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Reportaje | Construcción de paz y DDHH | Colombia

02-10-2016

Más piedras en el camino hacia la paz en Colombia

Javier Tejera | Alba Sud

Desde Bucaramanga, Colombia, primeras impresiones de la victoria del "no" en el referendum sobre los acuerdos de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC.


Crédito Fotografía: Municipio de California. Imagen de Javier Tejera.

Los ojos del mundo estaban puestos hoy en Colombia y el 2 de octubre de 2016 pasará a la historia como el día en que se decidió mantener vivo un conflicto interminable e inexplicable. Las encuestas vaticinaban la victoria segura del ‘si’ en el plebiscito por la paz y la única duda de una parte mayoritaria de la opinión pública colombiana era saber el porcentaje final de apoyos. Sin embargo, con una alta abstención de más del 60% del censo, las encuestas saltaron por los aires y el 50,2% de los votantes optó por no refrendar los acuerdos entre el Gobierno y las FARC, frente al 49,7% que optó por el sí.

Es un hecho sin precedentes y totalmente inédito en procesos de paz y desarme de otros grupos guerrilleros en Colombia y América latina. Un auténtico golpe a las aspiraciones de tantos actores, en primera línea y en la sombra, que habían trabajado por alcanzar un acuerdo complejo, pero que ya se vislumbraba al final del túnel. Un proceso y resolución que, sin duda, iba a ser una aspiración compartida, no sólo por el conjunto de los colombianos sino por millones de personas de diferentes nacionalidades en todo el mundo. El presidente Santos queda ahora muy tocado, después de embarcar al país durante más de cuatro años en un proceso al que los ciudadanos han dado la espalda.

Era un día marcado en rojo en el calendario en el se debía dirimir si abrazar el diálogo, la reconciliación y el perdón o, por el contrario, seguir alimentando el enfrentamiento, la violencia y el uso partidista del dolor. Una cita histórica para refrendar los acuerdos de La Habana. Un texto sellado en un emotivo acto simbólico, el pasado lunes 26 en Cartagena de Indias, entre Juan Manuel Santos, presidente del gobierno colombiano, y Rodrigo Londoño, alias Timochenko, líder de las FARC.  

El proceso y la campaña para el plebiscito, que requería de, al menos, 4,5 millones de votos válidos para aprobar o rechazar los acuerdos, estuvo marcada por una fuerte polarización. Y los resultados del escrutinio así lo atestiguan, con apenas un 0,5% de diferencia entre el ‘no’ y el ‘si’. Poco más de 60.000 votos han inclinado la balanza hacia el rechazo del acuerdo. El ex presidente y senador Álvaro Uribe ha liderado la oposición frontal y el voto por el ‘no’, repitiendo hasta la extenuación al argumento de que los mayores criminales de las FARC no iban a tener un castigo adecuado y tendrían elegibilidad política.

Esta es una cuestión a la que Uribe se ha aferrado desde que comenzara la negociación y que no ha dudado en utilizar en clave política. Los resultados avalan su estrategia, tildada de manipuladora y populista por sus enemigos, pero que ha acabado imponiéndose a las tesis del gobierno, los expertos y las cabezas visibles de todo el proceso negociador. La guerrilla más longeva de Latinoamérica hubiese entregado las armas, las víctimas podrían tener luz, verdad, justicia y reparación y, sobre todo, se abriría un nuevo amanecer para muchas zonas rurales del país.

¿Y ahora qué?

El giro de los acontecimientos abre una situación de incertidumbre, ya que prácticamente nadie había previsto un plan B. La respuesta que dio Santos antes del plebiscito fue que si la población decía que ‘no’ a los acuerdos de paz con la guerrilla, seguiría la guerra. La realidad es que el procedimiento de desarme ya está en marcha. Incluso esta semana las FARC han dado información a la ONU sobre las coordenadas de sus tropas y se han producido explosiones controladas de munición en los Llanos del Yarí, al sur de la Sierra de la Macarena (departamento de Meta).

