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Cobertura del 2º Seminario sobre Turismo y Desarrollo en Centroamérica, México y El Caribe

Santo Domingo, 26 al 28 de julio de 2010

ALBA SUD, el Grupo de Investigación en Sostenibilidad y Territorio de la Universidad de las Islas Baleares y Fundación PRISMA organizamos este segundo seminario de análisis crítico del fenómeno turístico en Centroamérica, México y El Caribe. Con él damos continuidad al Seminario celebrado en febrero en 2009 en Managua sobre la internacionalización del modelo turístico balear. Durante su celebración, el periodista de la Rel-UITA, Giorgio Trucchi, y colaborador de ALBA SUD, dará seguimiento a las distintas presentaciones que tengan lugar y que iremos publicando durante los próximos días. Esta cobertura se realiza como parte de las relaciones de colaboración entre la Rel-UITA y ALBA SUD.

El impacto del turismo en comunidades costeras de República Dominicana
Santo Domingo, 2 de agosto del 2010

La investigación realizada por Yolanda León, profesora del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), evidencia cómo el turismo se convierte frecuentemente en el único medio de sobrevivencia para las comunidades costeras cuando este sector se desarrolla masivamente. Esa situación, unida a la ausencia de iniciativa del Estado, un bajo nivel de educación y la fragilidad del tejido social, lleva a estas comunidades a no percibir el grave impacto social y ambiental que este modelo conlleva.


Crédito Fotografía: Giorgio Trucchi / ALBA SUD

La República Dominicana es un ejemplo de cómo un país en vías de desarrollo ha experimentado un gran y acelerado crecimiento del turismo. Este sector se ha convertido rápidamente en uno de los más importantes para la economía dominicana. “Con un crecimiento anual promedio del 9% de visitantes extranjeros –casi 4 millones en 2007– y una expansión agresiva de la capacidad hotelera –65 mil habitaciones en 2008–, la República Dominicana constituye uno de los principales destinos turísticos del Caribe. Al tiempo que ha ocurrido este impresionante desarrollo turístico, los sectores económicos dominantes en el medio rural costero (agricultura y pesca) han ido en deterioro. Esto ha hecho que el turismo haya tomado cada vez más preponderancia, presentándose como una de las pocas alternativas a los modos de vida pre-existentes”, se lee en la nota introductiva de la investigación de Yolanda León.

Su estudio abarcó a 23 comunidades rurales costeras con el objetivo de analizar la relación entre el turismo y los modos de vidas rurales, conocer la percepción de los residentes sobre los impactos económicos, socio-culturales y ambientales del turismo, e identificar las variables individuales y contextuales importantes en las relaciones y percepciones observadas. Una primera dificultad fue que algunas de las comunidades afectadas por el turismo habían desaparecido, como consecuencia de este desarrollo, cuando inició la investigación, por lo que no se pudo entrevistar a sus miembros.

Un balance contradictorio

La opinión de las comunidades consultadas fue mayoritariamente favorable al turismo, aunque “los resultados no fueron homogéneos. Algunas comunidades valoraron como extremadamente positiva la presencia del turismo, mientras que para otras el impacto fue desastroso. Entre los dos extremos hubo comunidades que presentaron efectos positivos y negativos de la actividad turística. Con nuestra investigación –dijo Yolanda León– tratamos de estudiar cuáles son los elementos que determinaron que una comunidad tuviera éxito o no con la actividad turística. Dos de estos elementos son la presencia de un turismo local (doméstico) y de un turismo de visita, es decir de un sólo día”. Retomar este tipo de valoraciones puede ser fundamental para repensar una política de desarrollo turístico más acorde con las necesidades de la mayoría de la población, en opinión de la investigadora dominicana.

Entre los elementos negativos evidenciados por las comunidades se señala el aumento de la “corrupción” y los “vicios”. “Es evidente que el proceso de desarrollo turístico de enclave conlleva una serie de graves problemas. Hay comunidades desplazadas, ruptura de la cohesión social, pérdida del acceso a lugares de pesca, graves afectaciones ambientales y laborales. Tenemos el ejemplo de la comunidad de Juanillo, que fue desplazada por el desarrollo del complejo de Cap Cana, que tiene una parte inmobiliaria, una marina, hoteles, campo de golf. La gente fue reubicada a 8 kilómetros tierra adentro y se quedó sin medios de subsistencia. En este contexto –recordó León– hay gente que vivió su segundo desalojo, ya que en el pasado les había tocado vivir la misma experiencia cuando se construyó el aeropuerto de Punta Cana. Son verdaderos refugiados del turismo”, dijo.

Según la profesora del INTEC, los casos en que la presencia del turismo crea molestia son, sobre todo, cuando ese modelo de enclave se apropia de bienes o espacios públicos “de los cuales dependía el bienestar de las comunidades. Un ejemplo es la comunidad de Boca de Chavón, que está frente al desarrollo del complejo turístico de Casa de Campo, en los Altos de Chavón. Para construir la marina –explicó León– los constructores quitaron la barra de arena que conectaba la comunidad con el pueblo más cercano (La Romana), obligándola a dar una vuelta de más de 20 kilómetros. Esta situación trajo graves daños a la comunidad”, dijo.

Entendiendo la percepción de la gente

Ante estos efectos nocivos del desarrollo turístico, una de las grandes preocupaciones es la escasa organización y beligerancia de la gente de las comunidades. “Son comunidades que históricamente han vivido en la pobreza, dependiendo de actividades tradicionales, como la agricultura y la pesca, que están en declive desde hace dos décadas. Asimismo, no existen políticas públicas que apoyen a estos sectores y el turismo se perfila como la única solución a sus problemas, su oportunidad para subsistir. Esta situación –continuó León–, junto a la llegada masiva de personas de todo el país en búsqueda de trabajo y una muy baja inversión del Estado en educación, impide la cohesión social y el desarrollo de una oposición fuerte y articulada”,

Esa dificultad de reacción ante los impactos negativos de ese modelo de turismo es parte de una fragilidad social histórica, y de una presencia muy poco relevante del asociacionismo y sindicalismo. De hecho, y aunque pudiera parecer paradójico, la investigación realizada puso en evidencia una tendencia generalizada por parte de la población a querer más turismo.

“Vemos impactos ambientales, laborales y sociales importantes, pero la investigación evidenció que en las comunidades hay muy poca percepción de ello. Eso tiene que ver con la falta de educación, de empoderamiento sobre información, pero sobre todo con la necesidad de sobrevivir. Estas comunidades necesitan del turismo, aunque la mayoría de los beneficios y de la ganancia se quedan en manos de las grandes cadenas hoteleras. A ellas les llega solo el goteo de esta actividad lucrativa, pero este goteo es su única oportunidad y hay que tomarlo en cuenta”, recordó la profesora.

Ante esta situación, Yolanda León planteó la necesidad y la obligación para el Estado de impulsar nuesvas estrategias “para ir, poco a poco, construyendo alternativas y otras posibilidades que a largo plazo rompan con este modelo”.

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Las particularidades del desarrollo turístico en Cuba
Santo Domingo, 2 de agosto del 2010

El estudio del desarrollo turístico en Cuba presupone un análisis del contexto y del modelo económico y político propio del país, donde necesariamente los parámetros a aplicar no pueden ser los mismos que se acostumbran a usar en un contexto capitalista. Enrique Navarro, profesor del Departamento de Geografía de la Universidad de Málaga, presentó en su ponencia las diferentes etapas y las características del modelo turístico cubano.


Crédito Fotografía: Giorgio Trucchi / ALBA SUD

La actividad turística en Cuba puede dividirse en cuatro diferentes momentos. Una primera etapa abarca el periodo previo al triunfo de la revolución cubana (hasta 1958), mientras que la segunda (1959-1970) se caracteriza por la implementación de un turismo nacional planificado, en el cual se nacionalizan las instalaciones turísticas, principalmente norteamericanas, concentradas en La Habana y Varadero.

