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01-07-2009

Lectura crítica del Informe del Banco Mundial “Una nueva geografía económica”

Geógrafos de diversos países publican un severo análisis del "Informe sobre el Desarrollo Mundial 2009" del Banco Mundial. ALBA SUD conversó con Anthony Bebbington, uno de sus autores, y profesor de la Universidad de Manchester, sobre los contenidos de la crítica.

La publicación del Informe del Banco Mundial 2009 Una nueva geografía económica (puede ver aquí un resumen en español), presentado en Washington en noviembre del 2008, ha generado fuertes críticas a esta institución desde diversos sectores y perspectivas.

En síntesis el Informe considera que las políticas más eficaces para promover el crecimiento a largo plazo son aquellas que facilitan la concentración geográfica y la integración económica dentro de un país y entre distintos países. Tomando como ejemplos lo que ha ocurrido en América del Norte, Europa occidental y Asia oriental, concluye que es necesario adoptar medidas que contribuyan a la aglomeración, la migración y la especialización. Y que no tiene sentido promover una distribución equilibrada en el espacio de las actividades económicas; al contrario, “combatir esa concentración equivale a combatir la prosperidad”, afirmó Indermit S. Gill, director del Informe, durante su presentación.

Las implicaciones políticas de estas orientaciones, traducidas en formas de préstamos y acciones de gobierno concretas, son enormemente graves. Es por eso que consideramos necesario avanzar en un análisis crítico y detallado de los contenidos de este Informe. En este sentido, destacamos el artículo The World Development Report 2009 “reshapes economic geography”: geographical reflections (In Transactions, No. 34, pp. 128-136), elaborado por los geógrafos Jonathan Rigg de Universidad de Durham; Anthony Bebbington de la Universidad de Manchester; Katherine V.Gough, Jytte Agergaard y Niels Fold de la Universidad de Copenhagen; Deborah F. Bryceson de Universidad de Glasgow; y Cecilia Tacoli del International Institute of Enviromment and Development de Londres. Sobre los principales temas de su crítica, conversamos con Anthony Bebbington, profesor del Institute of Development Policy and Management de la Universidad de Manchester.


Ernest Cañada: ¿En qué consiste en resumen la propuesta que desarrolla el Banco Mundial en este Informe?

Anthony Bebbington: Es una propuesta de desarrollo que se fundamenta básicamente en la combinación entre lo que el Informe ve como la eficiencia del mercado y el papel activo del Estado en dos roles principales, por una parte la provisión de bienes colectivos, sobre todo en infraestructura e instituciones, que pueden facilitar el funcionamiento de los mercados, y por otra parte en la política social, destinada a reducir las desigualdades entre personas como resultado del funcionamiento del mercado. El Informe no toma en cuenta el papel del Estado en la promoción del desarrollo regional o en la disminución de las desigualdades espaciales a través de la actividad económica. Su visión es que la concentración espacial de la actividad económica genera eficiencias y que, por lo tanto, no hay que hacer frente a las desigualdades que genera. En esta perspectiva el rol de las políticas públicas es incentivar que las personas se trasladen hacía los centros de inversión y empleo, pero no promover el empleo en los lugares donde falta.

Ernest Cañada: El Informe habla de una “nueva geografía económica”, sin embargo su visión de la geografía es muy limitada y parcial. ¿Qué opinión tienes al respecto?

Anthony Bebbington: Para los redactores del Informe pareciera que la única geografía económica que existe es la que practican los economistas (tipo Krugman, Venables,…). Y en efecto, el Informe ningunea a la geografía como disciplina. Casi no cita a geógrafos. En consecuencia, su interpretación de la distribución espacial de las actividades y oportunidades económicas es muy unidimensional. Están ausentes las dimensiones políticas, medioambientales, y culturales. Es una lectura del mundo sin sentido de la historia o de la justicia. Sé que esto provocó desacuerdos dentro del mismo Banco Mundial; sobre el mensaje y el tono del Informe. Tengo la sensación que el siguiente Informe, sobre Cambio Climático, va tener un tono muy distinto. Veremos.

Ernest Cañada: En vuestro artículo ponéis en evidencia las limitaciones del Informe en cuanto a su forma de construir los argumentos y los datos empíricos sobre los que se sostienen. ¿Puedes explicárnoslo?

