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Artículo de Opinión | Turismo Responsable | El Salvador

23-03-2012

Derechos comunitarios y desarrollo costero

Ileana Gómez Galo

El gobierno salvadoreño está formulando una nueva edición de proyecto FOMILENIO, que tendrá como prioridad la zona costera. En este contexto, Ileana Gómez, investigadora de Fundación PRISMA, reflexiona sobre el papel de las comunidades locales en el desarrollo de estas políticas.


Crédito Fotografía: Isla Perico, Golfo de Fonseca, El Salvador. Fotografía de Ernest Cañada / Alba Sud

Parece que este FOMILENIO a diferencia del anterior tiene que ir al encuentro de las propuestas que se elaboran desde de los territorios, lo que le permitiría contar con una alta dosis de legitimidad de sus acciones y sentar las bases de un nuevo estilo de desarrollo territorial, de esta manera no sólo la visión de las grandes empresas se deja escuchar sino también la que surge desde la necesidad de ampliar los derechos comunitarios para el manejo de recursos como forma de superar la pobreza y dinamizar la economía nacional.

Los ojos del Estado, pero también de los grandes inversionistas están puestos en la franja costero marina de El Salvador. Los primeros están definiendo una propuesta que se debate entre las visiones aun desarrollistas que buscan definir polos de desarrollo con inversiones públicas y privadas como punta del despegue económico y la apuesta por favorecer a los más pobres y garantizar el desarrollo sustentable. Por su parte los grandes inversionistas, en este caso corporaciones empresariales nacionales que han transnacionalizado desde hace años sus inversiones, están volviendo su mirada a El Salvador para proponer desarrollos inmobiliarios y de turismo enfocados en la franja costera oriental.

Ciertamente la zona costera oriental de El Salvador tiene enorme potencial turístico,  los  inversionistas lo saben y ya han definido su propuesta para la construcción de hoteles, campos de golf, segundas residencias y hasta un aeropuerto que se pretende construir sobre la Isla Perico del Golfo de Fonseca, la cual está rodeada de valiosos manglares, que protegen a la costa de inundaciones y que además son el albergue de los deliciosos mariscos y moluscos que se consumen en la ciudad puerto de La Unión.

Es difícil pensar el desarrollo del turismo separándolo de otras actividades fuertemente vinculadas como la pesca artesanal, la agricultura y la producción de artesanías, pero además los atractivos turísticos están vinculados a la belleza escénica  de importantes pero frágiles ecosistemas de playas, arrecifes, manglares, humedales y esteros. Las actividades productivas son el medio de vida de las poblaciones de costa, los ecosistemas son parte del ciclo de reproducción de la pesca, además de jugar un rol clave para mantener el buen estado de playas y otros ecosistemas. Las playas donde no se han respetado las dinámicas de la marea y  la vegetación natural ya están sufriendo críticos procesos de erosión, este es el caso de playas como El Espino en Usulután o Las Hojas en La Paz. Los proyectos turísticos de estas playas se ven en riesgo por las inundaciones producidas por los eventos extremos como los vividos en Noviembre pasado.

Los proyectos que se definan en el marco del  FOMILENIO II  no pueden ser proyectos que fragmenten y excluyan a la población, además requieren de tres cosas básicas: ordenamiento territorial, saneamiento y mecanismos de inclusión y vinculación con los medios de vida local y el tejido social empresarial de la zona. De hecho, son los pequeños empresarios y algunas experiencias de turismo rural comunitario los que han dinamizado la actividad turística de las zonas costeras, con pocos recursos, sin contar con políticas específicas de financiamiento o incentivos, sólo en algunos lugares se ha procurado habilitar infraestructura que aporte valor agregado a los puntos de desarrollo turístico como el Puerto de La Libertad e incluso ahí falta ordenar la zona y manejar la alta vulnerabilidad frente a las inundaciones y mejorar el saneamiento.

Los grupos de pequeños y medianos empresarios de turismo, las municipalidades y las comunidades costeras tienen que hacer oír su voz y definir propuestas para que sean tomadas en cuenta en el FOMILENIO II. Hace unos días diversas organizaciones agrupadas en la Mesa Permanente de Actores que reúne a organizaciones de base local  y municipalidades de los municipios de Jiquilisco, Zacatecoluca y Tecoluca, presentaron a la Secretaría Técnica de la Presidencia su propuesta de acciones para ser tomadas en cuenta en el desarrollo del FOMILENIO II, esta se enfoca en  cuatro elementos claves para el proceso de desarrollo de la zona: la agricultura, la ganadería, la pesca, la acuicultura y el turismo con un enfoque sustentable basado en el  manejo local y comunitario,  con esto buscan abrir espacios  a la participación de micro y pequeñas empresas en la dinámica del desarrollo.

Pero los actores del Bajo Lempa saben que no es suficiente la realización de obras de infraestructura o  la mejora productiva, sin el desarrollo del capital humano territorial los procesos no son sustentables a largo plazo, por eso incluyen en su propuesta la  mejora de los procesos de formación y gestión del conocimiento que fortalezca el capital humano local  y esto supone poner un fuerte énfasis en la participación de la población joven y las mujeres en el desarrollo de los proyectos propuestos.

Los actores del Bajo Lempa también están difundiendo su propuesta en espacios de discusión pública de políticas como el Grupo de Diálogo Rural, que reúne a tomadores de decisión y especialistas del tema, en las universidades y en el Consejo de Desarrollo Social, CES. Otros actores como la Mancomunidad de  Municipalidades de los Nonualcos están haciendo la misma acción de incidencia.

 

Artículo publicado originalmente en Contrapunto el 23 de marzo de 2012.

 

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