“En la tercera etapa (1970-1990) –explicó Navarro– comienza una reactivación del turismo internacional, sobre todo de Canadá, América Latina y Europa. Asimismo, hay una difusión del turismo a lo largo de todo el territorio nacional. Se aprueba una ley de capital extranjero y el turismo se transforma en un sector prioritario, junto con la biotecnología y los programas alimentarios”.

Con la caída del bloque socialista europeo, la economía cubana sufre un cambio radical. En apenas dos años el PIB cae de un 35% y el país pierde el 85% de todos los nexos comerciales y financieros a nivel internacional.

En la cuarta etapa (1990-2010), Cuba experimenta cambios legislativos para permitir y facilitar el flujo de la inversión extranjera. “Hay un crecimiento importante de todas las variables turísticas, como el número de turistas, los ingresos, la capacidad de alojamiento, la diversificación del mercado”, dijo Navarro.

Ante la grave situación que se origina a raíz del derrumbe del bloque socialista y de la Unión Soviética, el impulso del turismo en Cuba se transforma en una medida aún más necesaria. “Durante un discurso pronunciado en 1991, Fidel Castro justifica la creación de miles de habitaciones y la importancia de poder tener ingresos en divisa, porque en aquel momento Cuba se encontraba atrapada entre el bloqueo norteamericano y la caída del bloque socialista. El turismo se vuelve un refugio para la entrada de divisa y la posibilidad de poder seguir redistribuyendo beneficios entre la población, garantizando los servicios básicos y los alimentos. A partir de esta última etapa hay también una planificación, ya iniciada en 1995, hacia ocho lugares turísticos. Aunque siga siendo importante el eje La Habana-Varadero, los complejos turísticos nacionales e internacionales se difunden en otras partes del país”, explicó el investigador.

La diferencia principal con otros modelos de desarrollo turístico es que el Estado cubano es socio mayoritario y parte –con el 51%– de esta inversión extranjera. La primera empresa mixta se realiza en Varadero con la transnacional hotelera de capital balear Sol Meliá.

“Es en esta cuarta etapa que se impulsan los modelos del ‘todo incluido’ y del ‘sol y playa’, desarrollando la misma oferta que encontramos en el resto de la región. Para el futuro –expresó Navarro– se prevé la profundización del multidestino en el país y en El Caribe. Además, hay planes para impulsar el desarrollo inmobiliario”.

El sistema cubano

Según el investigador de la Universidad de Málaga, no se puede entender ese desarrollo del turismo sin tomar en cuenta el desarrollo del sistema cubano. “Hay que tomar en cuenta la abertura a la inversión extranjera a partir de una legislación específica, el sistema monetario (dos monedas) y la existencia de una dualidad de la economía: una tradicional basada en el peso cubano y la otra, que es la emergente, basada en el peso convertible (CUC). Esta combinación ha tenido un efecto positivo desde el punto de vista económico general, pero ha creado un mayor deterioro y más segmentación social, con un aumento de la pobreza en las últimas décadas. Las personas que tienen acceso al CUC –dijo Navarro– tienen mayor capacidad de acaparación de bienes Entre ellas están las que trabajan en el turismo y reciben propinas”.

Las cadenas hoteleras y los conflictos

La expansión de la presencia transnacional en Cuba ha sido analizada por el investigador durante su ponencia. “Actualmente hay 12 empresas mixtas en el país y otras 12 en preparación. Las principales transnacionales extranjeras son las de capital español, prevalentemente las de origen Balear. La con mayor presencia es Sol Meliá. En 2009, las empresas españolas controlaban la mitad de las habitaciones en Varadero y una de cada cuatro habitaciones en La Habana. En algunas zonas la inversión española llega hasta el 70 por ciento de la capacidad instalada”.

“No podemos analizar exactamente en el marco socialista lo que se reproduce en un marco capitalista”, considera Navarro. Muchos de los conflictos que sistematiza Ernest Cañada para el área de Centroamérica, México y El Caribe, “como la acumulación por desposesión, la exclusión que afecta a la población, la especulación por revalorización del suelo, el abuso e ilegalidad en el marco normativo, la competencia intraempresarial, no existen porque el Estado es dueño del territorio y de las instalaciones, es parte mayoritaria de las empresas y no existe el libre mercado y la competencia”, explicó el profesor malagueño.

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Lo que hay detrás de las cadenas hoteleras y de su evolución en el tiempo
Santo Domingo, 31 de julio del 2010

La concepción que hay del turismo necesita de un replanteamiento para distinguir entre lo internacional, lo nacional y lo local, y para estudiar los actores que, de forma abierta o encubierta, manejan los hilos de estos sectores que han evolucionado en el tiempo. Durante su ponencia, Alfonso Jiménez, docente de la Universidad del Caribe en Cancún, México, profundizó estos temas.


Crédito Fotografía: Giorgio Trucchi / ALBA SUD

Las cadenas hoteleras han tenido cinco diferentes formas básicas de vinculación con los hoteles: propiedad, franquicia, administración, arrendamiento y consorcio. Estas formas han evolucionado con el pasar de las décadas. Según Jiménez, durante los años 50 y 60 las cadenas hoteleras, sobre todo las norteamericanas, invertían y arrendaban, manteniendo una vinculación comprometida con el capital de riesgo.

Con el auge del turismo y su transformación en un gran negocio, se consolidó un vínculo con la hotelería y la industria aeronáutica. “Es evidente que detrás del desarrollo turístico hay fuertes intereses políticos, económicos, globales, que están actuando de manera muy importante en el funcionamiento del turismo internacional. Muchas veces –explicó Jiménez– los análisis sobre turismo no toman en cuenta estos aspectos, que de hecho están redefiniendo el futuro del turismo mismo”.

De acuerdo con este planteamiento, la estrecha relación que existe entre el desarrollo turístico y la aviación es base para tratar de entender qué es lo que ha ocurrido en el sector. “La aviación es el motor del turismo y está ligada a elementos de poder. Su importancia y poder depende de la relación que tiene con el ámbito militar y con los intereses geopolíticos que tiene Estados Unidos. Las dos principales empresas de construcción de aviones, Boeing y Airbus, están fuertemente vinculadas al sector militar. Se construyen y se venden más aviones para transportar a más turistas”, dijo el docente universitario.

Ante la proliferación de destinos turísticos, la construcción de hoteles y la incapacidad de administración de los propietarios, durante las décadas de los 70 y 80 fueron las cadenas hoteleras que tomaron las riendas del sector, impulsando la modalidad de contratos de administración y el sistema de franquicia, favoreciendo el surgimiento de marcas de diferente tipo.

A partir de los años 90, el turismo ya se ha transformado y las empresas transnacionales son las que comienzan a imponer el funcionamiento del turismo. “La inversión fundamental de las corporaciones se concentra ya en las marcas y sus atributos, que son los activos más importantes de su función operadora y de comercialización o marketing, en un contexto de expansión global”, explica el texto de la ponencia de Jiménez.

Una presencia global

De acuerdo con el estudio, “en 2009 había quince cadenas hoteleras que se encontraban en más de 31 países y una (Intercontinental) llegaba a 100 países. Las principales corporaciones hoteleras son empresas gigantescas. Para el año 2008, de las 300 corporaciones registradas por la revista Hotels, dos cadenas alcanzaban los 600 mil cuartos; dos más alcanzaban más de 500 mil cuartos; otras cuatro cadenas tenían más de 250 mil cuartos y las 2 restantes, registraron más de 100 mil cuartos bajo su control”.

