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En profundidad | Turismo Responsable

20-10-2019

Turismo y cambio climático en la región mediterránea

Marta Salvador | Alba Sud

El cambio climático puede inducir a cambios profundos en la industria turística en el Mediterráneo y en las mismas sociedades donde se desarrolla. A su vez, la industria turística, y en especial el transporte aéreo, es uno de los principales responsables del calentamiento global.


Crédito Fotografía: Calafellvalo, bajo licencia creative commons.

El fenómeno del cambio climático es actualmente uno de los retos que puede inducir a grandes cambios en la industria turística en el Mediterráneo, tal y como la conocemos hoy en día, y en las mismas sociedades donde se desarrolla. Este artículo expone esta problemática, tratando un fenómeno global en un gran destino turístico como es la región mediterránea. En primer lugar, se contextualiza la climatología de esta destinación donde las temperaturas son uno de los factores de motivación de los turistas para visitarla. En segundo lugar, se analiza el fenómeno del cambio climático y sus posibles consecuencias en el Mediterráneo. Los cambios producidos por efecto de este fenómeno requerirán una mayor planificación y gestión por parte de todos los actores de la industria turística. En tercer lugar, se hace referencia a cómo el turismo contribuye al cambio climático y qué acciones se están llevando a cabo para mitigar los impactos negativos. Finalmente, se exponen una serie de reflexiones que habría que tener en cuenta para los futuros estudios académicos del cambio climático y su efecto sobre el turismo, así como para la gestión sostenible de las destinaciones.

La importancia del clima en la región mediterránea

Los factores climáticos, como las temperaturas, las horas de sol y la lluvia determinan una gran parte de los flujos de turismo internacional en Europa (Amelung y Viner, 2006). La popularidad de la región Mediterránea está muy vinculada con las temperaturas y el clima, que son unos de los recursos más importantes de una destinación turística. Además, tal y como afirma Nicholls (2006) la motivación de los turistas a la hora de escoger su destino de viaje se asocia en gran parte con estos factores.

El cálido clima mediterráneo hace que sea actualmente uno de los lugares más idóneos para el turismo de playa durante la temporada de verano, sobre todo a la zona norte de la Mediterránea. También es así en las costas de Marruecos y Argelia, como consecuencia del efecto de enfriamiento de la altitud de la Sierra de los Atlas, pero no al resto del Norte de África, donde las temperaturas son mejores en primavera y en otoño (Amelung y Viner, 2006).

En general, los países de la región Mediterránea se caracterizan por tener inviernos frescos con lluvias moderadas y veranos cálidos y secos, aunque la falta de lluvias puede ser problemática en cuanto a suministro deagua y riesgo de incendio (Nicholls, 2006). Las preferencias climáticas para las vacaciones de playa en la Mediterránea se definen por unas temperaturas ideales entre los 27º y los 32ºC. Por otro lado, las preferencias climáticas para las vacaciones en regiones urbanas de la Mediterránea oscilan entre unas temperaturas de 20º y 26ºC(Rutti y Scott, 2010).

Debido a estas diferencias tan marcadas entre las estaciones del año, la estacionalidad deviene un tema clave en la rentabilidad del turismo en la región Mediterránea (Amelung y Viner, 2006). Esta estacionalidad tiene consecuencias a nivel social, económico y ambiental, debido a que los impactos que la destinación asume a nivel turístico presentan grandes diferencias al largo del año. Algunos ejemplos serian la construcción de infraestructuras que sólo son amortizadas durante una época del año, la creación de puestos de trabajo inestables, el aumento del consumo de recursos y producción de residuos, entre otros.

El fenómeno del cambio climático

El cambio climático es actualmente un tema de gran preocupación global que, recientemente, ha tenido una mayor repercusión mediática articulada en movimientos como el Fridays for Future, encabezados mayoritariamente por jóvenes. Hoy en día ya es reconocido como certeza científica y, por eso, la exploración de sus posibles impactos sobre el entorno humano y natural es cada vez más urgente (Nicholls, 2006).

