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Reportaje | Turismo Responsable | Cataluña

07-01-2021

Monitoras de colonias: ¿las vacaciones pagadas de muchas jóvenes?

Núria Abellan | Alba Sud

El colectivo de monitores y monitoras de colonias en Catalunya tiene unas condiciones laborales específicas que han sido poco analizadas. En este artículo cinco jóvenes que trabajan en esta profesión se adentran en sus experiencias.


Crédito Fotografía: Niño lanzándose por una tirolina. Fuente: archivo de Alba Sud.

Las colonias de verano son espacios donde cada año centenares de niños, niñas y adolescentes se establecen durante unos días fuera de su hogar y realizan actividades de todo tipo con personas de su edad. En Catalunya existen casas de colonias localizadas por todo el territorio, que ofrecen programaciones variadas donde se potencian capacidades diversas, desde actividades de montaña, acuáticas, deportivas, de hípica o de inmersión a la lengua inglesa, entre otras. Las colonias del pasado verano 2020, además, se han visto modificadas a causa de las precauciones contra los contagios por la COVID-19.

En este artículo se realiza una primera aproximación sobre las condiciones laborales de las profesionales de las casas de colonias, concretamente entre los monitores y las monitoras contratadas por empresas privadas (en adelante, las monitoras). Teniendo en cuenta la elevada diversidad del sector del ocio, ámbitos como los “esplais”, los campamentos, los casales de verano u otras tipologías de casas de colonias, por ejemplo, no han sido incluidos con el fin de poder analizar un contexto concreto, dada la falta de estudios específicos sobre este colectivo. Las monitoras de colonias están incluidas en el Convenio colectivo del sector del ocio educativo y sociocultural de Catalunya para los años 2011 a 2016, con vigencia ratificada hasta que no se firme un nuevo convenio, ya que no gozan de un convenio específico. 

Se han realizado cinco entrevistas en profundidad, con el objetivo de dotar de reconocimiento y legitimidad las voces protagonistas, situando su experiencia y capacidad de reflexión política sobre su cotidianidad en una posición prevalente. Las entrevistas han sido realizadas a Obi, 23 años y graduada en Mediación Comunicativa; Jazz, 23 años y graduada en Magisterio; Luis Subirán, 32 años y Responsable de Iniciación Deportiva y Ocio en Claror Cartagena; Lara, 19 años y estudiante de Farmacia, y Núria Navarrete, 23 años, estudiante de Educación Infantil y trabajadora del Centro Deportivo Claror. Tres de las entrevistadas han preferido dar su testimonio de forma anónima, razón por la cual se usan sus pseudónimos. 

¿Cuál es el perfil de las monitoras de colonias?

De forma general, el perfil de las monitoras de colonias se sitúa entre los 18 y los 25 años, «máximo hasta los 26 o 27 como mucho», afirma Lara. Como explica Obi: «es un trabajo de transición desde los 18 hasta los 25 o 26 años, de mayor tienes otras prioridades y no quieres que los niños estén todo el rato encima de ti ni trabajar 24 horas sin descanso, cosas que toleras cuando eres más joven porque es lo que hay». Como aporta Jazz «es un trabajo muy físico y a cierta edad no lo puedes hacer igual, tampoco está muy bien remunerado y te planteas las cosas».

Con relación al género de las trabajadoras, acostumbra a estar equilibrado entre hombres y mujeres, «con un cierto número mayor de mujeres, como siempre en el mundo de los niños», afirma Obi. En esta línea, Lara aporta su experiencia sobre diferencias de género en la contratación de monitoras: «cuando era pequeña tengo el recuerdo de monitoras de cuerpos diferentes, ahora se ha ido reduciendo y predomina el estereotipo de chica guapa, abierta y simpática».

Por otro lado, en referencia a los estudios que han cursado las monitoras, la mayoría tiene el Carnet de Monitor/a de Actividades de Ocio Infantil y Juvenil, aunque no es un requisito obligatorio. Un gran número de estas profesionales provienen de estudios sociales, como Mediación Comunicativa, Magisterio o Educación Infantil. Como expresa Luis: «muchas monitoras de colonias están estudiando y tienen el carnet de monitora de ocio, es un trabajo que se está profesionalizando. Cada vez hay más estudiantes relacionados con la educación, son dos mundos que se están vinculando».