Estos datos indican dos tendencias: la creciente concentración de cuartos operados por cadenas en el mundo y la relevancia de esas cadenas en el sistema turístico, “que pone de relieve la capacidad de actuación que tienen en las diferentes escalas del sistema turístico mundial (internacional, nacional y local) y su potencial para influirlo”.

En este contexto hay también que evidenciar como el mundo de la finanzas ha permeado de muchas y diferentes maneras el mundo de la política y la economía, incluyendo a la hotelería con su componente inmobiliaria. Durante su ponencia, Alfonso Jiménez explicó que “los diferentes tipos de fondos de inversión, que incluye a los Real Estate Investment Trust (REIT’s), han sido la fórmula a través de la cual se han adquirido y enajenado empresas hoteleras e inmobiliarias. Y esta fórmula ha jugado un papel poco difundido en la expansión hotelera e inmobiliaria. Hay una gran dispersión de elementos relacionados con el turismo y tenemos la necesidad de concebir claramente cuáles intereses hay detrás de las cadenas hoteleras y de su evolución en el tiempo, quiénes los manejan y traen beneficios. Si no entendemos las fuerzas que están interactuando –cuestionó Jiménez– será muy difícil que una concepción de turismo realmente equilibrada pueda beneficiar a la población, encontrando nuevas formas de desarrollo autónomo. Nos han quitado la capacidad de pensar autónomamente y reproducimos cosas que nos dicen que tenemos que hacer. No tenemos la capacidad para entender lo que nos ocurre y lo que vemos es un modelo que no crea desarrollo humano y social”.

Según el docente de la Universidad de Cancún, es necesario construir una mejor interacción entre las diferentes partes que constituyen el turismo y los elementos políticos que son fundamentales para entender que está ocurriendo. “Tenemos que discutir el marco conceptual, identificar sus agentes, cómo funciona desde el punto de vista del marco de organización de sociedades, el marco jurídico, programático y cuáles son los impactos en un contexto específico de país, analizando lo internacional, lo nacional y lo local”, concluyó.

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Turismo de enclave y disputa entre “los de arriba” y “los de abajo”
Santo Domingo, 31 de julio del 2010

El boom turístico de las última décadas y la expansión de un modelo transnacionalizado en manos de grandes cadenas hoteleras, ha generado graves contradicciones y conflictos sociales. Según Allen Cordero, profesor de la Universidad de Costa Rica y miembro de FLACSO, son necesarias medidas para reequilibrar este tipo de desarrollo equivocado.



Crédito Fotografía: Giorgio Trucchi / ALBA SUD

Existen varios modelos de desarrollo turístico. “En el caso de Centroamérica, hay un modelo de tipo transnacional, de enclave, que ha venido asociándose con las últimas oleadas de turismo. En el caso de Costa Rica –explicó Allen Cordero– ha venido implementándose a partir de los años 90, mientras que para los demás países centroamericanos es más reciente”.

El otro extremo es un modelo más integrado, de tipo social, “lo que se conoce como turismo comunitario, alternativo. Entre estos dos modelos contrapuestos hay otros que son intermedios, donde colocaría los centros tradicionales del turismo propio de cada país”, dijo Cordero.

Según el profesor universitario, en Costa Rica hay una prevalencia del modelo hegemónico, transnacional, aunque con algunas particularidades. “En otros países podemos ver una penetración masiva de este modelo, caracterizada por grandes complejos en manos de las cadenas hoteleras y concentrados en lugares específicos. Por el contrario, en Costa Rica, su presencia resulta ser más discreta y más distribuida. Hay varias instalaciones de diferentes nacionalidades y con muchas alternativas. Sin embargo, sumando todas estas iniciativas el resultado es similar, es decir la exclusión y el irrespeto a las poblaciones locales”, sostuvo Cordero.

La presencia en la región de estos modelos turísticos crea inevitablemente conflictividad. “Existe una disputa entre el modelo ‘de arriba’ –el gran capital concentrado– y el ‘de abajo’ –las comunidades locales–. Una disputa entre la defensa de los recursos naturales y el territorio, y su explotación indiscriminada. En este contexto –precisó Cordero– asume una gran relevancia el tema de los recursos hídricos. Las comunidades locales, por ejemplo, no entienden por qué se construyen acueductos para llevar agua a grandes complejos hoteleros o de turismo residencial, si no hay suficientes estudios que fundamenten que pueda haber una extracción masiva de los acuíferos locales”.

Durante el segundo Seminario sobre “Turismo y desarrollo en Centroamérica, México y El Caribe”, Cordero presentó el caso de la comunidad de Sardinal y su conflicto con el lugar turístico de Playa del Coco en Costa Rica.

Playa del Coco ha sido históricamente un lugar turístico tradicional para los costarricenses. Ahora se ha vuelto atractivo para la inversión extranjera, generando disputas en ámbito territorial y de los recursos. “En Playa del Coco vemos cómo se reproduce la conflictividad entre el modelo ‘de arriba‘ y el ‘de abajo’. Cuándo el desarrollo turístico e inmobiliario contribuyó al agotamiento del recurso agua, se estableció un fideicomiso de 8 millones de dólares, para llevar grandes tuberías desde la comunidad de Sardinal hasta Playa del Coco. Ese plan –explicó el docente universitario– generó un fuerte conflicto entre las comunidades. Por un lado una comunidad tradicional sin desarrollo turístico que quiere preservar sus recursos naturales y por el otro, una comunidad hegemonizada por el capital transnacional, y muy dividida”, dijo.

El capital transnacional que impulsa un turismo de enclave, busca también como refuncionalizar espacios de uso o acceso público, como las playas, y privado, como por ejemplos los terrenos donde surgen comunidades. “Los conflictos en Centroamérica son frecuentes. En Costa Rica, por ejemplo, hay muchos casos de conflictividad y enfrentamientos que tienen que ver con el acceso a espacios, uso de recursos hídricos, desplazamientos, intentos de expropiación, desarrollo turístico en zonas de amortiguamiento. No obstante, hay también que valorar e hecho de que el turismo genera empleo”, consideró Cordero.

Trampas en torno a la ocupación

Según el docente de la Universidad de Costa Rica, en este país el turismo genera una tercera parte del empleo y cierta satisfacción en las comunidades. “Sin embargo, ese dato hay que contrastarlo con el hecho que, muy frecuentemente, las personas hacen comparaciones con los sectores más desposeidos del país, los que están desempleados. En este sentido, el concepto que prevalece es ‘mejor esto que nada’. Ante la crisis del empleo público y en sectores tradicionales como la agricultura y la pesca, el turismo es visto como una oportunidad. Si no hay alternativa, el turismo sirve para no caer del todo. Es una estrategia de sobrevivencia económica”, aseveró Cordero.

Para el miembro de FLACSO, “este concepto del ‘salvémonos o nos hundimos’ definitivamente no puede ser una solución. Hay que buscar medidas para reequilibrar este tipo de desarrollo. Maneras dignas de sobrevivencia que tomen en cuenta los derechos laborales y la defensa del patrimonio territorial y nacional. Es por eso que hay que hacer énfasis en la organización local y presionar para que los Estados hagan respetar las legislaciones laborales y ambientales”, concluyó.

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La paradoja del desarrollo turístico en República Dominicana
Santo Domingo, 29 de julio del 2010

En las provincias que han sido protagonistas del desarrollo turístico, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) resulta ser de los más bajos en todo el país. Este es el dato más alarmante que arrojan los informes de 2005 y 2008 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre República Dominicana, que fueron presentados por el economista y funcionario de la Oficina de Desarrollo Humano de esta institución, Pável Isa Contreras.


