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Reportaje | Turismo Responsable | Costa Rica

02-02-2014

De campesinos a meseros. De cómo el turismo a gran escala transformó a la sociedad costarricense

Grettel V. Navas | Alba Sud

El crecimiento del turismo de enclave en Guanacaste ha provocado que las comunidades rurales optaran por migrar, vender sus tierras o insertarse en esta reconfiguración económica desde la subalternidad, con salarios mal pagados y de bajo nivel.  


Crédito Fotografía: Grettel V. Navas

“An increasingly felt need of those working at the intersection of environment, culture and development,
despite the fact that the development experience has meant for most people a sundering of local life
from place of greater depth than ever before” 

(Arturo Escobar, 2001)

 

El peso creciente del turismo

A partir de la década de los noventa, Costa Rica se inserta en la economía global con un modelo de desarrollo de apertura y libre mercado que se caracteriza por tener tres actividades principales: agricultura extensiva (piña, banano y café principalmente), tecnologías de la información (con la llegada de INTEL en 1997) y  turismo, actividad que crece con mayor rapidez. 

El turismo representa para el país el 5% del Producto Interno Bruto y según el Instituto Costarricense de Turismo (ICT), en el 2011 llegaron al país 2.192.059 turistas (ICT, 2012), casi el 50% de la población costarricense. Creó 150 mil empleos directos y 400.000 indirectos (ICT, 2011). Nada desdeñable para una población de 4.301.712 habitantes (INEC, 2011). Estos últimos indicadores son apreciables en términos nacionales, pero a nivel local, las consecuencias sociales y ambientales que el turismo ha llevado a las comunidades son muy disímiles, especialmente en las comunidades rurales quienes en muchos casos se han visto obligadas a emigrar, a vender sus tierras u optar por diversificar sus actividades para sobrevivir ante esa transformación económica. 
 
Es indudable que con el ingreso de la actividad turística a gran escala y en un lapso relativamente corto debe producirse una transformación de las sociedades rurales. Ante este panorama, la pregunta a responder es la siguiente ¿Cómo se ha transformado la sociedad campesina costarricense con la llegada del turismo a gran escala y cuáles son los factores que les permiten insertarse en esta reconfiguración económica? Para ello se toma como estudio de caso a la provincia de Guanacaste ubicada en la zona norte del país. Esto por ser la provincia más atractiva para la inversión extranjera, tanto así que se construyó un aeropuerto internacional para facilitar el acceso y además es el ejemplo clásico de transformación de una vieja ruralidad (las actividades principales eran ganadería y agricultura) hacia una nueva ruralidad (diversificación de espacios y de actividades productivas del campesinado) (Kay [2007], Schneider [2009], De Grammont [2010]). Asimismo, para saber a qué tipo de turismo se hace referencia, Allen Cordero de FLACSO Costa Rica caracteriza el caso de Guanacaste como un turismo de masas que -como su nombre lo indica- es un turismo a gran escala, en su mayoría de capital extranjero, requiere de grandes infraestructuras y no prevén la capacidad de carga ni de los ecosistemas ni de las sociedades. Una de sus características es el “todo incluido” que produce una desconexión con la realidad sociopolítica y económica local (Cordero, 2011:137). 
 
De ahí que pueda hacerse referencia a un turismo de “enclaves”, o parafraseando a André Gunder Frank se produce un fenómeno de “sociedades duales”, en las que se denotan diferencias sustanciales tanto en el paisaje (canchas de golf que limitan con ganaderos o pequeños agricultores) como en los patrones de consumo (un choque cultural entre los guanacastecos humilde ante un extranjero con una cultura de despilfarro) lo que a su vez se traduce en el nacimiento de nuevas identidades (Bauman, 2009). 
 
Para limitar este análisis escogí únicamente tres variables para caracterizar las principales transformaciones: migración, empleo y tenencia y uso de la tierra. Por último y para responder en cómo pueden las sociedades rurales logran insertarse en esta nueva dinámica económica, utilizo el concepto de pluriactividad, caracterizado tanto por Sergio Schneider como por Cristóbal Kay. 
 
Migración y empleo 
 
Históricamente las migraciones en la provincia de Guanacaste eran de estilo campo–ciudad. Las comunidades campesinas emigraban a buscar mejores oportunidades de estudio para insertarse poco a poco en un mundo laboral que les diera un status social y una calidad de vida mejor. La idea del desarrollo ascendente hacia la modernidad (Rostow, 2005) mediante la migración a la ciudad era la idea que prevalecía (o prevalece aún) en Guanacaste. Muchos fueron los que migraron a San José (capital de Costa Rica) y al terminar sus estudios la mayoría encontraba empleo en la ciudad, dejando atrás las actividades agrícolas y aquellas otras propias del campesinado. 
 
