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Especial Brasil 2014: El campeonato de la desigualdad | Turismo Responsable

11-06-2014

Copa 2014: ¿de qué estamos hablando?

Sandra Quintela,  miembro de de Jubileo Sur Brasil y el Instituto de Políticas Alternativas para el Cono Sur( PACS), analiza las tomas de posición de diferentes sectores sociales y políticos de Brasil ante la Copa organizada por la FIFA.

De acuerdo a las reglas de la FIFA, si este artículo fuese mercancía yo debería pagar royalties o una patente para usar la palabra Copa 2014. Tal cual. La FIFA patentó las marcas FIFA, COPA DEL MUNDO, COPA 2014, BRASIL 2014 y el nombre de todas las ciudades sede seguido del 2014, entre otras marcas. Según el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INPI), la FIFA posee en la actualidad 1.116 marcas registradas en Brasil.

Además,  el artículo 11 de la Ley General de la Copa establece que los estadios que serán sede de los partidos del mundial en Brasil, deberán  tener un  “área de exclusividad”, cuyos límites serán “debidamente establecidos por la autoridad competente, considerados en los requerimientos de la FIFA o de terceros por ella indicados, (…) observado el  perímetro máximo de  2 Kms.  alrededor de los referidos Locales Oficiales de Competición”. O sea,  en un área  de radio de 2 Kms.  en torno a los estadios, todos los comerciantes y habitantes deberán ser registrados. El comercio interrumpido antes y después de los partidos. Además  de la prohibición del trabajo de vendedores ambulantes en los días de partido, próximo a las arenas. 

Estos dos ejemplos, tal vez pequeños ante tanta injerencia de una empresa privada, como lo es la FIFA, sobre la soberanía de un país, son cosas que vienen inquietando a amplios sectores de la sociedad brasileña en las protestas sobre varias cuestiones, pero, que en el símbolo de la Copa, encontraron un punto de convergencia.

También hay mucha confusión en todo esto. Para algunos, principalmente los sectores cercanos al gobierno, criticar la Copa es hacer el juego de la oposición en un año electoral. Para otros, de la vieja élite conservadora y neoliberal, el momento es propicio para criticar de preferencia desde Miami, la desgracia que es Brasil.

Hay también aquellos que comprensiblemente se vienen manifestando durante todo el período de los gobiernos del PT por vivienda, por educación y salud pública, por movilidad urbana, etc.

Y hay organizaciones, movimientos y comunidades impactadas por las obras del mundial que comenzaron a organizarse a fines del 2010 para denunciar los impactos de la Copa sobre los territorios más frágiles, como la población de calle, que perdieron su vivienda (250 mil personas de las 12 ciudades sede), sobre los trabajadores ambulantes, en fin, grupos que están absolutamente al margen de los movimientos sociales más tradicionales. Juntos, los doce Comités Populares de la Copa forman la Articulación Nacional de los Comités Populares de la Copa, ANCOP.

Entonces, excluyendo el oportunismo de la vieja derecha, tenemos: por un lado a la FIFA con todo el aparato privatizador con el consentimiento del gobierno federal; por otro las movilizaciones de todo tipo que no paran de crecer.

¿Va a tener Copa? ¡Sí, va a tener! ¿Habría invertido Brasil más en salud, educación, transporte público, etc., si no fuese por la Copa? No. ¿Y por qué no? Porque el modelo de desarrollo en curso en Brasil y en varios países de América Latina, establece como prioridad, por una parte, megaemprendimientos económicos centrados en la exportación de commodities agrícolas y minerales. Y por otra, políticas sociales que son dirigidas a las poblaciones más empobrecidas, como el Bolsa Familia y otros programas similares en toda la región que, siendo importantes, son insuficientes para la superación de las desigualdades estructurales de la región. Hoy, según datos del Banco Mundial, una de cada cuatro familias en América Latina es beneficiaria de programas de tipo  “compensatorio”.

Territorios enteros de los pueblos tradicionales de nuestra América están siendo barridos por el avance de las transnacionales y sus negocios. Financiados, en general por el Estado que  asegura la infraestructura, los libra de impuestos, flexibiliza las leyes de protección ambiental y de trabajo. Megaeventos como la Copa, están siendo usados como aceleradores  de estas intervenciones en el proceso de privatización de nuestras ciudades. Se facilita la elitización, la ciudad como instrumento en las manos de las constructoras y la consecuente especulación inmobiliaria. Este modelo va abriendo fronteras cada vez más distantes del centro de las ciudades y creando un modo de vivir dependiente de vehículos para la locomoción, instalando un estilo de vida cada vez más cerrado en condominios y cada vez menos en la calle, en la vida callejera.  

Así, en vísperas de la Copa no podemos caer en el discurso oportunista tan usado ahora por los grandes medios de comunicación. Muchos de los que hoy en Brasil hablan de corrupción, uso excesivo de recursos públicos, etc., como consecuencia de la Copa son y siempre fueron cómplices y hasta protagonistas de este esquema. Y hoy, cínicamente se dicen guardianes de la moral y de las buenas costumbres políticas.

Lo que nosotros criticamos en la Copa es el modelo de desarrollo capitalista, materializado en la realización de este evento. El agronegocio y la Copa, por tanto, son cara y sello de una misma moneda: la privatización de la vida, de las ciudades y de los bosques.

No es por eso acaso que en la última semana de mayo, más de 100 etnias indígenas protestaron en Brasilia, junto al Comité Popular de la Copa de allá. Las poblaciones indígenas entendieron perfectamente la conexión entre el retroceso en el proceso de demarcación de sus tierras, amenazadas por el agronegocio y la mega-minería, con lo que está aconteciendo en las ciudades sedes de la Copa.

Nuestra crítica a la Copa es la misma crítica que hacemos a un Estado al servicio del capital. Un Estado que se abstuvo de realizar políticas universales y que centra cada vez más su acción en focos específicos, dejando de lado totalmente el entendimiento de los problemas que deben ser  enfrentados en países como los nuestros.

Por esto, la pregunta al inicio de este artículo: ¿cuando hablamos de la Copa, de qué estamos hablando específicamente?

 

Artículo publicado en el marco del acuerdo de colaboración entre Jubileo Sur Américas y Alba Sud.

 

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