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Artículo de Opinión | Turismo Responsable | Islas Baleares

19-01-2017

Mix de indecencia: inversión turística + explotación laboral

Rafael Borràs | Alba Sud

Diversas informaciones sobre la explotación laboral en el sector de la construcción para las reformas de hotel  en Mallorca publicadas a principios de enero dan pie a una reflexión sobre la actual fase del “capitalismo canalla”.


Crédito Fotografía: Ultima Hora

Como es sabido, este año 2017 ha sido declarado por las Naciones Unidas como “Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo”. Según las declaraciones formales de la ONU y de la Organización Mundial del Turismo (OMT), en el trascurso de esta “efeméride” se hará hincapié, entre otros temas, en el papel del turismo en el crecimiento económico inclusivo y sostenible, la inclusión social, el empleo y la reducción de la pobreza. También es sabido que, por una parte, en la mayoría de destinos turísticos del planeta, esto de turismo sostenible, o se acompaña del decrecimiento turístico, o es simplemente un oxímoron; y, por otra parte, que asociar turismo a desarrollo en el marco de la globalización de las desigualdades y la desposesión es, en el mejor de los casos, un sarcasmo.

La casualidad ha querido que en Mallorca, y, por extensión, en el conjunto de las Islas Baleares –uno de los lugares más turistizados del mundo–, este “Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo” haya empezado desmintiendo por la vía de los hechos la retórica turística oficial sobre crecimiento inclusivo, empleo y reducción de la pobreza. Lamentablemente, 2017 ha empezado constatándose que sigue siendo cierto que “una de las características del turismo a lo largo de los siglos, desde la época del Grand Tour, es que, a no gran distancia de los hoteles de cinco estrellas, hay hambre y miseria” (P. Theroux. 2015). ¿Qué ha pasado?

Pues que, durante la primera semana del año, un medio de comunicación nada sospechoso de anti-turístico, como es Diario de Mallorca, ha abierto sus ediciones con los siguientes titulares: “Constructoras de fuera pagan ilegalmente salarios más bajos para hacerse con reformas de hotel en Mallorca”, “Los constructores canarios responsabilizan a los hoteleros de evitar el fraude en sus reformas” y , hasta el momento de escribir estas líneas, “Subcontratas de obras turísticas explotan con horarios y sueldos ilegales a peones chinos y de la isla” (Alberto Magro, 3, 4 y 6 de enero 2017).

Hay que advertir que estas informaciones no han sido desmentidas por nadie. Ni tan siquiera desde ámbitos empresariales se han atrevido a balbucear la excusa negacionista de la explotación laboral, y habitual en estos casos: “Son casos puntuales”. Por parte de la administración, aunque sea sin gran entusiasmo, se han anunciado planes de Inspección de Trabajo y Seguridad Social (ITSS) para detectar estas prácticas empresariales. Por tanto, hay que asociar estas informaciones a un fenómeno nada anecdótico. Muy al contrario, sin duda estamos hablando de una tendencia, en la actual fase del capitalismo canalla, cada vez más presente en el mundo del trabajo, y que me sugiere, al menos, media docena de reflexiones:

I. Las consecuencias de la victoria neoliberal de debilitar la negociación colectiva

Probablemente el aspecto más ideológico de la Reforma Laboral del 2012 (la del Gobierno Rajoy) sea el destrozo que hace a la articulación de la negociación de los Convenios Colectivos como fuente de derechos laborales garantizados. Se impuso el “cuanto menos colectivo, más productivo” y el “a menor sindicación, mayor competitividad”. En este debilitamiento de la negociación colectiva, y del papel clave de los sindicatos en unas relaciones labores democráticas, está el origen de la “legitimación” (legal o no) de prácticas de dumping social como las que comentamos. Si, desde un planteamiento neoliberal, es “legitimo” practicar la externalización, por ejemplo, del trabajo del departamento de pisos de los hoteles [1] para, en aras del Dios de la productividad y la competitividad del homo economicus neoliberal, abaratar costes laborales ¿Por qué no lo va a ser a la hora de practicar la búsqueda de los costes laborales más bajos para hacer reformas en los hoteles?

II. Seguridad jurídica únicamente para enriquecerse

“Seguridad jurídica” es un reclamo muy insistente del empresariado y de los ámbitos políticos ideológicamente afines al crecimiento infinito. Pero, verdaderamente, es únicamente una reivindicación de “seguridad jurídica para enriquecerse”, aunque sea a costa de la desposesión a la sociedad de bienes comunes como el medio ambiente. Ha llegado la hora, pues, de reivindicar seguridad jurídica para asegurar la inexistencia de explotación laboral, y, por tanto, una Inspeccion de Trabajo y Seguridad Social con suficientes recursos humanos y materiales, que sea homologable la que existe en la mayoría de Estados de la UE, y de acuerdo con los ratios de trabajadores y trabajadoras por inspector/a y/o controlador/a de empleo recomendados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para los países industrializados.

