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Reportaje | Turismo Responsable | El Salvador

12-12-2013

Trabajadores del Hotel Las Veraneras denuncian despedidos por formar un sindicato

Ernest Cañada | Alba Sud / Rel-UITA

15 trabajadores despedidos. La empresa niega el acceso a los inspectores del Ministerio del Trabajo a sus instalaciones. Hablamos con Jorge Bolaños, director general de la Inspección del Trabajo. El conflicto sigue abierto. 


Crédito Fotografía: CEAL

Junto con trabajadores del Hotel Decameron también emplazado en Los Cóbanos, perteneciente a un grupo empresarial colombiano, y el Hotel Siesta en la ciudad de San Salvador, los trabajadores de Las Veraneras fundaron un sindicato de rama del sector hotelero, el Sindicato de Trabajadores de Industria Gastronómica, Restaurantes, Hoteles, y Afines al Turismo (SITIGHRA), asociado a la Rel-UITA.

Recientemente, acompañados de Gilberto García y Andrea García, miembros del Centro de Estudios y Apoyo Laboral (CEAL), quienes han estado apoyando este proceso de organización sindical, visitamos a los trabajadores despedidos para conocer su situación. Los trabajadores relataron para Sirel la realidad que estaban viviendo en el hotel, que según relatan se había deteriorado especialmente desde mediados de 2012, cuando cambió la administración de la empresa y la asumió Larry Alberto Zedán, uno de los hijos del propietario y fundador, Jorge Zedán. Fueron estos cambios lo que les llevó a organizarse.

Amedrentamientos, inseguridad, superexplotación

Miguel Antonio Monroy trabajó 14 años en la empresa: “Primero 6 años en jardinería. Después me pasaron al restaurante como supervisor de meseros 2 años. Y luego me trasladaron a la piscina, también como supervisor. Ahí estaba cuando me despidieron”. En aquel momento se volvió común que los trabajadores tuvieran que hacer múltiples tareas, tal como describe Miguel Antonio: “Estábamos haciendo un trabajo y al mismo tiempo querían que hiciéramos otro. Por ejemplo, limpiar piscinas, lavar el mobiliario,… cualquier cosa nos mandaban hacer. Y además no nos pagaban los días dobles. Por eso nosotros decidimos organizarnos, por tanto maltrato”.

José Agustín Sosa, que trabajó por 7 años en el área de mantenimiento como albañil, describe un entorno similar: “Me contrataron para trabajar como albañil, pero también me ponían a pintar, a limpiar canales, a barrer, a botar basura,… a hacer un montón de gestiones que no estaban en mi contrato de trabajo”. Recuerda que cuando falleció el antiguo dueño, que les daba bonificaciones personalmente, para felicitarles por su trabajo, las cosas cambiaron: “Nos amenazaron con bajarnos el sueldo, querían pagarnos aún menos que el salario mínimo. Y también nos obligaban a hacer un turno de noche como mantenimiento. A velar por las instalaciones de la energía eléctrica (donde está el Internet, la telefonía,…). Pero esas no eran mis funciones, y cuando algo no lo hacía bien, porque ese no era mi trabajo, me quería dar un castigo, y amenazaban con mandarme unos días a descansar sin goce de sueldo. No lo hicieron nunca pero nos asustaban con ello”.

Además su trabajo cada vez se volvía más inseguro y cansado: “Por ejemplo, yo trabajaba en el techo limpiando canales y me tocaba subirme con unas escaleras quebradas, añadidas, corriendo peligro, y ni tan siquiera tenía otra persona para que me tuviera la escalera. A mi solito me enviaban. Y si era la albañilería no me ponían quien me alcanzara ladrillos o quien hiciera la mezcla, tenía que hacerlo yo todo: hacía de auxiliar de albañil y de albañil. Y luego si el trabajo no avanzaba me amenazaban con despedirme porque no me abundaba el trabajo”.