Crédito Fotografía: Giorgio Trucchi / ALBA SUD

El estado del desarrollo turístico en República Dominicana es uno de los ejes analizados por el PNUD en sus dos últimos informes. Los resultados revelan una situación paradójica, en la que se evidencia cómo el desarrollo turístico ha sido un desarrollo excluyente.

“Aunque constituya una importante alternativa para la economía nacional en términos de generación de recursos y divisa, no ha sido un desarrollo que ha involucrado a la comunidad, ni a la economía para que contribuya a dinamizar el aparato productivo. Además, no ha producido un aumento importante en el nivel de empleo”, dijo Isa Contreras durante su ponencia.

Según el economista, esta situación tiene que ver con dos elementos: por una parte, un tipo de actividad centrada en grandes hoteles y con un escaso respeto por el medio ambiente y, por otra, la ausencia de políticas públicas que fortalezcan los servicios sociales y las capacidades de las poblaciones que viven cerca de las localidades turísticas.

“Estas poblaciones quedan totalmente ajenas al desarrollo turísticos. Estamos hablando de un modelo excluyente, que concentra los beneficios en manos de las cadenas hoteleras y de los tour operador. Un modelo basado en la recepción de grandes cantidades de turistas y con un escaso respeto por el medio ambiente.

“Asimismo –continuó Isa Contreras–, tenemos una política pública que no empodera a la gente, para que pueda ser participe de forma creciente de los beneficios del sector turístico. Todo eso se traduce en una situación paradójica: las provincias que han sido las protagonistas del desarrollo turístico están en los lugares más bajos en el Índice de Desarrollo Humano (IDH)”.

Entre los indicadores que evidencian esta dramática situación están la educación, salud, calidad de las viviendas y la provisión de los servicios básicos. “Es un contraste inaceptable. Por un lado tenemos un crecimiento muy elevado del turismo y de la infraestructura hotelera y por el otro, hay asentamientos en los que la gente vive de manera realmente deplorable”, constató el funcionario del PNUD en República Dominicana.

Una política pública decepcionante

Ante estos datos alarmantes, la política de Estado parece seguir favoreciendo el modelo turístico instalado en el país, a través de una legislación de incentivos fiscales que beneficia solamente a las grandes empresas turísticas.

“La economía dominicana ha subutilizado los beneficios del turismo que podrían apuntalar el desarrollo humano en el país. No ha habido una política de desarrollo productivo, ni una política clara sobre el desarrollo turístico.

Lo único que se ha hecho en el país –continuó Isa Contreras– es aprovechar la expansión del turismo a nivel mundial y proveer de incentivos al sector. De ninguna manera se han impulsado los mismos incentivos para que la población participara de estos beneficios”.

Un claro ejemplo de ello es la situación laboral de la gente que trabaja en el sector. “En el ámbito laboral, República Dominicana ha ratificado importantes convenios internacionales, a fin de fortalecer la capacidad del Estado para hacer respetar lo derechos laborales. Sin embargo, aún hay mucho camino por recorrer. En el país se siguen irrespetando los derechos a la sindicalización y a la firma del pacto colectivo. Asimismo –explicó Isa Contreras– hay una escasa capacidad de organización entre los trabajadores, muchas veces debida al estado de vulnerabilidad en que se encuentran”.

Dos parecen ser los principales problemas: el clientelismo en la política nacional y la falta de conciencia y de organización entre la mayoría de la población. “El principal objetivo de los políticos es perpetuarse en el poder y ejercer prácticas clientelistas, para seguir relacionándose con los sectores de poder. El tema de los derechos no está en su agenda y no tienen percepción de ello. Por otro lado –explicó el funcionario del PNUD– hay una muy baja capacidad de organización en la población, y esto contribuye a que no se lleve el tema del desarrollo humano y de los derechos a la agenda pública”.

De acuerdo con el análisis del funcionario del PNUD, en República Dominicana es necesaria una estrategia de doble vía. “Por una parte hay que hacer cumplir las leyes ambientales, laborales y los derechos en general. Por la otra, hay que impulsar un profundo trabajo educativo para concientizar a la ciudadanía. La gente tiene que ser el motor que empuja hacia un modelo de turismo sostenible”.

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Turismo residencial: una oportunidad de desarrollo ¿para quién?
Santo Domingo, 29 de julio del 2010

En la primera década del nuevo siglo, las zonas más importantes para la actividad turística centroamericana han vivido un acelerado proceso de desarrollo del mercado inmobiliario. Grupos de investigadores le están dando seguimiento a este nuevo fenómeno caracterizado comol turismo residencial. En su ponencia, la investigadora independiente Marcela Román ha presentado elementos metodológicos que faciliten el estudio y un análisis de la situación.


Crédito Fotografía: Giorgio Trucchi / ALBA SUD

“El desarrollo de esta nueva actividad está provocando importantes cambios en el uso del suelo y en general, en las dinámicas sociales, económicas y ambientales en estos territorios”, explica Román.

El proceso de desarrollo turístico y el incipiente mercado inmobiliario coinciden en la importancia que tienen los flujos de inversión directa externa para los países, pero también en la desregulación que impera sobre los mercados de suelo, y en las debilidades institucionales para gestionar los desafíos que representa para los territorios locales.

Según Román, “la investigación sirve para entender si estas nuevas actividades, que podemos llamar de turismo residencial, son una oportunidad o no de desarrollo económico para estas regiones, y cuánto afectan o no las actividades turísticas tradicionales que ya existen desde hace más de 20 años”.

Para la investigadora es indudable que a nivel macroeconómico el mercado inmobiliario se ha convertido en poco tiempo “en una rama importante de la economía, aportando una gran cantidad de divisa, empleo, ayuda para sanar el déficit de la balanza de pago”. Sin embargo, en Costa Rica, Panamá y, más recientemente en Nicaragua, esta actividad se ha caracterizado por asentarse, junto al turismo tradicional, sobre territorios donde “prevalecen grandes problemas de pobreza y de exclusión social, importantes riquezas naturales, poca organización social de base y débiles gobiernos locales. Frecuentemente se trata de terrenos que se encuentran en áreas de costa o en zonas altas con vista al mar, y se comercializan para generar producto inmobiliario”.

De acuerdo con el estudio presentado durante el segundo Seminario “Turismo y desarrollo en Centroamérica, México y El Caribe”, el caso de Costa Rica resulta emblemático. “Estos nuevos tipos de proyectos turístico-inmobiliarios se extienden por toda la Costa Pacífica, con tres zonas de mayor concentración: Guanacaste, Pacífico Central y el Pacífico Sur. Entre 2003-2007 en el litoral pacífico de Costa Rica (1.254 Km de extensión y compuesto por 48 distritos que en total agrupan 10.909 Km², donde habitan cerca de 370 mil personas), la dinámica inmobiliaria ha impactado directamente a 26 distritos. En el caso de Guanacaste y Puntarenas el crecimiento es muy acelerado, representando el 50,62 por ciento del crecimiento en el área total de nuevas edificaciones en el 2006-2007”, explica el estudio.

Según la investigadora costarricense, esta nueva modalidad está cambiando de forma acelerada la configuración de las actividades económicas locales y el volumen de la inversión directa extranjera, que entra a financiar estas actividades. “El avance de estas actividades es de tal magnitud que se registra un uso muy agresivo del suelo y de los recursos. Mucho cemento, movimiento de tierra en las montañas, uso bastante poco sostenible del recurso suelo por la práctica de construcción en laderas. Además, registramos un excesivo aprovechamiento del recurso agua que ya escasea en esta zona del Pacífico”.

Un elemento que está llamando la atención de los investigadores es la colocación a la venta de nuevos productos que acompañan el desarrollo inmobiliario. “Se trata de campos de golf y de Marinas (atracaderos turísticos para yates y barcos de lujo) que son un anzuelo muy invitante para vender con un sobreprecio los productos inmobiliario”, explicó Román.