El turismo es la actividad económica con el máximo nivel de exposición a los efectos del cambio climático y esto la hace ser muy vulnerable según el espacio geográfico donde se desarrolla (Olcina y Vera, 2016). Todas las actividades recreativas pueden verse afectadas en un futuro, modificando la oferta de un sitio y, consecuentemente, alterando su demanda. Por eso, el mayor reto que debe afrontar la Mediterránea en clave de futuro es el cambio climático (Obrador et al., 2009; Drius, 2018).

Hoy en día hay pruebas que el clima está cambiando a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero y se estima que la temperatura mediana global aumentará de 1,5 a 5,8ºC durante el siglo XXI (Amelung y Viner, 2006; Nicholls, 2006; Rutty y Scott, 2010). Los motivos de preocupación son los cambios en la cuota de mercado en las regiones del mundo donde se puede producir un aumento de temperaturas y donde acontecen modelos de oferta y demanda altamente vinculados a la climatología del destino (Amelung y Viner, 2006).

Las consecuencias del cambio climático en el Mediterráneo 

El cambio climático sugiere una Mediterránea con temperaturas más elevadas en verano, haciendo que la mayoría de destinaciones sean demasiado calurosas para su visita turística (Nicholls, 2006; Rutty y Scott, 2010). No obstante, la región podrá convertirse en un destino más agradable en primavera y otoño. Como resultado, es probable que los países del norte se puedan beneficiar durante esta temporada turística, como destinatarios del incremento de visitas de turistas nacionales e internacionales, a costa de las destinaciones populares del sud de Europa (Amelung y Viner, 2006; Nicholls, 2006; Obrador et al., 2009).

Aunque la región Mediterránea puede experimentar una disminución de turistas durante la temporada alta actual, es probable que estos descensos sean compensados con un crecimiento de visitantes durante los meses de primavera y otoño (Nicholls, 2006; Obrador et al., 2009; Rutti y Scott, 2010). También hay un potencial para una temporada turística calurosa mucho más larga. Por lo tanto, puede ser que la demanda no disminuya como consecuencia del cambio climático, sino que contribuya a un cambio en el tiempo en que los turistas visitarán la región a mediados y finales de siglo. En definitiva, estos cambios dependerán de la fuerza de diversos factores, incluyendo la estacionalidad y la capacidad de la destinación para adaptarse o aprovechar el clima mejorado de las temporadas de primavera y otoño (Rutti y Scott, 2010).

Por lo que hace a la comodidad climática a las zonas turísticas de la costa Mediterránea, se predice un incremento en el nombre de días cálidos, noches cálidas y la durada de las olas de calor. Estas son variables que, juntamente con valores elevados de humedad de la atmósfera, están relacionadas con el origen de sensaciones de malestar que pueden afectar a la demanda de turistas en esta destinación. Por eso, tal y como afirman Olcina y Vera (2016) es esencial conocer con el máximo grado de precisión posible los efectos reales de calentamiento global, entender como estos pueden afectar las áreas turísticas y decidir qué medidas se pueden implementar para mitigar sus consecuencias y adaptarse.

Una posibilidad asociada al cambio climático global es el aumento de la aparición de eventos meteorológicos extremos. En la Mediterránea es más probable que se intensifiquen y se frecuenten las olas de calor, las precipitaciones invernales y los vendavales. El riesgo de sequía en verano también aumentará debido a una reducción de las precipitaciones y del volumen de agua disponible. Además, se prevé un aumento del nivel global del mar (Amelung y Viner, 2006; Nicholls, 2006; Olcina y Vera, 2016).

El cambio climático también puede alterar las distribuciones y composiciones de recursos naturales como la flora y la fauna. Además, puede poner en riesgo la existencia de plantas endémicas, biodiversidad marina y ecosistema marino saludable. Tal y como afirman Amelung y Viner (2006), es difícil evaluar los impactos del turismo en la biodiversidad, aunque es importante estudiarlos para garantizar la diversidad de recursos terrestres y acuáticos. De esta manera, los cambios en la vida silvestre y la vegetación pueden ser la causa de impactos indirectos sobre el turismo y la recreación al aire libre, ya que los participantes alteran sus actividades teniendo en cuenta los cambios en el medio ambiente (Nicholls, 2006).