Las motivaciones de las monitoras giran en torno al vínculo emocional de haber disfrutado de colonias de verano como niñas: «me motivó la educación que he vivido desde pequeña, es un mundo que te aporta mucho y los monitores se lo pasan muy bien, quería transmitir la pasión vocacional», comparte Núria. Otra motivación es trabajar en con los niños, como comentan Jazz, «quiero hacer que los niños se lo pasen bien y a la vez que puedan aprender»; y Luis «me motivan la convivencia y la complicidad que se generan, entiendes mucho más a los niños y sus actitudes. Es la parte más personal de lo que hago». Las motivaciones para seguir realizando esta tarea también están vinculadas a razones económicas, como expresa Lara «me motivaban los recuerdos de infancia, pero actualmente me motiva el dinero».

¿Cómo es su contratación?

De forma general, los contratos que se ofrecen a las monitoras de colonias son el de obra y servicio, el más habitual, o el contrato fijo discontinuo. A través del contrato de obra y servicio, como relata Obi, «en un principio tiras currículums a las empresas y cuando entras a una ya te fichan siempre, pero con el contrato de obra y servicio, de forma que no te hace falta buscar otras empresas». Es por este motivo que generalmente las monitoras de colonias trabajan en una o dos empresas a lo largo de su carrera profesional. Por otro lado, como explica Luis con relación al contrato fijo discontinuo: «si contratamos a alguien de fuera de la empresa es con obra y servicio, que me consta que es el mayoritario en el sector, pero se intenta hacer contrato fijo discontinuo a quien ya ha trabajado con anterioridad, es una garantía para que funcione mejor». Lara relata que al trabajar durante cuatro días en otoño con la misma empresa que trabaja en verano «no me hicieron firmar nada, trabajé sin contrato y me pagaron dándome un sobre con el salario».

Niñas en una actividad durante las colonias. Fuente: archivo de Alba Sud. 

Ambas tipologías de contrato responden a la elevada estacionalidad de este trabajo, que repercute en la imposibilidad de tener contratos a lo largo de todo el año, lo que hace aumentar la inseguridad en la continuidad. Cada empresa sigue protocolos diversos a la hora de contratar a las monitoras y ponerse en contacto con ellas. Así pues, Lara asegura que «cuando se acerca el verano te envían un WhatsApp con un formulario para que especifiques las semanas que quieres trabajar. La continuidad es insegura y te avisan con muy poco tiempo, dificulta mucho organizarte el verano». Como afirma Obi, «desde que empieza la temporada de verano te van llamando y preguntando qué semanas quieres y puedes trabajar, generalmente en mayo sabes las fechas que vas a trabajar. Si tienen un hueco te pueden llamar el mismo día para trabajar». 

¿Cuáles son sus condiciones laborales?

Los horarios de las actividades de colonias, de forma general, se inician a las 8h de la mañana, para despertar a los niños, realizar actividades durante la mañana, comer a las 14h, entre una y dos horas de tiempo libre, actividades de tarde, rato de duchas para los niños, cenar a las 21h y realizar actividades de noche hasta las 23h, con tal que puedan estar durmiendo hacia la medianoche. 

Así pues, como expresan las monitoras entrevistadas, sus horarios son más extensos de lo que se establece en su contrato laboral, «como monitor responsable estoy ahí desde las 7h de la mañana hasta las 2h de la madrugada, es una forma diferente de trabajar», explica Luis. Por su parte, Lara reflexiona: «¿preguntas el horario real o el horario del contrato? No existe ningún contrato que permita hacer la cantidad de horas que hacemos. En el mío dice que hago ocho horas, pero hago muchas más. También te digo, no veo otra forma de hacer este trabajo que no sea haciendo las horas que hacemos». Jazz coincide con esta afirmación: «no te pueden hacer un contrato con las horas reales que trabajas, que son 24». Núria añade que «en el contrato se especifica que trabajas ocho horas al día, pero estás pensando las actividades, hablando con los compañeros y dedicando tiempo antes de llegar a la casa». Luis explica que en ocasiones es difícil cumplir la jornada laboral: «hay horas que varían, como cuando los padres van a buscar a los niños el último día, por ejemplo».

Otra de las grandes preocupaciones del colectivo es el descanso durante su jornada laboral, especialmente el descanso nocturno.Una vez los niños se duermen, las monitoras se reúnen para valorar el día, compartir experiencias y preparar el día siguiente. En función de las diversas empresas, estas reuniones las realizan todas las monitoras juntas, o se dividen con tal de tener personal haciendo turnos de noche «si no tienes guardia tienes reunión, nunca tienes descanso», apunta JazzLara destaca: «he llegado a acabar reuniones a las tres de la madrugada y otros días a la una, la jornada laboral se alarga bastante». Jazz y Obi, además, coinciden en destacar que en estas reuniones «el feedback que se recibe siempre es negativo, no hay ningún feedback positivo».