Generación de conflictos

Los nuevos proyectos inmobiliarios han provocado conflictos en varios países. “Aunque no existan estudios específicos –ha recordado la investigadora independiente– hay casos concretos que podemos recordar. En la zona sur de Nicaragua, por ejemplo, donde las irregularidades en los procesos de recompras y ventas de tierras de la reforma agraria, que estaban en manos de las cooperativas agrícolas, han generados conflictos, evidenciando un importante problema de inseguridad jurídica de la propiedad”.

Asimismo, en la costa del Guanacaste en Costa Rica hay ejemplos de comunidades de pescadores, que en este momento viven un conflicto con grandes inversionistas nicaragüenses (Grupo Pellas) y costarricenses. “Tienen más de 60 años de estar asentados en esta zona en la costa y nunca el Estado de preocupó por legalizar su situación de tenencia de la tierra. Ahora que la zona se ha transformado en una zona atractiva para la inversión inmobiliaria y el turismo residencial, los pescadores de Puerto Soley son un estorbo y quieren desplazarlos”, aseveró Román.

Aunque la crisis económica y financiera internacional ha detenido en parte el rápido desarrollo de la actividad inmobiliaria, ya existe un sinnúmero de proyectos en diseños en diferentes países de la región.

Entre los grupos económicos interesados a ese tipo de inversión, están los que en las últimas décadas han trasladado sus capitales de la actividad agroexportadora a la financiera, y que ahora están apuntando al sector inmobiliario. “Pese a que no existen estudio específicos sobre esta nueva estrategia del gran capital nacional y regional, es evidente el interés de estos grupos, como por ejemplo el Grupo Pellas, por el turismo residencial”, dijo Román.

Un balance necesario

Una de las tareas aparentemente más importante es la de poder medir los beneficios netos de ese tipo de inversión. “Hay que estudiar y tratar de construir un balance de este fenómeno. Hay impactos macroeconómicos positivos e impactos negativos a nivel local. Los proyectos se desarrollan siempre en zonas de alta vulnerabilidad ecológica y social, afectando poblaciones que viven en condiciones de gran pobreza y de exclusión social. A esto hay que agregar un estado de extrema desregulación, con pocas normas específicas y la sola aplicación de las legislaciones nacionales. Sin embargo, es un fenómeno incipiente. Hay que estar alerta y recoger toda la información para hacer un balance neto”, concluyó la investigadora.

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Turismo Rural Comunitario: una oportunidad real de transformación del modelo turístico
Santo Domingo, 29 de julio del 2010

El esfuerzo que se está realizando en El Salvador para brindar una alternativa concreta al modelo turístico predominante, fortaleciendo las propuestas basadas en el Turismo Rural Comunitario, ha sido el contenido de la ponencia presentada por Ileana Gómez y Xenia Ortiz de la Fundación PRISMA.


Crédito Fotografía: Giorgio Trucchi / ALBA SUD

Las críticas a las dinámicas territoriales que en Centroamérica se han producido como efecto de la globalización, modificando el uso y el acceso a los recursos naturales de las poblaciones, han sido tema de una profunda discusión y de un diálogo regional que ha involucrado a distintos actores. De esa manera, el Programa Salvadoreño de Investigación sobre Desarrollo y Medio Ambiente (PRISMA) ha ido identificando las temáticas que son clave para entender los procesos de desarrollo en la región.

“Dentro de esos temas hemos identificado el turismo como una dinámica económica y social, que transforma seriamente varios territorios rurales centroamericanos”, dijo la coordinadora pro tempore de PRISMA, Ileana Gómez. El turismo es visto como “un eje de acumulación que está vinculado con la transformación de la economía centroamericana a partir de los años 80, la cual pasó de un enfoque prevalentemente agroexportador a una fuerte diversificación, con nuevos ejes de acumulación.

Sin embargo –continuó Gómez– se comenzó también a mirar el turismo desde el desarrollo rural, valorándolo como una actividad que puede diversificar la producción campesina y generar ingreso. Así mismo, da nuevo protagonismo a ciertos actores rurales que están organizados”.

Turismo rural comunitario: una alternativa real

Es a partir de esta nueva perspectiva que la Fundación PRISMA comenzó a enfocarse en un nuevo eje de investigación, que es el turismo rural comunitario. “Además de estudiar y sistematizar casos exitosos de este nuevo sector ligado al turismo, en El Salvador estamos acompañando un proceso de incidencia que se ha denominado Mesa Nacional de Turismo Rural Comunitario”, recordó Xenia Ortiz, investigadora social de PRISMA.

Ese nuevo instrumento surgió en 2009 y durante su breve existencia ha desarrollado un trabajo intenso. “Hemos realizado un taller para definir nuestra misión y visión, que son articular el trabajo de los diferentes actores que estamos apostando a un nuevo modelo de turismo, y trasformarlo en un espacio reconocido que visibilice y fortalezca al sector del turismo rural comunitario”, agregó Ortiz.

Ese importante esfuerzo que apunta a un tipo de turismo más amigable con el medio ambiente y más equitativo con respecto a los ingresos, continuó con una planificación estratégica que involucra a diferentes actores. “Actualmente participan instituciones educativas, gubernamentales, ONG y las iniciativas de turismo rurales comunitario. Hemos realizado actividades para incidir en diferentes receptores de la propuesta, de manera particular en la población y en los funcionarios públicos.

Nuestro objetivo –concluyó la investigadora social de PRISMA– es que las autoridades se comprometan y fortalezcan a este nuevo sector y modelo turístico, y que la población lo asuma como una alternativa al turismo masivo que proviene del exterior y que se apropia de los recursos del país”.

Defensa del patrimonio nacional y rescate de la memoria

De acuerdo con el planteamiento de la Fundación PRISMA, la propuesta de un turismo rural comunitario es también una forma para proteger y cohesionar socialmente al territorio ante los avances y las ofertas de los grandes capitales, que quieren comprar o invadir las áreas de las cooperativas rurales. “Es así que esta nueva propuesta se transforma en un instrumento para consolidar el manejo de su área, para protegerla y seguir produciendo en el marco de una amplia diversificación.

Hasta el momento –explicó Ileana Gómez–, en El Salvador la dinámica turística se ha enfocado en fortalecer el turismo de convenciones. Es un fenómeno urbano que no se ha extendido mucho a los litorales y que no ha involucrado al gran capital transnacional. Sin embargo, el peligro es latente y debemos controlar el desarrollo turístico futuro”.

Es por eso que la Fundación PRISMA ha acelerado el estudio del peso económico del turismo en la región centroamericana y de cómo se ha transformado en un eje de dominación regional. “En El Salvador ha habido un cambio de gobierno en 2009 y estamos al expectativa de que asuma una posición diferente con respecto a los gobiernos del pasado. Tenemos un turismo interno muy significativo, fortalecido por la gran cantidad de salvadoreños y salvadoreñas que viven en el exterior, y que frecuentemente regresan al país.”

“El turismo rural comunitario puede ser una alternativa concreta a un modelo explotador, haciendo énfasis también en el rescate de la memoria histórica”, sentenció la coordinadora pro tempore de PRISMA.

Ya son varias las experiencias de proyectos turísticos, que surgen de la necesidad de las mismas comunidades de reconocer su pasado, y reivindicar y valorar todo el esfuerzo de lucha que se dio durante la guerra. “Hay rutas de memoria histórica que sirven para vincularnos con nuestra historia más reciente”, dijo Gómez.

Para que todo eso sea efectivo, se necesita del compromiso de la sociedad de ser capaz de incidir en el rumbo que lleva la política del turismo. En la medida en que el público comience a reconocer al turismo rural comunitario como una alternativa real, las autoridades van a tener que comprometerse más.