Con 30 años de edad, William Arnoldo Pérez, trabajaba desde hacía 17 meses en Las Veraneras como guardavidas, aunque también tenía que ocuparse del mantenimiento de la piscina, repartir toallas o limpiar los árboles de coco. Explica que le decían “que era fijo eventual, o sea que no tenía derecho a nada, nomás a mi salario. Día trabajado, día pagado. De ahí nada más. Trabaja igual que mis compañeros pero mi trabajo era casi la mitad. Y no tenía derecho a seguro, al fondo de pensiones,… y los horarios que teníamos también eran exagerados. Además recibíamos maltratos de parte del gerente, el señor Luis Castillo. Nosotros haciendo las cosas bien y él quería más rendimiento, que nos apuráramos, y entonces nos gritaba. Por eso fue que tomé la decisión de organizarme en el sindicato”.

A causa del deterioro de sus condiciones laborales, maltratos diversos y una importante de deuda en horas extras, días feriados, etc., los trabajadores de ese hotel decidieron organizarse y reclamar sus derechos. La gente estuviera “cansada y asqueada, y eso les llevó a organizarse y fundar el sindicato”, explica Gilberto García.

Inspección del Ministerio del Trabajo

A primeros del mes de abril los trabajadores de Las Veraneras, con una plantilla de unas 60 personas, se quejaron por medio del teléfono de contacto del programa de radio semanal del presidente del gobierno. En respuesta Mauricio Funes mandó al Ministerio del Trabajo que hiciera una inspección en el hotel. Según Gilberto García de CEAL, tras esa visita “el Ministerio señaló que se estaban cometiendo una cantidad impresionante de infracciones laborales, como 154: no tenían reglamento interno de trabajo, laboraban más de la jornada laboral y en algunos casos hasta 60 horas semanales, no pagaba el salario mínimo, ni siquiera tenían contratos escritos, operaban en la total informalidad y desprecio a las normas laborales”. También determinó que la empresa debía 17 mil dólares a sus trabajadores por falta del pago de horas extras, feriados, nocturnidad, vacaciones, etc.

Sin embargo, el empresario no quiso reconocer las infracciones señaladas por el Ministerio del Trabajo, según cuenta el mismo Gilberto García: “El propietario del hotel, Larry Alberto Zedán, se comporta de manera soberbia y prepotente. No ha querido mejorar lo que le señaló el Ministerio de Trabajo. Dice que a él nadie lo puede obligar a hacer lo que no quiere”. Y apostilla que “muestra un desprecio total por las leyes laborales del país”.

Formación del sindicato

En este contexto, un grupo de trabajadores de Las Veraneras, junto con otros trabajadores del Hotel Decameron, también en Los Cóbanos, y el Hotel Siesta en San Salvador, decidieron crear el Sindicato de Trabajadores de Industria Gastronómica, Restaurantes, Hoteles, y Afines al Turismo (SITIGHRA). Pero el empresariado no quiso reconocer al sindicato. Tal como continúa narrando Gilberto García: “la junta directiva provisional del sindicato, al día siguiente que introdujeron la documentación al Ministerio del Trabajo, mandaron cartas a los tres propietarios, presentándose y solicitándoles iniciar un proceso de relación laboral normal entre un sindicato y una empresa, es decir presentarse, sentarse a platicar y buscar cómo resolver los problemas. Lejos de eso, las patronales de Decameron y de Las Veraneras reaccionaron de forma agresiva despidiendo en el caso de Las Veraneras a 15 fundadores y en Decameron a 1 fundadora”.

Crédito fotografía: CEAL.

“La única explicación que nos dio el propietario del hotel fue que él no quería ningún sindicalista en su empresa”, explica William Arnoldo Pérez, que trabajaba como guardavidas. La alternativa que les dio el empresario fue que salieran del sindicato si querían continuar trabajando ahí: “Nos dijeron que si no renunciábamos al sindicato no teníamos entrada. Y como no quisimos renunciar nos dijeron que las puertas estaban cerradas. Nosotros nos presentamos al trabajo pero ya nos dijeron que no”, cuenta José Agustín Sosa, albañil del área de mantenimiento.

