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Dossier: Camareras de piso | Turismo Responsable

07-08-2014

María González Moral: “Tenemos que hacer 24 habitaciones cada día, y hasta 10 y 12 salidas”

Ernest Cañada | Alba Sud / Rel-UITA

Trabaja como camarerade piso en un gran complejo hotelero en Playa de Palma. Nació en Jaén pero desde hace tiempo emigró a Baleares. Ha sido camarera de comedor 7 años y 16 camarera de piso. Es delegada sindical de UGT.


Crédito Fotografía: Ernest Cañada

María González Moral trabaja como camarerade piso en un gran complejo hotelero en Playa de Palma, Mallorca. Nació en Jaén, Andalucía, pero desde hace tiempo emigró a Baleares. Aquí ha estado trabajando 7 años como camarera de comedor y 16 como camarera de piso. Indignada por los abusos y faltas de consideración decidió afiliarse a la Unión General de Trabajadores (UGT) y desde hace cuatro años es delegada sindical.

¿María, puedes contarnos cuál es tu carga de trabajo?

Tenemos que hacer 24 habitaciones cada día, y hay días que llegas a tener hasta 10 y 12 salidas. Hemos luchado para que nos quiten habitaciones, que en los meses más fuertes solo nos den 21 habitaciones, que era lo que teníamos antes. Pero de momento nos han dicho que no. Cuando subes a tu piso y ves la chuleta de trabajo del día, y que las tienes que hacer sí o sí, se hace duro.

Me imagino, y luego llega a tu casa.

Entramos a las 7.30 y salimos a las 15.30. Pero mi trabajo no termina ahí. Llego a mi casa y me voy a comprar, pongo lavadoras, cojo ropa, hago comida para el día siguiente, preparo cena, recojo mi casa, y termino a las 11 de la noche. Y a las 7 de la mañana ya me estoy tomando la pastilla porque me duele todo el cuerpo, y no tengo más remedio que hacerlo así.

¿Cómo es eso, siempre tienes que medicarte para poder trabajar?

Mi problema es la zona lumbar, ya me han hecho dos operaciones, y del túnel carpiano también estoy operada. Y encima los de la mutua de la empresa dicen que eso no tiene que ver con el trabajo que hago, ¡será de estar acostada!

A mi los doctores me han dicho que soy adicta a los medicamentos, porque tengo que tomarlos por la mañana, al mediodía y por la noche, todos los días. Hasta parches de morfina me han puesto. Ahora cuando me pusieron los parches no era yo, joder, no me dolía nada.

El problema es que el trabajo es muy intenso y continuo.

Sí, pero si hasta nos quisieron descontar los tiempos de desayuno y almuerzo. Ellos hicieron la teoría de que la media hora de la mañana y la del mediodía no la pusieron ellos. Para ellos esa hora estamos trabajando. No contemplaban que eso eran derechos adquiridos. Y nos lo quisieron quitar. Querían que viniéramos a las 7 de la mañana para poder desayunar, para que a las 7.30 ya empezara nuestro trabajo. Y ahí nos opusimos todas a una. Ahí dijimos todas que ni hablar, que esos derechos eran adquiridos y no nos lo quitaba nadie.

En este caso haces referencia a la unidad de todas las trabajadoras, pero antes conversábamos y me decías que con las eventuales teníais problemas.

Es que las eventuales hacen lo que les piden y más. Y esto nos perjudica a nosotras, claro, pero hay que entender la situación de cada una. Yo por suerte tengo trabajo, soy fija discontinua, y tengo 6 meses de trabajo asegurado, pero una eventual que tiene dos meses de trabajo tiene que aprovechar horas, días libres, lo que sea. En esos dos meses tienen que procurar llevar más dinero a sus casas. Que no nos encontremos nosotras en esa situación. Si yo solo tuviera dos meses de trabajo haría exactamente lo mismo que ellas. Está claro que es la empresa la que le pone sus condiciones, y es quien más se beneficia, pero ellas no lo tienen tan fácil para decir que no les interesa hacer esto o aquello.

En los últimos años has sido delegada sindical, ¿cómo ha sido tu experiencia?

En muy poco tiempo he aprendido mucho, pero también me he sentido decepcionada, por las compañeras, no por el sindicato. El sindicato, la verdad, es que se ha portado muy bien.

¿Por qué decepcionada?

A veces lo que ocurre es que tienen un problema, sobre todo las eventuales, pero también las fijas discontinuas, y tú vas y subes con ellas al despacho y luego dicen que ellas no han dicho eso. Y te dejan por embustera. Por el miedo. O se quejan por algo y nosotras les decimos que las acompañamos y las ayudamos, pero que tienen que hablar ellas, entonces se echan para atrás.

 

 

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