En relación con los descansos durante el día, Luis explica que «no están estipulados porque no sabes cuándo serán posibles, se habla entre los monitores y el director sobre la marcha». En este sentido Lara añade «hay una ley no escrita que los ratos de descanso corto durante el día se reparten para que todo el mundo pueda tener como mínimo uno al día». Obi explicita que al trabajar dos semanas seguidas no hay ninguna tarde libre, y que en caso de hacer tres semanas seguidas hay una tarde y una noche libres. Aun así, en el contexto de pandemia sanitaria de COVID-19 no se puede volver a casa.

Por otro lado, las monitoras de colonias tienen una escala profesional muy corta, y la ascensión vertical en la escala profesional está vinculada a «la dirección del ocio, a cargos intermedios entre las monitoras y la dirección, o a dirigir/coordinar casales o actividades de ocio. No te permite salir mucho, pero siempre hay opciones porque pocas personas escogen este camino profesional y en Catalunya hay una larga tradición», afirma Luis. Núria añade: «alargaré este trabajo lo máximo que pueda, porque me gusta mucho, pero estoy intentando ser directora de ocio, como monitora solamente te quedas estancada». En efecto, como añade Jazz, «al ser monitora de ocio el crecimiento es personal, por ejemplo, saber gestionar problemas y aprender dinámicas de grupo, pero no es un crecimiento laboral».

En relación con el salario que perciben las monitoras, Lara afirma estar contenta con la remuneración, que es de aproximadamente 500€ netos por una semana de trabajo, a lo que «también se le añade que comemos bien y nos cuidan mucho». Núria, por otro lado, cobra aproximadamente 430€ por una semana de trabajo, que tal como explica Luis, es la misma remuneración por una semana de colonias que por una semana de casal. Núria añade que «en las colonias trabajas 20 horas y cobras 8 o máximo 14. Miras y cobras lo mismo por hacer casal que por estar en las colonias, con menos tiempo libre y estando 24 horas trabajando, realmente. A mi no me importa porque me lo paso bien». Por otro lado, Obi y Jazz perciben 369€ netos por semana y coinciden en afirmar que la remuneración es baja. 

Actividad de hípica en unas colonias. Fuente: Dark Dwarf, bajo licencia de creative commons. 

Por otro lado, las monitoras reciben una formación previa para poder realizar su tarea, a parte de recibir formación sobre las colonias durante la obtención del carnet de monitora. En el caso de Luis y Núria, se trata de una formación remunerada donde «se explican los tipos de colonias y las actividades, y en la casa se conocen los espacios», afirma Luis. Núria añade que «falta formación práctica y ver la casa antes para poder preparar el cronograma con antelación». Por otro lado, la formación previa de Lara se basó en realizar una estancia de colonias como pre-monitora, sin remuneración y, por tanto, «en esta empresa tu formación depende mucho del grupo de monitores con quien te pongan porque no hay ningún encargado de la formación». Por último, Obi Jazz explican que reciben dos formaciones, una general de uno o dos días al marzo; y una de cinco o siete días entre mayo y junio, especializada en la casa donde trabajarán. En su caso, las monitoras no se encargan del diseño de las actividades, y la formación solo es remunerada si se produce en fin de semana. Jazz comenta que «en ninguna de las dos formaciones se da cobertura legal, en aquel momento no piensas qué te puede pasar si te haces daño durante la formación». Las dos afirman que la formación es adecuada, pero que se recibe mucha información y hay detalles que se pueden olvidar con facilidad si no se hace un repaso. 

En años anteriores a la pandemia de la COVID-19, Obi y Jazz explican que la ratio de niños y niñas para cada monitora no cambiaba en función de la edad de estos, hecho que puede dificultar en gran medida el funcionamiento correcto de las actividades: «17 niños de 4 años para una sola monitora es fatal», afirma Obi. Núria añade que a su empresa anteriormente se situaba la ratio en 12 o 14 niños y niñas por cada monitora: «durante la ducha, los momentos de los autocares o de repartir la comida es más difícil, pero por el resto está bien». 

¿Qué efectos tiene este trabajo sobre la salud?