Anthony Bebbington: Siento que el Informe busca tanto la simplicidad y una determinada estructura de presentación que sus argumentos resultan insuficientemente matizados. El número mágico en el Informe es el 3. Se habla del desarrollo en términos de “3 D”: densidad, distancia y división. Relaciona las 3 D con tres tipos de geografía: humana, física y política. Identifica tres fuerzas de cambio: aglomeración, migración y especialización. Tiene tres secciones…., y así. También busca términos que son, en realidad, más llamativos que matizados. No niego que conviene tener una estructura y una forma de presentación que facilite la lectura y que resulte fácil de recordar. Sin embargo, tengo la sensación de que el resultado ha sido que el Informe terminara por estar preso de su propia jerga y estructura. Entonces, para adecuar los datos a esta estructura (y no lo revés), no profundiza en un análisis de excepciones; clasifica países con un par de categorías, y busca la simplicidad, no la complejidad. Para los que han leído el libro “Seeing like a State” del conocido politólogo James Scott, este Informe se presta a políticas y formas de gobierno que cometerán todos los errores que Scott identifica. Se presta a una forma de gobierno de “alto modernismo”, excluyendo toda la información que se necesita para que el proceso de gobierno pueda ser adaptado, flexible y continuamente creativo.

Ernest Cañada: El Informe se resiente también por la ausencia de una serie de análisis referidos a cuestiones como los impactos sociales y ambientales del desarrollo económico. ¿Qué consecuencias crees que tiene esto?

Anthony Bebbington: En las primeras páginas del Informe se dice que, por ser un trabajo de geografía económica, no se tratan temas ambientales y sociales. De los muchos problemas derivados de esta decisión, permíteme señalar dos en concreto. Primero, es una lectura de “lo económico” muy reduccionista, que realmente no encontraría apoyo entre la mayoría de los geógrafos económicos, quienes entienden al espacio y a la economía como productos de procesos y relaciones sociales y políticas, estrechamente interrelacionados con el medio ambiente. Segundo, es internamente inconsistente. En varias partes del Informe insiste en que hay que entender que el capital humano es endógeno al proceso de crecimiento económico, y uno se pregunta: ¿y no es así también para el caso del capital natural y del capital social? ¿Y si son endógenos, como se puede justificar una geografía económica que los excluye de sus análisis? Otra cosa que el Informe excluye es la historia.

Ernest Cañada: Sí, en este sentido, el Informe tienen también un problema de simplificación de las cuestiones relacionadas con la política.

Anthony Bebbington: El informe usa la historia como punto de comparación y fuente de justificación para sus argumentos, pero no analiza la historia como proceso. En consecuencia entiende los arreglos institucionales como formas susceptibles al cambio, sin poder simbólico e independiente de las luchas o maniobras socio-políticas que terminaron produciendo las instituciones que existen en un momento dado. De allí surgen varios (d)efectos analíticos. Primero, subestima –y de hecho no toma en cuenta– las resistencias y los ejercicios de poder que son necesarios para que las instituciones cambien. Ve el cambio institucional como un desafío tecnócrata y no político (obviamente, es ambas cosas a la vez). Segundo, no toma en cuenta cómo las poblaciones interpretarán un cambio institucional. Entonces, y por ejemplo, recomienda una flexibilización de los mercados de tierra rural (para facilitar que la gente salga del campo y migre a los centros de concentración de actividad económica) sin considerar las formas en que distintos actores interpretarán y responderán a tal flexibilización. Como hemos visto recientemente en el Perú, el costo humano, político y económico de subestimar esto puede ser muy alto. Tercero, hace que tengamos un Informe que habla mucho de políticas pero que no habla casi nada de la política.

Ernest Cañada: ¿Cuál es, en definitiva, vuestra valoración política de este Informe?

Anthony Bebbington: En primer lugar, y para ser transparente es necesario que yo reconozca que he participé en en la preparación de dos Informes de Desarrollo Mundial, el del 2000-2001 sobre pobreza y el de 2006 sobre equidad. Obviamente creo que son documentos importantes. De hecho, creo que es necesario leer bien los Informes de Desarrollo Mundial porque te permiten entender los temas de debate dentro del Banco Mundial y además dentro de la disciplina hegemónica. También te ayudan a ver cuáles van a ser los posibles campos de acción futura del Banco. En este caso, creo que uno de las funciones de este Informe es que ofrece una justificación analítica para la expansión de inversiones en infraestructura a gran escala. De hecho, ya vemos esta tendencia, y creo que va seguir. Esto trae un montón de implicaciones ambientales, sociales, políticas y, obviamente, económicas.

 

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