Municipio de Suratá. Fotografía de Javier Tejera.

Sin duda, influirá la postura que tome la guerrilla, que en su Décima Conferencia celebrada entre el pasado 17 y 23 de septiembre, decidió oficialmente abandonar las armas para convertirse en un movimiento político. Este hecho formaba parte del acuerdo, hoy rechazado por la población colombiana, con la condición de cumplir los compromisos de la justicia transicional. Esto hubiese implicado que los mayores crímenes cometidos serían punibles. Ahora habrá que ver si deciden seguir con el desarme, la reintegración y el cese el fuego bilateral o vuelven a la lucha armada. De momento, según palabras de su máximo líder Rodrigo Londoño tras conocerse los resultados, parece que mantendrán su apuesta por la paz.

Diferencias entre el voto rural y el voto urbano

Resulta curioso observar como el ‘si’ ganó holgadamente en muchos de los territorios rurales con mayor influencia y presencia de las FARC. En el Chocó el porcentaje por el ‘si’ alcanzó el 79% y en Vaupés rozó el 78%, mientras que en el Cauca, Putumayo, Nariño y La Guajira osciló entre el 61 y el 67%. Por el contrario, en algunas de las principales ciudades y zonas urbanas del país se impuso el ‘no’. Medellín, ciudad natal de Álvaro Uribe, es el caso más claro en este sentido, con un 62,97% de votos negativos. Bucaramanga, la capital del departamento de Santander, la victoria del ‘no’ alcanzó el 55,11%. 

Próxima a la capital departamental santandereana está la provincia de Soto Norte. Allí Alba Sud desarrolla un proceso de fortalecimiento técnico para afianzar un modelo de turismo sostenible y comunitario en los municipios de Vetas, California, Matanza, Suratá, Charta y Tona. Un nuevo horizonte en una región con un tremendo potencial natural, cultural y humano, pero muy castigada por la presencia de diferentes grupos guerrilleros, no sólo las FARC, hasta hace unos años. Un territorio en donde es prácticamente imposible no hablar con alguien que no le haya tocado la guerra de cerca.

Mi experiencia, después de muchas conversaciones, algunas bastante desgarradoras, durante parte de las fases del trabajo de campo en 2015 y ahora en 2016, es que el anhelo de paz era (y es) infinito. Me ha resultado muy inspirador hablar con personas que han sido golpeadas directamente en primera persona por el conflicto y ver cómo, a su vez, son las que con más ahínco y determinación defienden la paz. Sin rencor, sin resentimiento, con ilusión. Todo un ejemplo en el que fijarse. 

El refrendo del proceso iba a abrir una puerta a un nuevo tiempo. Una ventana para afrontar el reto social de conseguir un país menos desigual y más próspero. Sobre todo en estos territorios rurales, en donde la pobreza cobija a un 40% de la población, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) de Colombia. Ciudadanos que no cuentan con el dinero mínimo necesario para adquirir la canasta de bienes alimenticios y no alimenticios. Una circunstancia, sin duda, influenciada en parte por el lastre de un conflicto que ha generado inseguridad y que ha sido un peso difícil de levantar para generar oportunidades socioeconómicas.

Parece ser que no han sido suficientes 50 años de guerra. El enfrentamiento armado más antiguo de América, con más de seis millones de desplazados, más de 200.000 muertos y 45.000 desaparecidos, entra en una nueva fase de consecuencias, de momento, impredecibles. Sólo queda apoyar y animar a tanta gente que se está dejando la piel por sanar heridas y tender puentes. A tantas personas que siguen confiando en que la paz es el único camino a transitar, aunque a veces la humanidad se ponga zancadillas que son difíciles de entender y de explicar. Hoy es un día triste, pero el fuego de la esperanza y el perdón debe seguir más vivo que nunca.

 

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