de alojamiento, como para empleados de éstas o por parte de proveedores de servicios o bienes diversos. Estos empleos no sólo han generado ingresos monetarios, si no que al ser distribuidos a lo largo de todo el año, o no ser necesariamente coincidentes con los ingresos derivados de las actividades agropecuarias tradicionales, han permitido que las familias implicadas en dichas actividades hayan podido mejorar su bienestar y condiciones de vida. Los ingresos derivados del turismo han contribuido significativamente a una mejora de la alimentación familiar y la educación de los hijos e hijas.
  • Mantenimiento de propiedades y mejora de infraestructuras. El desarrollo de actividades turísticas por parte de las comunidades o algunos de sus miembros ha contribuido a una revalorización de los bienes y recursos comunitarios, como la tierra, el bosque o el agua. Con frecuencia, este incremento del valor de estos recursos, principalmente la tierra, ha contribuido a su mantenimiento frente a las presiones del mercado para su venta. Además, las infraestructuras familiares y comunitarias creadas para atender a los turistas (habitaciones, comedores, albergues, salas de actos) han tenido también otros usos, beneficiando así a las poblaciones locales. Uno de los principales aportes del TC es que ha permitido la movilización de recursos que capitalizan el campo y quedan en manos de las familias campesinas y comunidades rural.
  • Dinamización de la economía local. Los beneficios generados por la actividad turística además de mejorar las condiciones de vida de las familias directamente implicadas y de ser reinvertidos en el propio funcionamiento de la actividad turística han sido utilizados en el progreso y fortalecimiento de otras actividades productivas dentro de las mismas cooperativas o comunidades rurales. Hay diversos ejemplos de cómo a través de los ingresos generados por el turismo se ha logrado renovar las plantas de café o construir infraestructuras necesarias para la transformación y agregación de valor de la producción agrícola. Pero el impacto económico de la actividad turística no acaba ahí. Uno de los impactos más sentidos y valorados en las comunidades, más allá de quiénes están implicados directamente en los servicios de alojamiento y atención, tiene que ver con la dinamización y reactivación de las economías locales, generando una fuerte demanda vinculada a la producción y venta de alimentos y bebidas, alquiler de servicios, transporte, etc. Allí donde el turismo comunitario ha logrado impulsar las economías locales se produce una significativa reducción de la emigración hacia el exterior. 
  • Democratización del acceso a espacios rurales. Frente a otros modelos de esarrollo turístico, como el turismo residencial, por ejemplo, que provocan una “elitización” del espacio, por cuanto su acceso queda restringido para uso y disfrute de sectores con mayores recursos económicos, el TC pone a disposición de la gran mayoría de la población espacios, infraestructuras y servicios. A pesar de que el TC aún depende demasiado del mercado internacional, el grueso de oferta y precios establecidos facilitan este acceso público, contribuyendo así a una mayor “justicia ambiental”. 
  • Protección del medio ambiente. La gran mayoría de iniciativas comunitarias se han desarrollado a la par de estrategias de protección y cuidado del medio ambiente impulsadas por la propia población local. El impulso de actividades de TC y cuidado del medio ambiente se ha desarrollado de forma interrelacionada. 
  • Algo se mueve en las relaciones de género. Los trabajos de atención y servicio a los turistas a excepción de las de guiado han recaído en su mayoría en las mujeres de las comunidades. Este protagonismo vinculado a una actividad nueva y que está reportando ingresos económicos significativos ha generado algunos cambios en las relaciones de poder consuetudinarias entre hombres y mujeres. Las mujeres vinculadas a este tipo de actividades turísticas, han incrementado su participación y protagonismo en los asuntos públicos de la comunidad. No son pocas las mujeres que disponen y controlan de forma autónoma los recursos económicos obtenidos. Una de las cuestiones en las que más fijan su atención muchas de las mujeres que hemos podido entrevistar es que gracias al turismo, a pesar de que ciertamente han visto cómo aumentaban algunas de sus tareas cotidianas, se han podido retirar de los trabajos más pesados del campo. Muchas afirman con orgullo que ahora ya no tienen que “asolearse afuera” y pueden trabajar “adentro”. Y no es menos cierto que la presencia en zonas rurales de hombres y mujeres de otras partes ha permitido a las poblaciones rurales, y especialmente a las muchachas jóvenes, el contacto, intercambio y conocimiento de otras formas plantearse la vida, la maternidad, las relaciones de pareja, las preferencias sexuales, el trabajo doméstico, etc. El contacto con personas que en algunos casos, no necesariamente siempre, con visiones distintas de las relaciones de género puede haber contribuido a la transmisión de valores distintos a los tradicionales.
  • Oportunidades de enriquecimiento cultural. El desarrollo de actividades turísticas en el campo y en las que el principal motivo de atracción tiene que ver con la propia vida rural ha sido una oportunidad para la revalorización y reconocimiento de lo rural, su cultura material (arquitectura, trabajos, cocina,...) y sus distintas expresiones culturales artísticas (música, bailes, canciones,…). En demasiadas ocasiones la población urbana vive de espaldas y en negación a la cultura rural. El turista pone en valor aspectos de la vida cotidiana de las comunidades que suponen un motivo de reconocimiento y autoestima. Por otra parte, el contacto con población de otros lugares y países ha sido una oportunidad especial para la gente del campo para conocer, intercambiar y enriquecerse culturalmente. Las formas de turismo más vinculadas al voluntariado y a la solidaridad internacional han sido especialmente propenso a la generación de este tipo de procesos.

La definición de una agenda de investigación del TC, por supuesto, no termina aquí, es necesario identificar también sus debilidades, limitaciones y contradicciones. Sin embargo, entendemos que, en primer lugar, es necesario entender mejor y poder valorar qué está aportando ya el TC al desarrollo rural en América Latina.

 

Este artículo fue publicado el día 7 de agosto de 2009 por el Blog de la Prensa Rural, una iniciativa de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, con el apoyo de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y El Caribe.