José Magaña, que trabajaba desde hacía 7 años en la seguridad del hotel, manifiesta que la respuesta de los trabajadores no podía ser otra que demandar al empresario: “Como no se hizo cargo de ningún pago, ni de las horas extras ni de los días feriados, nosotros le pusimos una demanda, para que en el juicio pudiéramos ganar ese dinero”.

Un conflicto en los tribunales

Así estaban las cosas que, cuando la Inspección del Ministerio del Trabajo quiso entrar nuevamente al hotel para hacer las comprobaciones pertinentes, el propietario no les dejó ingresar a sus instalaciones. Esto conllevó que el Ministerio les impusieran nuevas multas por no dejar entrar a los inspectores. Vea más abajo la entrevista a Jorge Bolaños, Director General de la Inspección del Trabajo. 

En estos momentos ya se han interpuesto todas las demandas por los despidos y están a la espera de las audiencias iniciales, explica Gilberto García: “Somos muy optimistas porque los trabajadores tienen la razón. Estaban protegidos por ser fundadores del sindicato y fueron arbitrariamente despedidos. No dudamos que los juzgados van a fallar en su favor. Según el Código del Trabajo, por ser fundadores del sindicato no pueden ser despedidos en los 60 días posteriores a la interposición de los documentos para formar el sindicato. Posteriormente esa protección se extiende por dos años. Y ellos fueron despedidos como 10 días después de que hubieran introducidos los documentos”.

Mientras esperan la evolución del proceso judicial los trabajadores siguen fortaleciendo el sindicato. Inicialmente se fundó con 42 trabajadores y ahora ya son más de 60, y se han ido afiliando trabajadores de otros hoteles. A pesar de las dificultades el espíritu de lucha sigue en alto, tal como expresa José Magaña: “Digo yo que si esto llega a algún lugar donde hayan personas que estén siendo obligadas a trabajar más de la cuenta y sin incremento de salario, pues que no lo hagan, mejor que denuncien los atropellos y las injusticias. Más vale enfrentar uno los problemas, aunque sea con un monstruo. Que demanden, que no tengan miedo y busquen apoyo en los sindicatos, pero un buen sindicato, no uno cualquiera”.

 

MINTRAB: "Tememos pueda haber algún fallecido producto de la no observancia a las normas"
ERNEST CAÑADA | ALBA SUD / REL-UITA 
Entrevistamos a Jorge Bolaños, director general de la Inspección del Trabajo del gobierno de El Salvador, sobre el conflicto en el Hotel Las Veraneras, donde 15 trabajadores han sido despedidos por fundar un sindicato y se impide el acceso a los inspectores.  
 