“Fortaleciendo este modelo y el turismo de base local en la toma del control del turismo nacional, se ganaría bastante espacio para contener las grandes inversiones inmobiliarias. Sin embargo –concluyó Gómez–, hay también que seguir impulsando las regulaciones a este tipo de inversión.

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Turismo, conflicto social y la necesidad de fortalecer la resistencia y desarrollar un modelo alternativo
Santo Domingo, 26 de julio del 2010

En Centroamérica el turismo se ha convertido de forma acelerada en un importante eje de acumulación económica, contribuyendo de forma decidida a una transformación económica estructural en estos países. Pero a pesar del impacto devastador del gran capital turístico la capacidad de movilización global aun es limitada, presentó en su ponencia Ernest Cañada, coordinador de ALBA SUD y miembro del GIST.


Crédito Fotografía: Giorgio Trucchi / ALBA SUD

Pese a la imagen positiva que se le quiere dar a la inversión de las grandes cadenas turísticas, siguen generándose diferentes escenarios de conflictividad y resistencia a un modelo depredador, cuyos efectos aun no están siendo tomados suficientemente en cuenta por el grueso del movimiento altermundista. Según el coordinador de ALBA SUD, Ernest Cañada, es cada día más necesario estudiar, reconocer e identificar una nueva conflictividad socio-ambiental, que se ha generado a raíz de la expansión desmedida del turismo. “No son suficientes los enfoques que ponen el acento en los impactos del turismo, sino que hay que estudiar y evaluar el nuevo escenario de conflictividad socio-ambiental originado por este fenómeno”.

El desarrollo turístico comporta agresiones y afectaciones a distintos sectores de las sociedades centroamericanas, y resulta necesario entender de qué manera se están produciendo, cómo están funcionando y cuáles son las reacciones, proponiendo una discusión sobre las diferentes tipologías del conflicto turístico en esa área.

De acuerdo con el documento presentado por Cañada en el marco del segundo Seminario sobre “Turismo y desarrollo en Centroamérica, México y El Caribe”, existen cinco grandes ámbitos de conflicto.

El primero tiene que ver con la instalación de la actividad turística en zonas donde existen comunidades con acceso a recursos naturales, y que están instaladas en un territorio que reconocen como suyo. “La introducción de la actividad turística rompe esta situación y genera la perdida del acceso a los recursos naturales básicos (tierra, agua, alimentación) y de la territorialidad. Esto comporta una conflictividad ante el proceso de desposesión”, explicó Cañada.

Otro nivel de conflictividad surge cuando se pone en marcha la actividad turística y se genera un impacto destructivo desmesurado. “En ese caso, no solamente puede haber una reacción de la comunidad desposeída, sino también de otros actores involucrados (organizaciones sociales, vecinos y algunas autoridades locales) que tratan de poner un freno, un mecanismo de regulación, ante los abusos que genera la urbanización turística”, dijo el coordinador de ALBA SUD.

Declaración de Montelimar: la política al servicio del gran capital

La presión impuesta por la industria turística para desregular las legislaciones y las políticas nacionales, representa un tercer escenario de conflicto. “Tiene que ver con la legislación, con el cambio de política fiscal, el acceso a costas, entre otros. Desde que en 1996 se dio la Declaración de Montelimar –continuó Cañada–, hay una presión constante de la industria turística para imponer sus reglas”. Con esta Declaración, los gobiernos centroamericanos acordaron que el turismo era un sector estratégico e impulsaron la promoción intrarregional, la comercialización de paquetes turísticos, la creación de legislación y políticas e incentivos a la inversión extranjera y la cooperación con el sector privado. Ante esta decisión, algunos sectores trataron de resistir generando un nuevo escenario de conflictividad.

El cuarto ámbito de conflicto tiene que ver con la deshomogeneidad del capital turístico. “No siempre tiene los mismos intereses y se generan contradicciones internas. En este caso, la explotación de la actividad turística conlleva puntos de contradicción intraempresarial, generando el desplazamiento del pequeño y mediano empresario frente al gran capital turístico nacional, regional o internacional.

Finalmente –recordó Cañada–, las condiciones de precarización de la vida y del trabajo de las personas que se involucran en la actividad turística, abre otro espacio de conflictividad. Se trata de la reacción de los trabajadores ante la degradación de sus condiciones”.

Una limitada movilización global

El impacto de la actividad turística genera múltiples reacciones, cuya intensidad depende del contexto histórico y político de cada país. Sin embargo, lo que se puede encontrar “es un cierto ritmo común en la evolución del conflicto. Lo interesante como elemento de análisis es ver cuándo tenemos o no tenemos conflicto, y en qué condiciones se desarrolla, con qué características. A un mayor impacto no necesariamente corresponde una mayor conflictividad, porque depende de la capacidad de organización y resistencia de la gente”, explicó Cañada.

En el ámbito laboral, por ejemplo, las organizaciones sindicales aun tienen una muy débil penetración en el sector hotelero y turístico en general. En muchos casos depende de las fuertes políticas antisindical impuestas por las grandes cadenas transnacionales. Otro sector extremadamente vulnerable es el de la construcción. Se trata de mano de obra migrante que vive en condiciones de ilegalidad, explotación y vulnerabilidad.

Ante esta situación y al nuevo fenómeno de consolidación de grupos económicos nacidos en la región, como por ejemplo el Grupo Pellas, que ahora están buscando más acumulación de capital en el sector turístico residencial, el desarrollo de un movimiento global de resistencia y construcción de alternativas frente al modelo turístico dominante sigue débil.

Según el coordinador de ALBA SUD, uno de los principales obstáculos es que el grueso del movimiento altermundista aún no ha reconocido a la industria turística como una seria amenaza. “Frente a este modelo de desarrollo turístico es necesaria una doble actuación: fortalecer las resistencias y desarrollar y sostener otro modelo turístico de carácter endógeno, basado en la economía popular, y construido sobre la base de una alianza entre las iniciativas comunitarias y el pequeño y mediano empresario local, y poderes públicos al servicio de la gran mayoría de la población centroamericana”, concluyó.

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Empoderamiento y emancipación de los pueblos para contrarrestar el modelo turístico del despilfarro
Santo Domingo, 26 de julio del 2010

Macià Blàzquez, profesor de geografía en la Universidad de las Islas Baleares y miembro del Grupo de Investigación sobre Sostenibilidad y Territorio (GIST), presenta una ponencia con Iván Murray, profesor del mismo equipo de trabajo, en la que se exponen los resultados de un diagnóstico socio-ambiental de las Islas Baleares elaborado por el GIST y concebido como un instrumento de entendimiento y participación ciudadana.


Crédito Fotografía: Giorgio Trucchi / ALBA SUD

El estudio de indicadores de sostenibilidad socio-ecológica de las Islas Baleares hace referencia a elementos que frecuentemente no están al alcance de la gente común, o más bien se ocultan. Estudiarlos y darlos a conocer puede ser un elemento importante también para otros territorios, que viven las mismas dinámicas explotadoras.

Variables de consumo de materiales, energía, ocupación de territorio, producción de residuos, así como variables ambientales, sociales y económicas, han sido estudiadas por el GIST a lo largo de casi 20 años (1989-2008), para dar cuenta de las consecuencias de un modelo turístico explotador y de la experiencia social en las Islas Baleares. “Todo esto puede ser de mucha utilidad para ver cómo este mismo modelo se está exportando y replicando en el área de Centroamérica, México y El Caribe”, explicó Macià Blàzquez.