Con la llegada del turismo se da un cambio en los patrones de migración. Primero, al encontrar algún tipo de trabajo en la zona, ya no se emigra a la ciudad. Sigue el fenómeno rural–urbano, pero se suma la migración de lo urbano a lo rural. Claro está, quienes emigran a lo rural, no van a realizar actividades agrícolas si no que van a establecerse como pequeños empresarios con actividades paralelas al turismo o bien, extranjeros de edades avanzadas que optan por un destino alejado de sus ciudades para pasar los últimos años de su vida en el confort y la tranquilidad. 
 
Sea cuál sea la razón, cada vez hay un menor número de personas que trabajan en la actividades agrícolas en la provincia. Según el CENSO del 2000 del total de la población económicamente activa, el 26% trabajaba en agricultura, en ganadería o actividades pesqueras, mientras que el 20% de la población trabajaba en actividades relacionadas con la industria turística (restaurantes, hoteles, transporte). Sin embargo, para el año 2011 únicamente el 17% de la población estaba dedicada a las actividades agrícolas, ganaderas o pesqueras y el 22% trabajaba en actividades relacionadas con el turismo. Las otras actividades corresponden a administración pública, comercio, enseñanza y servicios comunitarios. 
 
Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Censo 2000 y 2011.
 
El gráfico anterior muestra una disminución porcentual de la actividad agrícola, ganadera y pesquera en un 3% y un aumento de la actividad turística únicamente en un 2%. Es claro que hay un porcentaje de personas que están dejando sus actividades agrícolas y que el turismo no está captando, pero que tampoco los capta otra actividad siendo Guanacaste una de las provincias con más inversión extranjera y en la que hay más desempleo. 
 
La explicación se basa en que este tipo de turismo tiende hacia la concentración del capital y además excluyen a las comunidades locales de participar en este nuevo motor económico y aquellas que logran insertarse, se insertan desde la subalternidad con trabajos temporales y mal remunerados tales como peones, en puestos de limpieza, seguridad, choferes, meseros (quienes no saben inglés). O bien, guías, traductores, vendedores (especialmente jóvenes que sí dominan inglés). 
 
Aviso de trabajo en Sardinal de Carrillo: “Se ocupan peones y operarios. Requisitos: carnet salud, cuenta banco nacional activa e identidad al día". Foto de Grettel V. Navas.
 
Tenencia y uso de la tierra 
 
El aumento de la compra de tierras para la actividad turística ha producido en el país un encarecimiento de la tierra lo que lleva a impuestos más altos que afectan de igual manera a los campesinos. Además la creciente urbanización ha producido una disminución en las tierras de cultivo, sólo en un año y medio (2006-2007) hubo un aumento en la construcción de casas de un 171%, un aumento en la construcción de complejos de condominios y apartamentos de un 40%. (Salas, 2008). 
 
Aviso de venta de apartamentos en Playa Ocotal, Sardinal, Carrillo. Foto de Grettel V. Navas.  
 
A eso hay que aunarle una distribución desigual de los recursos naturales, especialmente del agua que es controlada en su mayoría por la empresa privada turística para regar canchas de golf dejando a la comunidad sin acceso al recurso, lo que ha desatado conflictos ecológicos distributivos como el conflicto de la comunidad Lorena en Santa Cruz y el de la comunidad de Sardinal en el cantón de Carrillo. 
 
Entre otros puntos, el acaparamiento de tierras para fines turísticos se concentra en pocas manos dejando al campesino costarricense desposeído de su medios de producción principal (la tierra) que lo obligará a insertarse en la industria turística como asalariado, migrar a buscar nuevas oportunidades a la ciudad o en el extranjero o bien reinventarse como trabajador con una actividad paralela al turismo (artesanías, cocina y venta de refrescos u otros servicios). 
 
Trabajo informal, venta de granizados en Playa del Coco, Sardinal, Carrillo.  Foto de Grettel V. Navas.
 
Factores de inserción
 
Una de las características principales de la “nueva ruralidad” es la pluriactividad. Varios son los autores que han trabajo este concepto, a groso modo consiste en cómo las sociedades rurales van diversificando sus actividades productivas, sin dejar de lado sus actividades agrícolas. En el caso del turismo se pueden mencionar ejemplos como artesanías, venta de comidas, clases de surf o trabajos temporales en empresas turísticas entre otros. 
 