Las monitoras entrevistadas coinciden en afirmar que las afectaciones físicas de salud más habituales son la afonía, el agotamiento (que en casos extremos puede derivar en fiebre por agotamiento general), dolor muscular (lumbalgia, dolor de espalda y de brazos por cargar pesos, etc.) y golpes a la hora de realizar las actividades. También se pueden producir desgarros, quemaduras por cuerda, golpes de frío, golpes de calor, dolor de cabeza constante y dolor de barriga. Como explica Obi, «durante la formación te explican cómo llevar material de peso, pero cuando trabajas ves que no es factible». Además, Jazz destaca que «las actividades no se hacen pensando en el clima, especialmente las horas de Sol, y eso es un problema en algunos casos».

Respecto a las afectaciones mentales de salud, se destaca el agotamiento mental y emocional, que puede derivar en episodios de ansiedad durante la estancia de colonias. Como afirma Lara «la carga emocional la destacaría mucho. Emocionalmente es mucha presión, porque tú estás trabajando con niños y haces que pasen una semana divertida y alegre, pero tienes tu propio cansancio y es muy duro estar todo el día haciendo el papel de todo va bien. He visto monitores llegar al límite, echar broncas que no hacían falta y después disculparse porque se sienten fatal».

En caso de producirse un accidente laboral, Luis y Núria detallan el protocolo a seguir: «se debe hacer un parte con la empresa, firmar para después ir a una mutua laboral, y llevar al monitor en coche al hospital. Durante la formación se sigue el mismo protocolo». En el caso de Obi Jazz no existe un protocolo establecido, así que en caso de producirse un accidente laboral es necesario hablar con dirección. Por otro lado, Lara detalla que durante el año que estuvo trabajando como pre-monitora no firmó contrato. Al sufrir un accidente laboral la acompañaron al centro de atención primaria y allí la presentaron como una niña en vez de como trabajadora de la empresa. 

¿Cómo son las relaciones laborales existentes?

Las relaciones laborales en las que se encuentran las monitoras de colonias varían en función de la empresa donde trabajan. De forma general la jerarquía vertical es la siguiente: monitoras, coordinación, dirección de ocio y dirección de la casa de colonias. En función de la empresa las monitoras tienen grados de relación diferentes con el resto de perfiles profesionales; como su implicación en la organización de las actividades o en las reuniones de evaluación diarias, entre otras. De forma concreta, Lara afirma que en su empresa: «el jefe, que es hombre, tiene relación de mucha más proximidad con los monitores que con las monitoras, hasta el punto que te tendrá más en cuenta si eres un hombre».

La relación laboral más cercana es entre las mismas monitoras. Como explica Núria: «no somos mucha gente y nos conocemos entre todos. Con el equipo de colonias muy bien, ya sabes cómo trabaja cada uno, las necesidades, etcétera» y Obi, «la relación con los monitores depende de cada semana y cada año, el tema de la COVID ha hecho que no ayudáramos mucho entre nosotros». De forma similar, Lara expresa que entre los monitores hay un ambiente de hermandad de sé cómo te sientes, y la empresa intenta fomentar que te sientas cuidado, pero de hecho no hace nada».

Actualmente, el colectivo de monitoras de colonias, enmarcadas en las profesionales de ocio, no tiene representación sindical, «aunque este año se ha hablado de tenerla porque la gestión de la COVID ha dejado mucha gente sin respuesta», destaca Obi. Así pues, se trata de un colectivo muy poco organizado, con pocos espacios para que estas profesionales se puedan encontrar fuera de su horario laboral, ya que la contratación de temporada en temporada y la elevada rotación del personal dificultan la creación de relaciones laborales estables. Luis explica que en su caso existe un sindicato de empresa donde las trabajadoras pueden acudir, por bien que las quejas acostumbran a llegar primero a él como responsable, quien es el encargado de vehicularlas. Al no haber sindicato, las monitoras entrevistadas coinciden en afirmar que las formas de expresar malestar en relación con su tarea laboral pasan primero por comentarlo con el equipo de monitoras para decidir cómo proceder, y acudir a coordinación si es necesario. Jazz explica que una vía es enviar correos a la dirección de la empresa, «pero, o no lo leen, o no hay respuesta». Lara explica que al acabar la semana se hace una reunión con la dirección para evaluarla, «pero a lo mejor echaría de menos un buzón de sugerencias para expresar las diferencias de género, porque decirlo es más complicado».

Crédito: Fundació Pere Tarrés, bajo licencia de creative commons. 

