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Artículo de Opinión | Recursos Naturales y cambio climático

09-04-2013

No habrá Nueva Cultura del Territorio sin una Nueva Cultura de la Energía

Raül Valls | Alba Sud / CST

Intervención pública el pasado sábado 6 de abril de 2013, en Riudaura (Cataluña) en un acto convocado por la Plataforma Riudaura Junts contra el Fracking.


Crédito Fotografía: Trepax (bajo licencia Creative Commons)

El Centre per a la Sostenibilitat Territorial(CST) nació con la vocación de convertirse en puente de diálogo y comunicación entre los movimientos sociales en defensa del territorio y los sectores de expertos e intelectuales que están proponiendo alternativas en el tránsito hacia una sociedad en paz con el planeta. El CST quiere acompañar a estos movimientos y plataformas, nutrirlos de contenidos y apoyarlos en todas aquellas carencias que todo movimiento o entidad puede tener a la hora de enfrentarse con los poderes políticos y económicos [1].

La Plataforma Riudaura Junts contra el Fracking está mandando un mensaje muy claro y contundente: no habrá Nueva Cultura del Territorio sin una Nueva Cultura de la Energía. El modelo energético de una sociedad es crucial para definirse como tal y establecer su relación con el medio ambiente que le rodea. El modelo depredatorio y destructor del entorno que hoy tenemos es la consecuencia negativa de una cultura energética extractivista, que a pesar de haber aportado unos niveles de bienestar inéditos para la humanidad, no es más que un pequeño paréntesis en la historia universal. El pasado fue de las energías renovables (sin conciencia de serlo) y el futuro será de nuevo de estas energías. El petróleo, el carbón y el gas nos han proporcionado un avance impresionante para la civilización y debemos reconocer que gran parte de los rápidos avances técnicos y científicos, así como un crecimiento sin precedentes de la población humana y de su esperanza de vida. Sin embargo este espectacular crecimiento y progreso amenaza hoy la salud y el futuro del planeta. El cambio climático y la pérdida de biodiversidad son la parte negativa de dos siglos absolutamente prodigiosos.

El filósofo alemán Walter Benjamin en un aforismo reinterpretando a Karl Marx decía: "Marx dijo que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Pero quizás las cosas se presentan de una manera muy diferente. Puede ser las revoluciones son el acto por el cual la humanidad que viaje en el tren aplica los frenos de emergencia". Necesitamos una transformación revolucionaria que cambie el modelo energético y la manera en que nos relacionamos entre nosotros y con el planeta. Las energías fósiles han acelerado el curso de la historia, pero esta velocidad amenaza a los mismos que la hemos estrechado y quemado de una manera cada vez más rápida y masiva. Por tanto toca reducir la velocidad, hacer el tránsito hacia las energías renovables y asumir que estas nos pueden dar una vida digna y feliz pero que no será la del crecimiento ilimitado y consumo desaforado de los últimos dos siglos.

La gente de Riudaura ha intuido eso, ha visualizado la amenaza a su salud y la de los demás. Ha visto su derecho a un entorno bello y pacífico en peligro. La salud del territorio es también nuestra salud. Pero no se han quedado simplemente con una intuición reactiva, sino que han buscado conocimientos y argumentos sólidos para defender su modo de vivir y el carácter de su pueblo.

Estamos hablando de una ciudadanía que ejerce la democracia en su sentido más radical y vivo y que quiere ser cada día más sabia. Cada vez estamos más lejos de aquellos tiempos donde la ciencia y el conocimiento estaban en pocas y privilegiadas manos y al único servicio del poder económico de turno. Hoy este conocimiento se puede y se debe poner al servicio de la mayoría y de sus intereses y necesidades.

La opacidad de la posición del gobierno y de las empresas ha despertado incluso la desconfianza de aquellos sectores que normalmente suelen ser favorables a estas propuestas. Y esto no deja de ser sintomático de la poca claridad y futuro de todo este proceso. Ante la realidad de un Estado débil y al servicio de los poderes económicos del viejo y caduco poder energético fósil se levanta un nuevo poder democrático de la mayoría social que quiere decidir cómo vivir y cómo debe ser el paisaje que lo rodea.

 

[1] Alba Sud es miembro del CST ya través de su coordinador, Ernest Cañada, está integrada en su Junta Directiva.

 

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