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Actualidad Alba Sud | Recursos Naturales y cambio climático

23-08-2009

Gordon Brown: cosmética nórdica para seguir friendo el planeta, por Joan Buades

Del 7 al 18 de diciembre de 2009 Copenhague será sede de la próxima Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, de la que debe salir un nuevo tratado que sustituya al de Kioto. Con esta nota, ALBA SUD inicia la serie de artículos COPENHAGUE: CUENTA ATRÁS en los que daremos seguimiento a este proceso.

COPENHAGUE 2009: CUENTA ATRÁS (1): Gordon Brown: cosmética nórdica para seguir friendo el planeta, por Joan Buades

La cita es en diciembre. En Copenhague, el mundo intentará llegar a un acuerdo para sustituir el actual Tratado de Kyoto. A diferencia de 1997, sabemos que la comunidad científica se equivocó: cada nuevo informe del Panel Internacional del Cambio Climático (IPCC) agrava las previsiones de aumento del efecto invernadero. El riesgo de que el futuro tratado imponga reducciones drásticas obligatorias en industrias clave, especialmente en el Norte, está provocando un intenso esfuerzo de lavado de imagen por parte de sectores hasta hoy oportunamente sustraídos al esfuerzo común en favor de la estabilización del clima así como de gobiernos dóciles e insensibles a los intereses vitales de la humanidad.

Gordon Brown, el primer ministro británico, representa un ejemplo revelador. El pasado julio proponía recaudar 100 millardos de dólares antes de 2020 a través de un nuevo «mercado de emisiones», centrado en la importantísima factura climática del transporte aéreo y marítimo ignorada en Kyoto. Su destino sería mitigar los efectos del cambio climático, especialmente en el Sur. Simultáneamente, su gobierno lanzaba una «Hoja de Ruta a Copenhague» donde hacía gala de la «pequeñez» de la huella climática británica y, de paso, apostaba por un incremento sustancial de la peligrosísima energía nuclear. Naturalmente, en el Roadmap, el Reino Unido es presentado como aspirante a líder mundial en la lucha contra el cambio climático y descubre sus cartas al apostar por la creación de un vasto nuevo «mercado» financiero a partir de los «derechos» de contaminación inventados por la climocracia de Kyoto. La solución «inteligente» a un clima en ruina vendría de una eficaz cooperación en términos neoliberales entre unas industrias capaces de rentabilizar la nuclearización y de generar sumideros neocoloniales de dióxido de carbono en muchos países del Sur, lo cual, encima, podría presentarse como una nueva ola de «ayuda al desarrollo» incluso en la estela de los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas.

La ocurrencia de Brown es ilustrativa porque afecta a dos pilares de la globalización «olvidados» en Kyoto: la aviación internacional y la logística en containers por vía marítima. Sólo en su parte relacionada con el turismo, la factura oscila entre el 5 y el 14% del total de emisiones y la tendencia es a un aumento enorme cuando el consenso científico reclama una reducción mínima del 50% hacia 2050 sobre los niveles de 1990.Lo más aleccionador de la jugada de Brown es que, apenas una semana después de su «espot climático», su gobierno confirmaba que «no estaba preparado» para fijar el nivel de emisiones de la poderosa aviación británica que debe servir de base para cumplir con la Directiva Europea sobre Comercio de Emisiones. En resumen: el miedo a un Tratado de Copenhague potente, que genere derecho ambiental global y que pueda afectar a sectores hasta ahora en la impunidad (como el turismo internacional y el transporte marítimo de mercancias), está activando, a través de gobiernos nórdicos amigos, estrategias de lavado de imagen verde («greenwashing») de industrias letales para el clima común. Con una muleta se apoya en la proliferación nuclear y con la otra pretende exprimir aún más al Sur con la excusa climática. La partida se decidirá entre esta turbia cosmética a la Brown al servicio de los lobbies industriales y la sensatez de la comunidad científica y los movimentos por una justicia climática global. Por la cuenta que nos trae como una sola humanidad amenazada, conviene no olvidarlo.

 

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