Además de todas las consecuencias previamente expuestas, la zona del Norte de África puede sufrir otros efectos debido a sus grandes áreas desérticas. Uno de ellos es la mayor desertización, provocando cambios en el paisaje y degradando el ecosistema. La sequía extrema también puede tener efectos sobre las comunidades, tales como la reducción de las cosechas, el aumento del riesgo de incendios, el incremento de la mortalidad del ganado y la disminución del agua disponible. Dado que una gran parte de la economía depende de la agricultura y la ganadería, parte de la población se verá forzada a migrar a otras regiones (Price, 2017).

Algunos países de esta zona del Norte de África, como por ejemplo Egipto o Túnez, tienen una economía con relativa presencia de la actividad turística. Es por eso que se pueden ver especialmente afectados por los efectos del cambio climático, añadiendo dificultades a una actividad que ya ha mostrado signos de vulnerabilidad dado el contexto geopolítico de la última época. El turismo de estos países se centra en gran medida en las zonas costaneras, las cuales recibirán un mayor impacto económico, social y medioambiental. El turismo de playa o de recreo, segmento dominante del mercado, será vulnerable al aumento del nivel del mar y a los eventos meteorológicos extremos expuestos anteriormente. Por otro lado, las actividades de submarinismo que dependen de las barreras de coral también ser verán amenazadas por la pérdida de la biodiversidad marina (Shaaban y Ramzy, 2010) suponiendo un cambio, tanto en la oferta como en la demanda turística.

Estos cambios espaciales y temporales provocados por el cambio climático pueden tener impactos en la sostenibilidad del desarrollo turístico. Por un lado, pueden ser perjudiciales desde un punto de vista económico y social por la pérdida de ingresos del turismo y toda la cadena de valor asociada y, por otro lado, favorables des de una perspectiva de gestión de recursos y de biodiversidad, ya que las presiones sobre el medioambiente y los ecosistemas disminuirán en verano en la zona de la Mediterránea (Amelung y Viner, 2006). Nicholls (2006) afirma que los cambios en los patrones de visita tendrán implicaciones directas sobre prácticas de contratación, cadenas de suministro, flujos de caja y desarrollo de campañas de márquetin.

La planificación turística enfrente el cambio climático

Los turistas tienen mucha capacidad para adaptarse a los impactos del cambio climático, evitando condiciones indeseables, modificando el momento del viaje o rehuyendo la destinación. Por lo tanto, es imprescindible entender qué condiciones climáticas los turistas consideran inadecuadas para unas vacaciones o cuáles disminuirán la calidad de la experiencia (Rutti y Scott, 2010).

Los impactos medioambientales mencionados anteriormente tienen graves implicaciones para la futura planificación y desarrollo de atracciones turísticas en la región Mediterránea. También es probable que el suministro de agua se convierta en una cuestión controvertida, especialmente entre los residentes locales y los proveedores de atracciones turísticas como campos de golf y piscinas (Nicholls, 2006). Es por eso que la industria del turismo, así como los investigadores turísticos y los responsables políticos, deben prestar más atención a las tendencias climáticas y a sus posibles impactos.

No obstante, tal y como afirman Olcina y Vera (2016). El cambio climático y sus riesgos no se han integrado en la planificación regional y local. Aún hace falta incluir acciones en el diseño de los programas, integrando políticas a diferentes escalas y niveles. Más concretamente, se deben determinar las medidas estructurales aplicables a zonas turísticas; las medidas fiscales con finalidades medioambientales (ecotasas); la planificación de los recursos hídricos teniendo en cuenta las previsiones de los modelos climáticos; la planificación de los servicios sanitarios en las zonas turísticas costaneras en un escenario condicionado por la aparición de temperaturas extremas; y el diseño de programas educativos y de comunicación sobre las consecuencias del cambio climático y las condiciones meteorológicas.