Pero hay dos cosas más a decir en este asunto. Por una parte, hay que implementar planes contra la explotación laboral porque ¿qué otra cosa hacen las empresas, en este caso de construcción, que obligan a los trabajadores a realizar jornadas semanales de “hasta 70 horas, hurtan los días de vacaciones a sus trabajadores y les obligan a acudir a su puesto en festivos que figuran como no laborables en el convenio” y encima “pagan salarios ilegales de seis euros la hora, un 35% menos de lo que marca el convenio de la construcción”? No valen los eufemismos ni la cobardía política: como expliqué hace unos meses en un artículo publicado en la revista digital Sin Permiso titulado “En Baleares ya no hay explotación laboral: ¿Se ha producido un milagro?”, hay que llamar a las cosas por su nombre, y, en este sentido, explotación laboral tiene un grado superior de indecencia que la, hoy en día, habitual precariedad laboral.

Por otra parte, en el asunto que nos ocupa se plantea una razonable duda sobre quién comete las irregularidades laborales y de cotizaciones a la Seguridad Social ¿Únicamente las empresas constructoras? ¿Y las hoteleras? Es un asunto que los técnicos/as en derecho laboral deberían indagar, e ilustrarnos, pero, evidentemente, y digámoslo haciendo una analogía con el fenómeno de la corrupción, para quien ha corrompido (las empresas hoteleras) tiene que tener tanta o más sanción que para quien ha practicado la corrupción (las empresas constructoras). No basta un reproche moral que, en cualquier caso, no aparecerá anotado en la memoria de Responsabilidad Social Corporativa de la hotelera en cuestión, que, por el contrario, sí exhibirá falazmente la remodelada instalación hotelera como una contribución a la mejora del modelo turístico balear, y un compromiso con, en palabras de la Presidenta Ejecutiva de la Federación Empresaria Hotelera de Mallorca, Inmaculada Benito Hernández, la “competitividad global sostenible”. Estos eufemismos esconden definiciones mucho más claras, como la del exconsejero de turismo del Gobierno de las Islas Baleares, Celestí Alomar, que afirma que “l’empresari [hoteler] local és especialment hàbil per defensar l'explotació de la seva empresa, però absolutament inútil per salvaguardar el més petit dels interessos col·lectius”.

III.- Cae uno de los mitos más apreciados por los hoteleros

El establishment turístico sostiene que hay que aprovechar el crecimiento turístico internacional para que la industria hotelera pueda contribuir positivamente al balance regional en producción, crecimiento económico, empleo, finanzas públicas, etc. (Ver la presentación de Inmaculada Benito Hernández antes citada). Para ello reclama todo tipo de facilidades (urbanísticas, medioambientales, fiscales, laborales…) y así poder seguir invirtiendo en la modernización y reconversión lujosa de su planta hotelera. Los grandes y medianos hoteleros no se esconden y explican sin tapujos que “la apuesta por la calidad está resultando muy lucrativa”, y que “temen que las empresas más pequeñas lleguen tarde y se pierdan las ventajas de la ley de 2012” [2]. Avanzo que no hay motivo para esta preocupación, tal y como contaré más adelante en el punto V de este texto.

Hay que matizar bastantes cosas a este planteamiento que ha devenido en un pensamiento mainstream, siendo, lamentablemente, la variación únicamente de matiz cualquiera que sea la adscripción política formal de quien gobierne. Empecemos matizando esto de “crecimiento turístico internacional” porque, en rigor, de lo que hay que hablar es de un crecimiento de la demanda turística, del gasto turístico global en Baleares, y, consecuentemente, de un PIB turístico regional al alza, asociado a un crecimiento inmoralmente celebrado, puesto que se sustenta en las guerras y catástrofes humanitarias de los destinos turísticos mediterráneos competidores. El crecimiento de la afluencia de turistas a las Islas Baleares es bastante proporcional a la dramática situación de muerte, no acogida, y negación de Derechos Humanos de refugiados y refugiadas[3].

