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Nueva Publicación | Iniciativas para el Cambio Social | Nicaragua

29-06-2012

Inhijambia, mujer luchadora

Sistematización de la experiencia de la Asociación INHIJAMBIA en la atención social a niñas, niños, adolescentes y jóvenes en las calles de Managua, Nicaragua, elaborada por Ernest Cañada y con fotografías de Javier Bustos Lozano

La Asociación Inhijambia es un proyecto educativo y de atención social dirigido a niños, niñas, adolescentes y jóvenes en riesgo, especialmente con problemas de toxicomanía, abuso y explotación sexual que tiene su base de trabajo en Managua. Actualmente, según cálculos del Gobierno, existen unos veinticinco mil niños, niñas y adolescentes viviendo en las calles de Nicaragua. En su mayoría proceden de familias en situación de extrema pobreza que viven en barrios marginales, en los mercados o edificios en ruinas, destruidos durante el terremoto que devastó la capital del país en 1972. Provienen de hogares desintegrados en los que la violencia, el maltrato y el abuso sexual estaba muy presente. A consecuencia de este entorno hostil, en algunos casos huyen de sus casas y se van a vivir a las calles, donde se juntan con otros muchachos y muchachas en su misma situación. Regularmente venden en los semáforos objetos diversos de escaso valor o limpian los cristales de los automóviles. La prostitución también es frecuente. En las calles se reproducen los mismos patrones machistas y de violencia, e incluso de explotación sexual, por parte de sus mismos compañeros. Pronto se inician y habitúan al consumo de drogas, en especial inhalan pegamento, mucho más barato que otras sustancias, pero también alcohol, piedra o crack.

Se puede descargar el libro en pdf AQUÍ.

Inhijambia empezó a funcionar en 1999 y en 2001 obtuvo su personería jurídica. A través de una metodología de intervención dividida en tres fases, la Asociación trabaja desde el momento en que viven en la calles hasta que lograr consolidar una vida autónoma e independiente.

Niños y niñas en las calles de Managua. Fotografía de Javier Bustos Lozano. 

La Primera Fase se identifica con la palabra Wayna, un vocablo misquito que quiere decir mujer. En esta etapa se atiende a niñas, niños, adolescentes y jóvenes, aunque en su mayoría son varones, que viven y/o trabajan en las calles y son adictos mayoritariamente al pegamento usado por los zapateros, crack, alcohol u otras sustancias tóxicas. Una parte de la atención se hace directamente en las calles, pero también se dispone de una Casa de Acogida para algunos de ellos.

La Segunda Fase se denomina Jambalaya, una palabra misquita que da nombra a una canción y, al mismo tiempo, a una comida típica de la costa caribeña nicaragüense. En esta etapa se atiende regularmente a unas cincuenta niñas, adolescentes y jóvenes de hasta 18 años (aunque en determinados momentos algunas de ellas superaron esa edad). Solo se trabaja con mujeres. La mayoría se integran en las actividades del Centro de Día, abierto desde primera hora de la mañana hasta media tarde, pero para aquellas niñas y adolescentes que están en situación de extremo riesgo Inhijambia dispone también de una Casa Hogar, donde viven bajo los cuidados de la institución. En esta fase primordialmente se intenta consolidar la autoestima y empoderamiento personal de las muchachas con una atención y cuidado de carácter integral. De forma progresiva cada vez más se ha ido interviniendo con las familias y responsables adultos de las niñas y adolescentes.

Joven madre en las calles de Managua. Fotografía de Javier Bustos Lozano.

Cuando las muchachas están preparadas para trabajar y responsabilizarse de sí mismas, y de sus hijos si los tienen, pasan a una Tercera Fase caracterizada como Vida Independiente. Actualmente ya son 86 las muchachas que han pasado a esta fase. En esta última etapa no se rompe del todo la relación con Inhijambia, que mantiene cierto acompañamiento y apoyo con el fin de asegurar el buen resultado de estos procesos de autonomía y empoderamiento personal. Además de tener siempre las puertas abiertas de la asociación y poder llegar a hablar con su personal cuando lo necesitan, o tener entrevistas con las psicólogas, las jóvenes reciben algunas capacitaciones de carácter práctico orientadas a dar respuesta a los nuevos retos que están enfrentando. Están relacionadas con cuestiones como la gestión de los presupuestos familiares o el control del tiempo, por ejemplo. Algunas de ellas viven en las casas de sus familias, otras continúan o se integran en los Hogares Grupales y, a medida que los recursos económicos lo permiten, la asociación construye y les cede viviendas particulares. También las ayudan con el mantenimiento de sus hijos en los Centros de Desarrollo Infantil (CDI), para que así ellas puedan trabajar y continuar estudiando. De hecho, cada vez son más las que están llegando a la Universidad y se están formando como profesionales. La integración laboral es otra de las cuestiones que más preocupan en esta fase y que, a su vez, es más difícil de afrontar, dada la situación del mercado laboral de Nicaragua. Por una parte se ayuda a las muchachas a buscar trabajo, por otra se han creado algunas Unidades Económicas de Producción propias, y algunas se integran como trabajadoras del mismo equipo técnico de Inhijambia, fundamentalmente como promotoras.

Pelea en el Mercado Oriental, Managua. Fotografía de Javier Bustos Lozano.

Esta sistematización, elaborada por Ernest Cañada y con fotografías de Javier Bustos Lozano, fue encargada por la Asociación Ciudadana Anti Sida de Catalunya (ACASC) a Alba Sud y contó con el apoyo de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD) y la colaboración de la Asociación Apoyo Global a Iniciativas Locales (AGIL). Se publica en la Editorial Enlace de Nicaragua. 

 

 

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