A efectos de la planificación y la adaptación de las zonas turísticas del litoral mediterráneo para afrontar el cambio climático, los datos sobre la proyección futura de los valores de la temperatura pueden clasificarse en cuatro retos. En primer lugar, la posibilidad de modificar el calendario de la temporada alta (de junio a septiembre, incluidos) y considerar los meses de mayo y octubre como muy adecuados para estancias turísticas. Se necesita tener en cuenta que unos niveles de masificación que doblarían la temporalidad actual pueden tener consecuencias negativas sobre la población local. En segundo lugar, la necesidad de adaptar los establecimientos turísticos y las propiedades residenciales a un clima de temperaturas más altas y más humedad. En tercer lugar, la obligación de garantizar que los sistemas de suministro de agua estén bien diseñados en una zona con escasez natural de recursos. También se debe tener en cuenta que se reducirán los volúmenes de aguas superficiales debido a una disminución de las precipitaciones, un aumento de su irregularidad y un incremento de la evaporación de los embasamientos. Finalmente, la necesidad de modificar los protocolos de protección civil y salud pública a escala local, ya que los calendarios de riesgo cambiarán (tormentas y fuertes lluvias por la presencia de agua caliente durante un período más largo), así como la frecuencia y la intensidad de la aparición de los extremos climáticos (Olcina y Vera, 2016).

Tal y como siguen afirmando estos últimos autores, para la adaptación de la actividad turística, se contemplan acciones vinculadas a la promoción de destinaciones sostenibles, incentivos para las medidas de ahorro energético e hídrico en hoteles, acciones de formación para el personal e información sobre temas de sostenibilidad para los clientes. En general, lo que se busca es diversificar el producto turístico y apoyar la sostenibilidad, en vez de realizar medidas específicas de adaptación al cambio climático.

La contribución del turismo al cambio climático

Aunque no se hace tanta mención a cómo el turismo contribuye al cambio climático, el aumento de la popularidad de este sector se asocia con una proliferación de los medios de transporte, explotación de recursos naturales, etc. Más concretamente, la actividad turística contribuye al problema del cambio climático por su dependencia del consumo de combustibles fósiles (Nicholls, 2006). Además, también contribuye al calentamiento global a causa de las emisiones de gases invernadero. Según Gössling (2002) citado por Nicholls (2006), aproximadamente el 3,2% del uso global de energía se explica por las actividades relacionadas con el ocio (incluyendo el transporte hacia la destinación, alojamiento y actividades), mientras que el 5,3% de todas las emisiones de dióxido de carbono se pueden atribuir al ocio.

Algunos estudios han demostrado un aumento de los niveles de movilidad en Europa y el crecimiento de compañías aéreas de bajo coste, que continuará en un futuro, contribuyendo claramente al cambio climático (Nicholls, 2006).

Actualmente se presta mucha atención a las formas en que la industria turística puede ayudar a mitigar sus impactos negativos, a través de la reducción del uso de energía y de las emisiones de gases de efecto invernadero, así como la adopción de productos más limpios y tecnologías eficientes. Es el caso de varias organizaciones que ofrecen a los turistas la oportunidad de compensar sus emisiones de dióxido de carbono mediante la compra de compensaciones de carbono. El resultado de estos sistemas se utiliza para financiar proyectos que intenten reducir las emisiones en origen, ya sea mediante la inversión en fuentes de energía renovables o la mejora de la eficiencia de las fuentes actuales, o para aumentar las tasas de retención de dióxido de carbono (Nicholls, 2006).

