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Artículo de Opinión | Recursos Naturales y cambio climático | Cataluña

01-04-2014

La degradación del patrimonio natural en Cataluña

Llorenç Planagumà | CST / Alba Sud

El sábado 29 de marzo de 2014 durante una jornada celebrada en el Instituto de Estudios Catalanes (IEC), diferentes expertos pusieron de manifiesto el avance de la degradación de importantes elementos del patrimonio natural del país.


Crédito Fotografía: Imagen del Canal Segarra-Garrigues en 2010. Foto de Masia Vilalta (bajo licencia creative commons).

El sábado pasado unas ciento treinta personas participaron en una jornada que analizaba las tendencias hacia la degradación del patrimonio natural de Cataluña. La gran mayoría eran representantes de entidades naturalistas y ecologistas y expertos en la materia. El análisis que hicieron diferentes especialistas fue coincidente: en los últimos años se han perdido o degradado fuertemente elementos importantes del patrimonio natural de nuestro país. Se pueden citar como ejemplo la pérdida de aves de hábitats esteparios, del coral en los hábitats marinos o la regresión de la gestión de los parques naturales. Los impactos en el medio natural también han provocado impactos negativos económicos y sociales, además de una pérdida de oportunidades de futuro para las poblaciones locales más vinculadas a esos territorios.

De todas las ponencias presentadas en este artículo quisiera destacar aquellos elementos del patrimonio natural y la biodiversidad que tienen afectaciones directas según tipo de desarrollo económico por el que apuesta una región. Durante la jornada se evidenció que el turismo basado en la ocupación del litoral por parte de hoteles y segundas residencias tiene consecuencias directas en la regresión de la biodiversidad marina en la primera línea de costa. Si se tiene en cuenta que el 75% del litoral catalán está urbanizado, es imposible que los hábitats marinos se recuperen y menos si desde la administración no se dedican recursos. Por ejemplo, recuperar una playa como la de Blanes del efecto del levante puede tener un coste de 3 millones de euros al año, cantidad muy superior al dedicado en esa franja de costa a recuperar los ecosistemas marinos. En estos momentos se prioriza el turismo de sol y playa por encima de los ecosistemas marinos, cuando en una economía pensada a largo plazo se debería tener más en cuenta la sostenibilidad del medio ambiente.

Otro ejemplo clarificador de una mala política rural es la pérdida de pequeñas explotaciones agrícolas sustituidas por grandes explotaciones en la zona de Lleida. La rentabilidad ecológica de este proceso es claramente negativo, tal y como muestran los expertos. La causa es la pérdida del hábitat estepario y la desaparición de especies de aves, como por ejemplo la avutarda o la ganga ortega. La conservación de pequeñas explotaciones genera más hábitats y económicamente un reparto más justo de los beneficios de la producción agrícola. Otro de los graves problemas es el canal Segarra-Garrigues, que está provocando un cambio de usos del suelo de secano a regadío y una pérdida de caudal del río Segre y, por tanto, también del Ebro en su tramo final.

Todos los casos que se expusieron durante la jornada apuntaban en la misma dirección: el patrimonio natural constituye un indicador esencial de la salud del territorio y, por tanto, de la economía y de la sociedad. Debe ser visto más como una fuente de servicios y oportunidades, de empleo y actividad económica que como un problema. Por ello se considera que los recortes del presupuesto destinado a la gestión del medio natural, el incumplimiento de obligaciones y disposiciones legales o el desmantelamiento de las políticas de conservación del patrimonio natural, entre otros, han llevado a Cataluña a una situación insólita: si hace veinte años Cataluña destacaba positivamente en el contexto español en cuanto a las políticas de conservación del patrimonio natural, ahora está a la cola en aspectos como el normativo, la planificación y gestión y el cumplimiento de la normativa vigente.

Por todo ello unas setenta entidades naturalistas y ecologistas, universidades y colegios profesionales se han unido en defensa del patrimonio natural. Juntos han elaborado la Declaración a favor del patrimonio natural de Cataluña, leído en la clausura de la jornada del sábado, que exige entre otras cosas que se detenga el desmantelamiento de las políticas de conservación del patrimonio natural; que se mantengan o recuperen, cuando proceda, los programas de investigación y de seguimiento del patrimonio natural; concentrar, por razones de coherencia y eficacia, las competencias sobre gestión y planificación del patrimonio natural en un solo departamento del Gobierno de Cataluña (de esta manera la acción política sobre el patrimonio natural se podría coordinar mejor con las diferentes políticas sectoriales que inciden sobre este patrimonio y que, a menudo, se benefician).

 

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