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Artículo de Opinión | Turismo Responsable | España

08-03-2016

Soy camarera de piso

Artículo de Pepi García Lupiáñez, camarera de piso y delegada sindical de CCOO en el Hotel Timor Sol en Torremolinos, donde cuenta de los cambios que se han producido en este sector y los nuevo retos que esto supone para la actividad sindical.


Crédito Fotografía: Ernest Cañada / Alba Sud.

Soy una camarera que hace 37 años que trabajo en el mismo hotel, y soy también delegada sindical de Comisiones Obreras desde las primeras elecciones sindicales, cuando se hacían con listas abiertas. Pero ser camarera de pisos hoy no es lo mismo que ayer.

El cambio que esta profesión ha dado es abismal, y no ha sido en crecimiento de la calidad profesional, sino todo lo contrario. En los años 70 la industria turística vivió su mayor expansión. Muerto el dictador, España abrió sus puertas al exterior y los hoteles que se preparaban para recibir a turistas del mundo entero necesitaban mucha mano de obra. Los trabajadores y trabajadoras fuimos aprendiendo todas las profesiones que requerían los hoteles: recepcionistas, barmans, chefs, gobernantas, camareros de bar y restaurante o camareras de pisos.

Una historia de luchas

La creación de las camareras de pisos supuso una revolución para la mujer. Con esta profesión  miles de mujeres trabajadoras salimos del mundo rural para incorporarnos a la actividad laboral en la ciudad o en la costa. Así alcanzamos cuotas de liberación e independencia muy altas. Éramos un colectivo de mujeres jóvenes que por x razones no habíamos podido alcanzar la universidad ni realizar grandes estudios académicos, y la industria turística nos acogió con deseos de que hiciéramos una labor importante en este sector. Para nosotras fue empezar a vivir de nuestro trabajo, y fue también una incorporación al mundo laboral donde nos sumamos a la lucha por las reivindicaciones sociales y sindicales. Fue también la posibilidad de  empezar a crear un bienestar para el futuro con la idea de tener unos derechos a nuestra jubilación.

El proceso fue largo y costoso hasta llegar a una situación de empleo fijo, igualdad salarial o derechos para la conciliación familiar. Aunque los ritmos de trabajo siempre quedaron como asignatura pendiente. Nuestro trabajo siempre fue duro y exhausto.

Las camareras de pisos de mi edad que llevamos años trabajando en el gremio somos testigos que nuestros derechos aumentaron y los salarios subían en función de como cada una de nosotras nos uníamos, nos organizábamos y  luchábamos. Han sido muchas asambleas, muchas huelgas, muchos convenios negociados y muchos despidos y esfuerzos hasta llegar a unas condiciones de trabajo que en muchos hoteles se les podía llamar dignos.

Hemos llegado a ser una gran familia, no solo en cada hotel, también en cada cadena, en cada provincia. A los sindicatos no había que ir a buscarlos: el sindicato éramos los que trabajábamos en los hoteles y veíamos cada vez como las camareras de pisos se incorporaban a las tareas sindicales, aumentando el nivel de conciencia y de clase, y siendo cada vez mayor el numero de delegadas en los comités de empresas.

La crisis: una oportunidad para el empresariado

Pero un día, casi sin darnos cuenta, llegó la crisis. Empezamos a ver que la construcción se paralizaba y que los trabajadores iban al abismo del paro, familias que perdían sus casas y que se les echaban sin piedad a la calle por los cuerpos policiales. Con la crisis vimos cómo perdíamos derechos sociales, sanitarios, educativos, prestaciones, y ataques a las jubilaciones. Y todas esas pérdida fueron acompañadas de ataques sin compasión contra nuestros representantes sindicales y los líderes de nuestras organizaciones sindicales. Una campaña de desprestigio orquestada para destruir el estrecho vínculo que une a toda la clase obrera.

Aún así creímos que nosotros íbamos a librarnos porque el turismo no estaba en crisis, pero caímos en la inocencia. El turismo no está en crisis, pero la pobreza, el desempleo, la desmoralización, el aumento del individualismo, los ataques a nuestras organizaciones, el miedo, el desaliento, y la tristeza, eso sí nos afectó. Y todo ello unido a unos empresarios avaros, que no se conformaron con las ganancias propias del trabajo y que vieron en la crisis un gran chollo para romper junto con el gobierno las reglas de juego que durante años nos sirvió para convivir entre obreros y empresarios.

El gobierno reformó las leyes laborales y dejo sin contenido los convenios, acuerdos y toda clase de negociaciones. Y de pronto aparecieron empresas dedicadas a sustituir a otras empresas, desplazando así los salarios y las condiciones de trabajo que tanto nos costó conseguir.

Ahora que teníamos derechos las empresas nos lo cambiaron. Empresas que te ponen en manos de las fieras, donde la democracia no la huelen, donde no respetan al ser humano, donde pagan una miseria de salario haciéndonos cada vez mas pobres y trabajando más, a la vez que ellos cada vez son más ricos sin hacer nada.

La cultura del robo y el exterminio se ha apoderado de parte de la clase empresarial. Han empezado con el departamento más feminizado. Por eso en estos momentos en muchos hoteles se están viviendo situaciones muy críticas: las camareras de pisos están soportando ritmos de trabajo nunca vistos que están llevando a grandes desequilibrios en la salud y emocionales.

Un grito de ayuda y reconocimiento

Este escrito es un grito de ayuda. Mientras haya un hotel que externaliza a las camareras o en el que sufren esta situación de superexplotacion esta sociedad estará fracasando. Cuando uno entre en un hotel para disfrutar y descansar tiene que asegurarse que en ese hotel se respeta y tratan con dignidad a sus trabajadores y trabajadoras. Las estrellas tienen que darse solo a los hoteles donde se les da un buen servicio a los clientes y un buen trato a sus empleados.

Este escrito es también un agradecimiento a todos los que están trabajando para que las condiciones de trabajo de las camareras se visualicen y las conozca el mundo entero. Ellos son la UITA, nuestro sindicato a nivel internacional, la Unión General de Trabajadores y mi amado sindicato, Comisiones Obreras. Y sobre todo mi agradecimiento a ese sociólogo que tanto tiempo, esfuerzo y sabiduría emplea en nosotras, las camareras de pisos, ese experto en turismo que tuvo el valor de escribir un libro con muchos testimonios de mujeres desesperadas por su condición de mujer trabajadora en la hostelería. Ése libro es Las que limpian los hoteles. Historias ocultas de precariedad laboral y él es Ernest Cañada. Y por último a ese grupo de Facebook en el que cada vez somos más, y en el cual os esperamos a todos y todas, y que es un altavoz de nuestras voces, Las Kellys.

 

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