Tomar consciencia del binomio turismo y cambio climático

La industria turística debe ser cada vez más consciente de sus impactos y aplicar medidas para reducirlos al máximo posible. No obstante, la vinculación entre turismo y cambio climático necesita un análisis más profundo y una mayor visibilidad. Además, hace falta ampliar los estudios sobre la contribución de la industria turística a la aceleración del fenómeno. De esta manera, también será más fácil gestionar los efectos producidos debido al cambio climático y adaptarse a las necesidades de las destinaciones y de los turistas.

Se debe tener en cuenta que el turismo es un elemento que contribuye al fenómeno del cambio climático y, por lo tanto, la industria se tiene que responsabilizar del papel que juega. Al mismo tiempo, tal y como se ha mencionado anteriormente, el sector turístico se ve altamente afectado por los efectos del cambio climático y esto debería suponer una mayor alerta para toda la industria.

Las predicciones futuras indican un aumento continuado del nombre de turistas y desplazamientos a la región Mediterránea. Además, las predicciones de los efectos del cambio climático indican que gran parte de estas llegadas serán durante las épocas de primavera y otoño, lo que supone un discurso de alargar la temporada alta turística durante casi todo el año. Esta visión tan positiva del cambio climático deja atrás las consecuencias que pueden padecer la destinación y la población que la habita, sobre todo a nivel medioambiental, viendo sólo la oportunidad económica que se presenta.

Por otro lado, la mayoría de estudios solamente se centran en los cambios relacionados con las temperaturas y el clima, dejando de lado los efectos sociales, tanto positivos como negativos, que pueden aparecer en las destinaciones turísticas.

Estas proyecciones futuras obligan a reflexionar sobre la viabilidad del modelo vigente y repensar las políticas y estrategias actuales. Una de las estrategias planteadas consiste principalmente en el decrecimiento turístico, de tal forma que se hace especial énfasis a la planificación de la actividad turística. Esta planificación puede enfocarse a la limitación de las llegadas de turistas, la limitación de camas disponibles en una destinación, la regularización de llegadas de cruceros en los principales puertos de la Mediterránea o el impulso de otras actividades económicas en zonas donde predomina el turismo, entre otros.

 

References
Amelung, B. & Viner, D. (2006). Mediterranean Tourism: Exploring the Future with the Tourism Climatic Index. Journal of Sustainable Tourism, 14(4), 349-366.
Drius, M., et al. (2019). Tackling challenges for Mediterranean sustainable coastal tourism: an ecosystem service perspective. Science of the Total Environment, 652, 1302-1317.
Nicholls, S. (2006). Climate change, tourism and outdoor recreation in Europe. Managing Leisure, 11(3), 151-163.
Obrador, P., Crang, M., & Travlou, P. (2009). Corrupted seas: the Mediterranean in the age of Mass Mobility. Obrador, P., Crang, M., & Travlou, P. (Ed.) Cultures of Mass Tourism. Doing the Mediterranean in the Age of Banal Mobilities. Farnham, England: Ashgate.
Olcina, J. & Vera, F. (2016). Climate change and tourism policy in Spain: diagnosis in the Spanish Mediterranean coast. Cuadernos de Turismo, 38, 565-571.
Price, R. (2017). Climate change and stability in North Africa. K4D Helpdesk Report. Brighton, UK: Institute of Development Studies.
Rutty, M. & Scott, D. (2010). Will the Mediterranean Become “Too Hot” for Tourism? A Reassessment. Tourism and Hospitality Planning & Development, 7(3), 267-281.
Shaaban, I. & Ramzy, Y. (2010). The impact of climate change on tourism in Egypt as perceived by both policymakers and tourism managers. WIT Transactions on Ecology and the Environment, 139, 241-251.
Este artículo ha sido publicado originalmente en: Salvador, M. (2019). Turismo y cambio climático en la región mediterránea. En E. Cañada (ed.). El turismo en la geopolítica del Mediterráneo (pp. 51-57. Barcelona: Alba Sud Editorial, Informes en Contraste, núm. 9, publicado con el apoyo del Área Metropolitana de Barcelona (AMB) en el marco de la convocatoria de subvenciones para proyectos de Educación para la Ciudadanía Global, 2018.

 

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