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Artículo de Opinión | Mundo global

06-03-2013

Hugo Chávez, antiimperialista, socialista y latinoamericano inmortal

Carles Muntaner & Joan Benach

La muerte de Hugo Chávez ha llenado de tristeza a millones de trabajadoras y trabajadores, y a las clases populares de alrededor del globo, a la vez que los ricos y poderosos del capitalismo en crisis se regocijaban.

La muerte de Hugo Chávez ha llenado de tristeza a millones de trabajadoras y trabajadores, y a las clases populares de alrededor del globo, a la vez que los ricos y poderosos del capitalismo en crisis se regocijaban. A pesar de la presión y los millones de dólares destinados a sacarle del poder del modo que fuere,  y de menoscabar sus importantes logros, el líder venezolano consiguió mejorar las condiciones de vida de su pueblo y transformar el horizonte político de América Latina liderando un giro a la izquierda.

En lo económico, Chávez logró  que se produjeran subidas del salario mínimo, las pensiones y la remuneración del trabajo doméstico, todo lo cual tuvo como resultado una notable reducción de la pobreza y  la desigualdad de ingresos. A pesar de la contradicción que supone fomentar el consumismo en las clases medias (por ejemplo, en la aspiración de un automóvil para todos), Chávez fomentó alternativas socialistas que fueron más allá de la socialdemocracia europea. Así, por ejemplo, se desarrollaron  áreas no capitalistas, con “empresas de producción social”, cogestión y cooperativas, y diversas nacionalizaciones.

En lo político, Chávez consiguió aglutinar a los grupos nacionalistas y socialistas en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), y mantener un equilibrio político y una fuerza que le llevó a conseguir más de 10 victorias electorales. Sus programas sociales, las famosas “Misiones”, llevaron la atención primaria a los cerros de Caracas y a la mayoría del pueblo venezolanop. La Misión Mercal permitió que las clases trabajadoras accediesen a una alimentación de mayor calidad, a pesar de las carestías aún existentes. Las clases sociales más explotadas tuvieron acceso a la educación, entre los que se cuentan los programas donde se intentó cambiar el origen social de la “clase médica” para hacerla más sensible a las necesidades de la población. Los Consejos Comunales permitieron que las comunidades afectadas tuvieran control directo sobre la gestión de los servicios sociales entre los que se incluyen los servicios de salud pública, el agua, la propiedad, la educación, el deporte, la prevención  y la vivienda, entre otros. Es cierto que se cometieron errores de planificación y de otras índoles  pero los logros fueron muchos más. Por ejemplo,  ofrecer una vivienda digna y con electrodomésticos a personas que vivían en un rancho  en los cerros. Se logró reducir también la corrupción en la empresa petrolera estatal PDVSA. El sistema judicial y la criminalidad en Caracas siguieron siendo, sin embargo, muy elevados, tal vez debido en parte a la aversión que Chávez sentía hacia la represión estatal. ¿Quién puede dar más?

En lo cultural, Chávez tuvo la osadía de romper con las barreras que el clasismo universitario está imponiendo cada vez en mayor medida en los países del Norte. El mal llamado “populista” no era tal. Conjugaba la astucia de Fidel con el romanticismo del Che, lo que le hará pasar a la historia de latinoamericanos inmortales como Allende, Guevara, Martí y otros tantos más. No le conocíamos bien pero cara a cara, en el programa “Alo Presidente”, en Miraflores, parecía un hombre más cerebral, consciente y reflexivo que su imagen pública, y desde luego muy valiente. Su capacidad de comunicación con su pueblo, las clases trabajadoras de Venezuela, y por extensión de Latinoamérica y el mundo entero, no tenía comparación. Podía hablar de Meszaros, de Marx y de Chomsky con la misma falta de pretensión, sencillez y claridad con la que hablaba de béisbol o cantaba una ranchera o una canción de Alí Primera. Sin hacer esfuerzo alguno rompía las barreras del elitismo de la clase media alta que hace de la cultura un bien mercantilizado al alcance de unos pocos que poseen altos estudios universitarios. No había en él ni un ápice de complejo de inferioridad neocolonial, admiración por la cultura anglosajona, o de identificación con el opresor. A Chávez no le importaba lo que los imperialistas del norte pensaran de él. Esa era una de las razones por las cuales los medios le atacaron sin piedad con un fervor frenético.

Las especulaciones sobre el futuro de la Revolución Bolivariana, al menos las del norte del rio grande, infravaloran los profundos cambios conseguidos bajo Hugo Chávez. Hoy en día, hay una integración latinoamericana en ciernes. El pueblo venezolano, “Chávez es el pueblo”, es ahora consciente de sus derechos constitucionales y está dispuesto a defenderlos como sea. A pesar del sectarismo, de la boliburguesía, los militares de derechas, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y la interferencia extranjera, será extremadamente difícil que logren que la revolución de un paso atrás si las clases trabajadoras y una parte de las clases medias se oponen.

La izquierda timorata del Norte debería aprender mucho de él, de su coraje y de su obcecada determinación a cambiar el curso de la historia. Se negó a seguir el guión que le había escrito el neoliberalismo imperialista. Se creía el heredero de Bolívar, consiguió que le creyéramos, y acabó siéndolo. Para evitar la destrucción del planeta y que exista una vida justa y digna para toda la población, harán falta muchos Chávez y muchos pueblos bolivarianos que sigan luchando por sus ideales.

¡Uh, Ah, Chávez no se va!

 

Carles Muntaner es Catedrático de Enfermería, Salud Pública y Psiquiatría de la Universidad de Toronto y miembro de GREDS/EMCONET, Universitat Pompeu Fabra. Joan Benach es Profesor de Salud Laboral y de Salud Pública de la Universitat Pompeu Fabra y director del Grupo de Investigación en Desigualdades en Salud (GREDS/EMCONET), Universitat Pompeu Fabra.

Publicado originalmente por Público el 6 de marzo de 2013.