Pero, sobre todo, matícese que la supuesta contribución positiva al balance regional es más bien un aporte a un estado de desigualdad creciente a base de trabajo remunerado indecentemente low cost. Los datos son tercos: a) Todos los estudios indican que el negocio de los hoteleros casi se ha duplicado en estos años de crisis-estafa global, pero la sociedad balear se ha empobrecido; b) Según los datos de la Agencia Tributaria, el 30 % de los trabajadores de Balears tiene un salario inferior al Salario Minimo [4].

IV. La falacia de la “teoría del goteo”

Parece ser que en ámbitos empresariales turísticos de Mallorca hace fortuna la expresión “rentabilidad caribeña” para referirse a los beneficios de las últimas temporadas turísticas y a la rápida amortización de las inversiones en remodelación de la planta hotelera. Lo cierto y seguro es que las informaciones que comentamos ponen de manifiesto que otro de los mitos neoliberales ha fallado estrepitosamente: la llamada teoría del goteo, es decir, la falacia según la cual la creación de riqueza –en este caso riqueza turística– supone el remedio a los problemas de pobreza e injusticia social y, por tanto, es la garantía de desarrollo humano. Esta hipótesis de que la riqueza empresarial irá acumulándose hasta llegar a un punto en que se reparta progresivamente al resto de la sociedad, se ha demostrado falsa en general y, en particular, en el caso que nos ocupa: los hoteleros mantienen su apuesta por seguir creciendo más allá de Baleares, y, a la vez, son un factor determinante en la extensión de la pobreza laboral, no sólo en las ocupaciones laborales hoteleras sino que, también, en el momento de reinvertir.

V. La dependencia al turbocapitalismo global

El pasado día 9 de enero podíamos leer en otro de los principales periódicos isleños la siguiente información “Los touroperadores pagan reformas en los hoteles para asegurarse camas en verano”. No tengo la certeza de que entre estas reformas pagadas por TTOO británicos y alemanes haya alguna de las que se realizan en base a explotación laboral. En cualquier caso, lo sensato es no descartar tal posibilidad, por lo que cabe deducir, al menos a modo de hipótesis, que la explotación laboral en la reforma de los hoteles no es un asunto exclusivo de las multinacionales hoteleras mallorquinas. Parafraseando la famosa frase de Vito Corleone en El Padrino, "No es nada personal, es cuestión de negocios", podría decirse que “No es nada de tamaño empresarial, es cuestión del sector”.

VI. El maridaje de explotación laboral y blanqueo de capitales

Existe una cierta constante histórica entre explotación y fraude laboral, y prácticas delictivas asociadas a la evasión fiscal. El caso que comentamos no es una excepción. Obsérvese que, aunque sea de pasada, el periodista que firma las informaciones más arriba citadas nos habla de “Blanqueo de capitales y nóminas simuladas que el obrero debe devolver al empresario”. Nada nuevo bajo el sol en el mundo de los negocios que combinan el tocho y el turismo. Vean como ejemplo de este maridaje la novela Crui. Els portadors de la torxade Joan Buades (quizás habría que animar al autor e investigador de Alba Sud a una edición en castellano).

……………..

En definitiva, a pesar de la extensión de esta primera colaboración para Alba Sud, la sugerencia de Ernest Cañada de estrenarme con este tema, la habría podido cumplir resumiendo con otra breve frase de P. Theroux este indecente mix de inversión turística y explotación laboral: “No hay ninguna visión del oro [el gran negocio actual del turismo] sin un tufo a excrementos”.

 

Notas:
Rafael Borrás fue secretario general de la Federación de Comercio, Hostelería y Turismo de CCOO de Balears y miembro de la Comisión Ejecutiva de la CS de CCOO de les Illes Balears. Actualmente colabora con la Fundación Gadeso, Alba Sud y con diversos medios de comunicación de Baleares, generalmente sobre asuntos sociolaborales y de turismo.
[1] El nuevo libro de Ernest Cañada, Externalización del trabajo en hoteles. Impactos en los departamentos de pisos, Barcelona, Alba Sud Editorial, 2016.
[2] Todo el paquete legislativo dictado por los hoteleros al Gobierno de las Islas Baleares durante las dos anteriores legislaturas autonómicas.
[3] Un estudio de BBVA Researchque calcula aproximadamente seis de cada 10 pernoctaciones de no residentes registradas en las Islas desde 2010 son consecuencia de las tensiones en otros países como Turquía, Egipto o Grecia. Ver noticia completa aquí: http://cadenaser.com/emisora/2017/01/15/radio_mallorca/1484471789_750853.html
[4] Ver más información aquí: http://elperiscopi.com/els-nombres-de-la-pobresa-laboral-i-de-les-pobres-pensions/

 

 

 

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