En relación al retorno de las quejas expresadas, Jazz relata «si tienes alguna queja te la comes, porque sino te miran mal. Por ejemplo, en la formación de marzo no enseñaron los protocolos de acoso a menores, pero no entre monitores. Una chica lo preguntó y pasaron de ella». Con la mirada puesta en encontrar puntos de unión con otras monitoras de colonias, Núria apunta que «como colectivo se podría tratar de hablar con otros lugares donde se llevan a cabo colonias para conectarnos».

¿Cómo ha afectado la COVID-19 a las monitoras de colonias?

El 10 de mayo de 2020, la Generalitat de Catalunya publicó los Criterios Generales para la Organización de las Actividades de Ocio Educativo para el Verano de 2020, aplicable a las casas de colonias. Jazz explica que la formación para la COVID, un curso online no remunerado «no me aportó nada útil, todo lo que decían ya se sabía a través de las informaciones generales». Tal como describe Obi, «estas medidas han añadido carga de trabajo a las monitoras, como limpiar todo lo que se ha usado, vigilar constantemente las mascarillas y el gel hidroalcohólico, hacer respetar la distancia de seguridad, tomar la temperatura cada día, etc.». Núria opina que «las medidas han añadido mucha responsabilidad y han sido un poco inútiles, los niños y niñas llevaban la misma mascarilla durante todos los días y se ensuciaba, pero a las noches cuando compartían habitación dormían sin ella». En esta línea, Lara valora: «las medidas correctas, pero irreales, es difícil mantener buenas actividades durante una semana con grupos de 10 niños». Por otro lado, Luis reflexiona sobre el impacto de la incerteza hasta el momento de llegar a consensuar las medidas: «una de las cosas que más daño nos ha hecho es que salían noticias que no eran ciertas y eso repercutía en las familias. Ha faltado más comunicación y ha habido voces contradictorias».

Respecto a la ratio, este año ha sido de 1/10 para todas las monitoras, siguiendo las directrices de prevención de COVID-19, mientras que la ratio de vigilancia en los tiempos libres de los niños y niñas se ha situado en 1/20. Las monitoras entrevistadas coinciden en afirmar que encuentran esta ratio adecuada, ya que permite «estar alerta si se deben tomar medicamentos, ayudarlos a mantener la habitación ordenada, llamar y atender a los padres...», detalla Lara.

Reflexiones finales

Las monitoras de casas de colonias que trabajan para empresas privadas son un colectivo conformado mayoritariamente por jóvenes de entre 18 y 27 años, con un trabajo marcado por la elevada estacionalidad de los contratos, la transición y una escalera laboral corta. Las monitoras entrevistadas coinciden en manifestar que su trabajo les aporta satisfacción con el ambiente y con el equipo, «es una situación tan intensa que haces piña muy rápidamente y, más este año con las medidas por la COVID», reflexiona Jazz.

Aun así, describen sus condiciones laborales como duras, debido a los pocos descansos, las afectaciones de salud más comunes y las responsabilidades que asumen. Estos aspectos se suman al malestar derivado de firmar contratos donde se especifican jornadas laborales de 8 horas y una remuneración que normalmente se percibe como baja. Por otro lado, como comenta Obi, una preocupación que se extiende entre las monitoras es el reconocimiento social de su tarea: «parece que como somos jóvenes solo lo hacemos porque queremos y porque nos lo pasamos bien, que es un trabajo fácil. Algunos padres lo reconocen y otros piensan que dejan a los niños para que jueguen, pero yo hago un trabajo social». 

Se trata de un colectivo que, a pesar de encontrarse bajo el convenio colectivo del sector del ocio educativo y sociocultural, tiene unas condiciones laborales específicas que no se ven reflejadas en este marco regulador. La falta de organización dentro de este colectivo responde, principalmente a dos motivos. En primer lugar, un perfil profesional joven y que de forma mayoritaria no tiene la voluntad o no ve la posibilidad de realizar su carrera profesional en este ámbito. En segundo lugar, la elevada rotación de estas profesionales es una dinámica que dificulta su comunicación. 

En este contexto, la normalización y la naturalización, por parte de todos los agentes implicados, de ciertas condiciones laborales es alarmante. Así pues, la participación de las 5 voces permite iniciar el debate sobre las condiciones laborales de los monitores y monitoras de colonias, las cuales no se convierten en unas vacaciones pagadas, sino un trabajo de verano con largas jornadas.

 

Este artículo no sería posible sin los y las entrevistadas, a quien querría agradecer afectuosamente su tiempo y su confianza. 
Este artículo se publica en el marco del proyecto «Plataforma de investigación en turismo, derechos humanos y equidad de género» desarrollado por Alba Sud con el apoyo de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD) (convocatoria 2019).

 

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