Las transnacionales hoteleras de Baleares hablan de know how. Explican cómo tratar a la gente, al territorio, cómo negociar con los políticos, “y nosotros lo hemos vivido en todos estos años, porque las Baleares son la cuna de este fenómeno. Nuestro objetivo es poder presentar cómo, desde los movimientos sociales y la academia, hemos estudiado este modelo y hemos evidenciado el despilfarro que se origina y que, por cierto, da lugar a la crisis económica. Son informaciones públicas –continuó Blàzquez– que transmitimos a la sociedad, a la política, y que pretenden lanzar un grito de alarma sobre lo que está ocurriendo”.

De acuerdo con el estudio, en las Islas Baleares hay un Índice de Desarrollo Humano (IDH) que es entre los más bajos de las Comunidades Autónomas dentro del Estado español. “El desarrollo turístico no ha contribuido a mejorar la situación de vida de la población. Es una información que debe llegar a la gente, para que hay participación, empoderamiento en cuanto a estos elementos que evidencian una grave crisis económica, ecológica y social”, aseveró el miembro del GIST.

Un modelo de despilfarro, de abuso de las personas sobre las personas y sobre el medio ambiente. “El problema no es la pobreza, sino la riqueza y el despilfarro que esa supone. Con el estudio y sus indicadores queremos delatar esta situación, pero al mismo tiempo, formular propuestas y brindar alternativas.”

Empoderamiento, participación y nuevos vínculos

Ante esta situación, la sociedad balear ha planteado medidas de contención y de mejora a la democracia. “En las Baleares hay movimientos sociales que son relevantes y que promueven la protección del territorio. La gente –explicó Blàzquez– ha dicho ¡Basta!, se opone a más crecimiento, a la elitización del espacio. Un espacio reservado sólo para los ricos. Pedimos igual y mayor acceso para todos”, dijo.

El hecho de organizar en República Dominicana el segundo Seminario sobre Turismo y Desarrollo en Centroamérica, México y El Caribe, es una señal para dejar claro que “nuestro desarrollo no debe ser a costa del empobrecimiento de otros. Es decir, que las cadenas hoteleras Baleares no se enriquezcan y no acumulen a través de la desposesión de estos pueblos”, señaló el docente universitario e investigador.

A partir de esta experiencia local, asume una gran importancia tratar de establecer y ampliar vínculos internacionales, sobre todo en términos de no querer ser responsables del empeoramiento de las condiciones de vida de otros pueblos. “Es en este sentido que levantamos una voz de alerta contra el modelo turístico explotador. Un modelo de sol y playa, de todo-incluido, que es bendecido por todo el mundo, y que esconde una explotación laboral brutal, prostitución, narcotráfico, corrupción, blanqueo de dinero, bunquerización del espacio. Vemos a un empresariado hotelero –denunció Blàzquez– que jura estar aportando al desarrollo de los países. Sin embargo, lo que se evidencia es una expatriación de los beneficios y una profundización de la desigualdad”.

Ante esta situación evidenciada por el estudio, los investigadores apuntan a revelar el engaño y plantear alternativas que van en beneficio de los países y de las poblaciones, “para extirpar la corrupción, el abuso y la acumulación por desposesión. Hay que generar empatía con estas situaciones de miseria y explotación originadas por el turismo. La gente tiene que entender qué hay detrás de sus vacaciones, del despilfarro. Hay que hacerlo llegar de manera sutil, seductora – explicó Blàzquez –, para que la gente no apague el televisor y no se inmunice ante estas situaciones. Es algo que no se puede inculcar, sino que debe surgir de las personas, de su emancipación. En este sentido, es fundamental mantener la esperanza y fortalecer la propuesta. Desde la academia y los movimientos sociales hay que exportar el saber hacer como sociedad, estableciendo vínculos internacionales. Con nuestra ponencia queremos reafirmar que sí es posible, que hay espacio para el crecimiento del movimiento popular y para la movilización”, concluyó el miembro del GIST.

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Alerta climática y turismo depredador
Santo Domingo, 26 de julio del 2010

El fracaso de Copenhague, la peligrosa inutilidad de las iniciativas sobre protección climática y el turismo como nueva forma de colonialismo y promoción de subdesarrollo son los temas que abordó Joan Buades, colaborador de ALBA SUD y miembro del GIST, en su presentación.



Crédito Fotografía: Giorgio Trucchi / ALBA SUD

Centroamérica, México y El Caribe constituyen una de las áreas más vulnerables ante el creciente deterioro del clima terrestre. La enorme desigualdad social que existe en estos países y la receta fracasada de generar desarrollo a través de la industrialización turística proveniente del exterior, contribuyen a acentuar su vulnerabilidad. Reivindicar el rescate de la deuda climática del Norte y levantar la voz como región, para exigir la transferencia masiva de recursos económicos y tecnológicos, debe ser la prioridad en la próxima Cumbre Climática de Cancún (COP 16), que tendrá lugar entre el 30 de noviembre y el 7 de diciembre de 2010.

Según Joan Buades, investigador sobre turismo y cambio climático de ALBA SUD y miembro del Grupo de Investigación en Sostenibilidad y Territorio (GIST) de la Universidad de las Islas Baleares, hay muy poca conciencia de la extrema vulnerabilidad que existe ante el cambio climático en el área de Centroamérica, México y El Caribe. “Todos los estudios indican que van a ser zonas muy afectadas en el futuro. Buena parte de su población vive en los litorales y uno de los fenómenos colaterales del cambio climático, es la correlación que existe entre el aumento de la temperatura del agua en los mares y la acidificación de los océanos.

Esto –explicó Buades– va a incrementar la cantidad y la fuerza de los huracanes. Estamos en una situación de máxima alerta, acentuada por la enorme desigualdad social que existe en esta región. El impacto económico y humano va a ser aún más desastroso”, aseveró.

El investigador evidenció también como todos estos países contribuyen de manera mínima al cambio climático. “Es una situación paradójica. En la región las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) son muy bajas y las poblaciones van a ser las primeras que van a pagar los platos rotos.

En este sentido – continuó Buades – Centroamérica, México y El Caribe deben retomar lo que los movimientos sociales y algunos gobiernos, como Bolivia, reclamaron en Copenhague. Es decir, una justicia climática global.

Hay una deuda climática histórica de los países ricos del Norte con los del Sur. A ellos les toca pagar la adaptación de estos territorios y sociedades para que puedan protegerse del cambio climático”, sentenció.

El turismo depredador contribuye al cambio climático.

No son pocos los que se preguntan qué tiene que ver el turismo, las millones de personas que, todos los años, cruzan océanos para relajarse bajo las palmeras caribeñas, con el cambio climático.

“Tiene mucho que ver, porque las sociedades de estas zonas altamente vulnerables apuestan ciegamente por el turismo para desarrollarse. El turismo que viene de lejos, en aviones, con paquetes todo incluido, es insostenible por motivos climáticos.

Es por eso – explicó el investigador de ALBA SUD – que algunos países como el Reino Unido y Alemania, están pensando de crear tasas aéreas por motivos climáticos. Esta medida va a encarecer notablemente los paquetes turísticos y los vuelos intercontinentales. Como climáticamente ya no puede crecer el volumen de tráfico aéreo hacia estas zonas, apostar por el turismo masivo desde Norteamérica y Europa no tiene realismo económico”.

Según Buades, en estos países que viven una fuerte alerta climática, se sigue sacrificando dinero público para invertir en un modelo económico que no tendría un futuro más allá de 20-25 años.

“Es un modelo que, además, incrementa la deuda climática, porque es científicamente comprobado que los vuelos contribuyen al efecto invernadero. El turismo masivo hacia estas regiones actúa como un acelerador del cambio climático”, explicó.

La profunda crítica a este modelo de turismo depredador va más allá

De acuerdo con diferentes estudios científicos, la promesa de las empresas turísticas transnacionales y de las mismas Naciones Unidas, de que el turismo sería la vía más fácil para llegar al desarrollo para los países del Sur, se ha revelado una gran mentira.