Crédito Fotografía: Jorge Bolaños. Fotografía de Rel-UITA / Ernest Cañada
En septiembre pasado, quince trabajadores del Hotel Las Veraneras, ubicado en Los Cóbanos, fueron despedidos por haber participado en la fundación del Sindicato de Trabajadores de Industria Gastronómica, Restaurantes, Hoteles, y Afines al Turismo (SITIGHRA). Alertados por las denuncias de los trabajadores, la Inspección General del Trabajo documentó infinidad de irregularidades en una primera visita al establecimiento, pero no pudo realizar una segunda por la oposición de la empresa. En representación de la Rel-UITA entrevistamos a Jorge Bolaños, director general de ese organismo.
¿Cómo llega a conocimiento de la Inspección de Trabajo la existencia de problemas laborales en el hotel Las Veraneras?
En 2012 al menos seis trabajadores realizaron denuncias por no cumplimiento de sus pagos laborales. Y este año, en el que yo asumo, siguieron llegando denuncias.Esas denuncias las hacen los trabajadores acercándose a nuestra sede departamental.
¿Con qué situación se encuentran cuando visitan el establecimiento?
La primera vez que se llega a Veraneras es en mayo de 2012. En esta llegada se puntualizaron 154 infracciones por los motivos siguientes: no tener elaborados contratos de trabajo por escrito; no cumplir con la obligación de llevar archivo de pagos que consten en el caso de los salarios los días hábiles, de asueto y de descanso que laboren; no llevar control de asistencia de los trabajadores; no conceder pausa alimenticia de acuerdo a la ley; no conceder a los trabajadores el día de descanso compensatorio remunerado en la misma semana; no cumplir con la obligación de elaborar el reglamento interno de trabajo; o la obligación de fijar en un lugar visible un cartel contentivo de los nombres de los directivos de la empresa, con indicación de quien de ellos tiene la representación legal,…
Pero faltaba otra inspección, igualmente obligatoria según la ley, sobre las condiciones sanitarias y de seguridad. No pudimos realizarla porque nos dijeron “ya no van”, y así vez tras vez.
¿Y qué ocurre entonces?
Desde finales del 2012 los trabajadores empiezan a utilizar los medios electrónicos que pone el ministro [del Trabajo] en su despacho, y en 2013 llega la denuncia al Presidente Mauricio Funes a través de su programa radial “Conversando con el presidente”.
Funes ordenó luego al señor ministro que le remitiera un informe de todo lo que se había hecho en Las Veraneras en el que se consignaran las dificultades que había padecido nuestra oficina departamental.Además de eso, se ordenó a nuestra Unidad Especial ir también, y en una de tantas inspecciones que hemos hecho fue el Subdirector General de Inspección de Trabajo.  
Tengo entendido que ustedes fueron especialmente diligentes en los trámites para la legalización del sindicato de los trabajadores del sector hotelero, SITIGRA. ¿Es así?
Tengo que decir que fue el Ministro del Trabajo, Humberto Centeno, quien agilizó la autorización y el registro de la organización sindical SITIGRA. Se priorizó este caso porque consideramos que los representantes sindicales corrían algún riesgo, así como para apoyar a los trabajadores.
¿En qué consistieron las dificultades que conoció la Oficina Departamental en Sonsonate?
En el Hotel Las Veraneras se resumieron básicamente en una: que se violó la Ley del Seguro del Trabajo, el mismo Código del Trabajo y la Ley General de Prevención de Riesgo en el Trabajo, que permiten acceso irrestricto al inspector en temas de seguridad y salud ocupacionales. Es de las pocas instituciones del Estado salvadoreño que puede acceder a un local sin más trámites que la identificación del inspector. Nos denegaron el ingreso y nos pidieron una orden judicial que no necesitábamos. Además, en la última ocasión hasta fuimos amenazados. Es algo preocupante.
¿Cómo han reaccionado ustedes?
Desde luego, la parte sancionadora, con importantes multas, está caminando ya. Son multas de procedimiento administrativo sancionatorio. Por normativa laboral es poco dinero, porque la ley es de hace un cuarto de siglo, pero por obstaculización a la normativa de seguridad y salud ocupacional, que es reciente, las multas son mucho mayores.
¿Y cuándo puede tardar este juicio?
De ocho a diez meses, o un poquito más. Depende de si ellos vienen con sus abogados.
¿Cómo valoran esta situación?
Está claro que como Ministerio de Trabajo no estamos satisfechos. Tememos que en algún momento pueda haber algún fallecido producto de  alguna no observancia a las normas. No podemos dejar de supervisar un lugar solo porque a la empresa se les antoja no permitirlo. Son vidas de trabajadores, detrás de los cuales hay familias, y eso es lo que nos preocupa profundamente. No queremos poner multas nada más, queremos que nos permitan hacer nuestro trabajo.

 

Artículo publicado originalmente en tres partes en la Web de la Rel-UITA el 29 de noviembre, 3 y 11 de diciembre de 2013.