Algunos autores como Sergio Schneider, definen a la pluriactividad como una posibilidad de inserción: 
 
A mercantilização crescente da vida social e econômica modifica as dinâmicas das relações rural-urbana e não pode ser vista apenas como uma ameaça ou um limite as regiões rurais. Pelo contrario, a aceleração das trocas e das interações entre o rural e o urbano abre também novas possibilidades, como por exemplo, o incremento dos serviços, do turismo e da pluriatividade das famílias (Schneider, 2009: 15).
 
Por otra parte, Cristóbal Kay, la define como una actividad que debe ser acompañada de un uso equitativo de la tierra y de un empoderamiento del campesino, sino, se caerá en más desigualdad en detrimento de la sociedad rural: “En cierto modo, la nueva ruralidad es el resultado del neoliberalismo y promover la pluriactividad sin cambiar el contexto es reproducir el neoliberalismo y con ello la explotación y el despojo campesino” (Kay, 2007: 33) 
 
Con el turismo hay que tener presente que la pluriactividad no será permanente, hay una variable de gran relevancia y es su temporalidad. El turismo per se no es una actividad que usa constantemente la misma cantidad de mano de obra. Cuando hay temporada alta, es requiere de una mano de obra más numerosa, es ahí donde algunos campesinos pueden participar, el resto del año y para poder subsistir deben seguir con sus actividades tradicionales (ganadería y agricultura). De ahí que, otro autor sin mencionar el término pluriactividad hace una caracterización de familias “semiproletarias”:
 
Estamos ante la presencia del un semiproletariado o más precisamente, ante la familia semiproletaria. La familia semiproletaria se reproduce parcialmente como campesina, con medios de producción propios y fuerza de trabajo familiar, y parcialmente como asalariada, vendiendo su fuerza de trabajo al capital. Su vinculación subordinada como campesino al capital es la que condiciona su carácter de proletario y su relación con el capital como asalariada es la que permite su reproducción como campesino (Fernández, 1989: 38).
 
A groso modo lo que se quiere señalar es que sí hay mecanismos para que las familias campesinas puedan obtener beneficios de las ganancias económicas del turismo. La disyuntiva consiste en responder desde dónde se integran ¿desde el empoderamiento o desde la subalternidad? 
 
Cuando hay grandes capitales extranjeros y el turismo es de masa y a gran escala como el de Guanacaste y se requiere de personal  calificado, que hable inglés, que haya estudiado carreras como administración, marketing, contabilidad, finanzas, las oportunidades del campesino por su poca preparación en esos campos  son escasas. 
 
Para ejemplificar lo anterior se extrae una declaración del documental “Quebrando los huevos de oro” realizado por Center of Responsable Travel (CREST). Rafael Pizarro, del pueblo de Sardinal, dice lo siguiente: “vienen en avión, llegan al aeropuerto, van al hotel, ahí comen, beben y se van, al pueblo no le queda nada” (CREST, 2010). 
 
Entonces,  si bien es cierto el turismo ha llevado a la zona trabajo y ha permitido que los campesinos diversifiquen sus actividades la línea difusa consiste en identificar si mediante la pluriactividad las comunidades se empoderan con actividades productivas (ellos son dueños de sus factores de producción), quedan al servicio del capital o son segregadas totalmente. La pregunta es entonces: ¿Cómo puede insertarse un campesino que tradicionalmente ha sido ganadero o agricultor al mercado del real state, a dar hidromasajes o a atender personas que ni siquiera hablan español? ¿Se debe insertar el campesino a esa economía, o la economía debe ajustarse a la realidad de la zona? 
 
El turismo a gran escala en la provincia de Guanacaste lleva ya casi dos décadas y ha demostrado consolidarse como un modelo excluyente que parte de una lógica de acumulación por despojo (Harvey, 2003) aunque algunos (alcaldes, ministros, presidente) lo justifican con el empleo y los beneficios “chorreo” que obtienen las comunidades locales.  
 
El Coco, Sardinal de Carrillo. Foto de Grettel V. Navas.
 
El Coco Sardinal de Carrillo. Foto de Grettel V. Navas.
 
Conclusiones
 
A manera de conclusión es claro que el aumento de migraciones hacia la zona rural así como el incremento en las construcciones en detrimento de las tierras agrícolas hacen que Guanacaste se deba definirse como una provincia tanto rural como urbana.  Como segundo punto, la pluriactividad puede ser una oportunidad de inserción de las comunidades rurales hacia una dinámica económica distinta, no obstante deben existir análisis claros sobre desde dónde se realiza esta pluriactividad. Que no quepa la idea del semiproletariado de Fernández ni tampoco la pluriactividad como reproducción del neoliberalismo de Kay, si no que, en efecto, sea una oportunidad como lo define Schneider. 
 