“La realidad es que países del Sur que en los últimos 25 años se han turistizado muy rápidamente, hoy son zona con índices de desarrollo humano bajísimo. Hay un informe del PNUD para República Dominicana que, por ejemplo, demuestra que las provincias turísticas son las que menos desarrollo social y humano tienen. Lo mismo ocurre en Jamaica y Costa Rica. El dinero que manejan las grandes transnacionales turísticas no se queda en el país, sino que se fuga. Se calcula que no menos del 75 por ciento del dinero que circula por estos Resorts vuelve a los países ricos vía paraísos fiscales. En las comunidades locales queda no más del 15-20 por ciento”.

Un negocio altamente rentable. Verdaderas minas de oro para las transnacionales del turismo que, según el investigador, “lavan el dinero negro invirtiéndolo en este sector y tienen un retorno de capital espectacular. A la población local le quedan las migajas de esta orgia económica.”

“Nuestro objetivo como investigadores es decir que más turismo no significa más riqueza para la mayoría de la población. Agravar la situación de pobreza y desigualdad social es uno de los elementos que contribuye a una mayor vulnerabilidad ante el cambio climático”, aseveró Buades.

Las soluciones placebo del Norte

Ante la grave problemática del cambio climático, los países ricos del Norte han inventado iniciativas de protección climática que, además de ser inútiles, son un gran negocio para las organizaciones financieras internacionales.

“Los Mecanismos de Reducción de Emisiones para la Deforestación y la Degradación de los Bosques (REDD) son verdaderos juegos de magia, con los cuales los países del Norte y sus transnacionales intentan seguir contaminando, a base de subvencionar el cuidado de bosques tropicales en el Sur.

Además, –explicó Buades– estos países ricos ya han dicho que no serán subvenciones a fondo perdido, sino créditos que va a incrementar la deuda externa de los países del Sur. Son medidas que nada tienen que ver con la protección de la naturaleza y el rescate del clima”.

Para el investigador de ALBA SUD y miembro del GIST se trataría de otra forma de “maquillaje verde” que, además, contarán con la participación del Banco Mundial y el FMI. “Estas instituciones que han profundizado el subdesarrollo en los países del Sur, pretenden ahora las que deciden sobre proyectos y que manejan la manera de transferir el dinero. Hay que impedir que se transformen en las protagonistas y las intermediarias financieras del rescate climático”, aseveró Buades.

Una sola voz

Ante esta situación que agravará el fenómeno de la migración y de la inseguridad alimentaria, “las poblaciones del Sur tienen que defender un esquema de rescate de la deuda climática. Es fundamental que todas estas zonas comiencen a pensar como región y construir una voz fuerte en las negociaciones internacionales sobre cambio climático. Deberán hacerlo en colaboración con los movimientos sociales y los gobiernos locales, para bajar la factura de CO2 y GEI, y ayudar a un verdadero desarrollo que el Norte les debe”, concluyó Buades.

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Turismo y (sub)desarrollo en Centroamérica, México y El Caribe
Santo Domingo, 25 de julio del 2010

Del 26 al 28 de julio de 2010 se desarrolla en Santo Domingo, República Dominicana, el segundo Seminario sobre “Turismo y desarrollo en Centroamérica, México y El Caribe”. Este encuentro apunta a presentar, comprender y discutir las características del desarrollo turístico en la región, y su impacto sobre las poblaciones locales.


Crédito Fotografía: Giorgio Trucchi / ALBA SUD

Dar continuidad al primer Seminario realizado en 2009 en Nicaragua, para continuar con el análisis social del fenómeno turístico en Centroamérica, México y El Caribe, es el objetivo por el que investigadores y docentes universitarios se reunirán en República Dominicana del 26 al 28 de julio de 2010.

Varios son los temas que se abordarán, tratando también de poner en discusión una “posible agenda de investigación en la que todos y todas podamos aportar, y que permita fortalecer los vínculos y colaboraciones entre universidades y centros de investigación presentes en la región”, explica el documento de presentación del Seminario.

Según Ileana Gómez, coordinadora pro tempore de PRISMA, “es un encuentro entre actores que están muy vinculados al tema del desarrollo del turismo y a los conflictos que eso genera en esta área del mundo”.

A partir de la experiencia de lo que ha ocurrido en las Islas Baleares y de las investigaciones realizadas en el área de Centroamérica, México y Caribe, “vamos a poder entender cuáles son los ciclos del turismo y del desarrollo inmobiliario, qué es lo que nos espera y cuáles pueden ser las líneas de trabajo orientadas a la incidencia”, dijo Gómez.

De acuerdo con la coordinadora de PRISMA, resulta imprescindible no solamente conocer las experiencias, sino “leerlas como un proceso regional. Entender cómo la dinámica capitalista aterriza en territorios rurales y promueve el despojo, transformando la lógica productiva y los medios de vida de las poblaciones locales, generando el subdesarrollo y profundizando la marginalidad y la exclusión. No se trata de un saber académico puro, sino usar herramientas de la academia para incidir en los procesos”, explicó Gómez.

Un nuevo modelo que profundiza la desigualdad humana

También para el coordinador de ALBA SUD, Ernest Cañada, es importante tomar conciencia del fenómeno turístico, su capacidad devastadora en la región “y de la necesidad política urgente de generar pensamiento y análisis sobre lo qué está ocurriendo. Aunque se trate de presentar una imagen limpia que produce desarrollo, cuando llega a su máxima expresión, el turismo es devastador. Crea destrucción social e impulsa un nuevo modelo de sociedad con relaciones sociales terriblemente desiguales, y con graves condiciones de vulnerabilidad humana”, sentenció Cañada.

Ante este modelo, resulta necesario construir conocimiento a nivel regional sobre cuáles son las políticas, los procesos y de qué manera se está produciendo el avance de la turistización social en la región. “En este sentido – concluyó el coordinador de ALBA SUD – vamos a seguir analizando, compartiendo y profundizando esos temas, para construir pensamiento y capacidades para proponer políticas alternativas entorno al desarrollo turístico”.

Este segundo Seminario pretende también darle continuidad al trabajo desarrollado en 2009 en Nicaragua. “El primer Seminario se enfocó en la experiencia de Baleares, donde se concentra el capital transnacional turístico que llega a Centroamérica, México y El Caribe”, dijo Macià Blàzquez, docente e investigador de la Universidad de las Baleares y miembro del GIST. “El planteamiento de este nuevo Seminario apunta a restarle protagonismo a las Islas Baleares y dar espacio a las experiencias de investigadores locales. Que sean ellos y ellas a contribuir a un enriquecimiento mutuo. Una estructura más horizontal de intercambio de información y de crecimiento”, agregó Blàzquez.

Estudiar el turismo transnacional y plantear como alternativa un mayor beneficio para la comunidad receptora, es otro de los objetivos que persigue el seminario. “La repatriación de beneficios de las cadenas hoteleras y de todo su corporación, llega hasta el 85 por ciento de los beneficios de un paquete turístico estándar. Nuestro planteamiento es promover, exigir y dar herramientas de negociación, para pedir que una mayor cantidad de estos beneficios quede en la región.

Además –concluyó el miembro del GIST– aportar la información y pedir la transparencia para erradicar la explotación laboral, la prostitución, el blanqueo de capitales y la exclusión, que están relacionados con este modelo”. Entre las alternativas, Blàzuez señala un mayor crecimiento democrático y la emancipación de los trabajadores y trabajadoras.

Para el futuro, las organizaciones que convocaron a este segundo Seminario seguirán impulsando alianzas a nivel regional, buscando una discusión sobre la agenda de investigación, para tener una capacidad propositiva común y compartida.

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