En el caso guanacasteco, no necesariamente la pluriactividad ha sido beneficiosa para las comunidades. Como se mencionó anteriormente la clave está en si se realiza una actividad de empoderamiento o de subordinación. Personalmente creo que en esta línea difusa es donde debe ingresar el papel del Estado, si desea apostar por este modelo de desarrollo turístico para mantener sus indicadores económicos crecientes, los mandatarios deben ser conscientes de que debió haber un proceso de transición, de capacitación a las comunidades locales para darles las bases de inserción a esta reconfiguración económica de la zona. Ya que en ausencia de dicha planificación, las comunidades por sí solas han optado por emigrar, vender sus tierras o bien encontrar estrategias de supervivencia ante este gran capital que abarca todo, hasta el agua. 
 
Asimismo, la variable lingüística crea diferenciación campesina intergeneracional. Normalmente son los jóvenes quiénes tienen más oportunidades para aprender inglés de ahí que se inserten en el mundo laboral del turismo con un puesto superior o de mejor ingreso que una persona (normalmente de mayor edad) que sólo puede trabajar como mesero, chofer o en actividades de limpieza.
 
El Estado, como ente regulador entre el capital extranjero y la comunidad, debe a partir de ahora establecer los límites al crecimiento turístico. En este punto hay un llamado a la institucionalidad estatal que ha estado otorgando permisos de construcción sin una planificación urbana clara. Sin tener en cuenta las consecuencias en la heterogeneidad en el paisaje, en la desigualdad que produce ni en la capacidad de los ecosistemas (especialmente hídricos) para abastecer la demanda. Por ejemplo, en Costa Rica no hay una legislación que ponga límites a la compra de tierras para fines turísticos, tampoco que las inversiones extranjeras deban cumplir con alguna cuota de empleo y capacitación a las comunidades locales.
 
En este proceso de “desarrollo”, el Estado ha fallado notablemente con las comunidades locales y las comunidades rurales para favorecer al capital extranjero. Por las ansías de atracción turística se está invisibilizando los efectos que estas inversiones pueden tener a nivel local especialmente en las comunidades rurales quienes por muchos años fueron los agricultores que dieron de comer al país y hoy para sobrevivir no tienen más que vender su tierra y ser meseros. 
 
 
Referencias bibliográficas: 
Bauman, Zygmunt (2009). Tiempos líquidos: vivir en una época de incertidumbre. Barcelona: Tusquets. 
CREST (Center of Responsible Travel) (2010). Quebrando los huevos de oro. Documental disponible en Youtube
Cordero, Allen (2011). “La vertiente social de los centros históricos del turismo. Los casos de Playas de Coco, Limón y Puntarenas (Costa Rica)” En: Turismo Placebo. Ernest Cañada Mullor y Macià Blázquez (eds). Managua: EDISA. 
De Grammont, Hubert (2010). ¿Nueva ruralidad o nueva sociología rural? Discurso realizado en VIII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología Rural Porto de Galinhas, Pernambuco, Brasil. 15-19 de noviembre 2010. 
Fernández, Mario (1989). “Acceso a la tierra y reproducción del campesinado en Costa Rica". Ciencias Sociales N. 43 31-41. 
Harvey, David (2004). “El nuevo imperialismo”. Madrid: Akal. 
ICT (Instituto Costarricense de Turismo) (2011). Página oficial
ICT (Instituto Costarricense de Turismo) (2012). Boletín turístico 2012.
INEC (Instituto Nacional de Estadística y Censo) (2011). Página oficial
Kay, Cristóbal (2007). “Reflexiones sobre estudios rurales latinos”. Iconos N. 29: 31-50.
Rostow, Walt Whitman (1961). Las etapas del crecimiento económico: un manifiesto no comunista. México: Fondo de Cultura Económica. 
Salas, Alberto (2008). Desarrollo hotelero e inmobiliario en zonas costeras de Guanacaste. Ponencia de Cámara Costarricense de Turismo. San José. 
Schneider, Sergio (2009). “Territorio, Ruralidade, e Desenvolvimento” En: Las Configuraciones de los Territorios Rurales en el Siglo XXI. Fabio Velázquez, Juan Medina y Guillermo Ferro (Eds) (67-108). Bogotá: Editorial Pontifícia Universidad Javeriana. 

 

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