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En profundidad | Turismo Responsable

05-07-2020

Transversalización de la perspectiva de género en los estudios universitarios de turismo

Núria Abellan | Alba Sud

Aplicar la perspectiva de género en cualquier aspecto de la sociedad es hoy más que nunca una necesidad. Su integración en el ámbito turístico universitario conlleva revisar la producción del conocimiento actual y las dinámicas que se generan dentro y fuera de las aulas. 


Crédito Fotografía: Scottish Government, bajo licencia creative commons.

La perspectiva de género, proveniente de múltiples corrientes feministas, es integral, transversal y multidisciplinaria, por lo que se sitúa como una plataforma que permite leer la realidad con otra mirada. Así pues, aplicar esta visión holística al turismo supone la revisión de múltiples dinámicas propias de la industria, como también de hechos estructurales que se reproducen en la actividad turística. El feminismo permite situar las desigualdades de género en el centro del análisis con la finalidad de entender de qué formas estas se reproducen en la industria turística y qué recursos existen para reducirlas.

A pesar de las aportaciones tanto actuales como potenciales de las teorías feministas al turismo, el estudio del turismo en perspectiva de género es un ámbito que se empieza a investigar recientemente, a partir de los años 90, y del que actualmente proliferan los estudios. Es por este motivo que se hace necesario plantearse la integración de la perspectiva de género en el aula, con el objetivo de poder tomar consciencia de esta lectura, y, a la vez, trazar los primeros pasos hacia la transversalización de esta mirada a los Grados en Turismo.

Actualmente existe un debate en los estudios de género sobre la necesidad de hablar de feminismo o de feminismos. Las voces surgidas de la academia a menudo coinciden en apostar por un feminismo más amplio que englobe todas las sensibilidades, con la finalidad de mantener un marco teórico único y universal más rico (Castañeda, 2016). Por el otro lado, pero, los discursos sociales pueden distar de la academia, estableciendo que hablar de feminismos es la mejor forma de reconocer todas aquellas visiones existentes que consiguen sacar a la luz las que han estado en la sombra, tanto en el ámbito social como en el académico. De esta forma defienden que los feminismos actuales son demasiado plurales para recogerlos en una sola perspectiva de análisis.

¿Cuál es el estado actual de los estudios académicos sobre el turismo con perspectiva de género?

La producción del conocimiento es la que determina el estado actual y futuro de las líneas de investigación de cada ámbito, en este caso del turístico. Por este motivo, analizar quién lo produce, quién tiene acceso a él, y de qué forma se crea, es de gran relevancia para poder entender en qué punto estamos y hacia dónde vamos. Una de las primeras observaciones que se hacen en el análisis de la producción científica en turismo es precisamente ¿quién estudia turismo? La respuesta a esta pregunta destaca por su contraste: mientras que el número de graduadas en turismo es aplastantemente femenino, llegando al 75%, representan solamente un 53% de las académicas (Basurto-Barcia y Ricaurte-Quijano, 2017).

Este hecho repercute de forma directa en las autorías de las publicaciones académicas en el ámbito turístico. Algunos datos en este sentido aportan luz sobre el sesgo y la desigualdad existentes, como por ejemplo que las publicaciones creadas en la colaboración entre mujeres y hombres muestran más productividad, pero las publicadas partiendo de colaboraciones entre hombres tienen mayor impacto (Koseoglu et al., 2019); el mayor número de citaciones  en obras masculinas y más tendencia a la autocitación por parte de los autores hombres (Nunkoo et al., 2019); el bajo porcentaje de palabras relacionadas con el género en los artículos publicados en cuatro revistas de gran impacto (concretamente un máximo de 5,5%) (Small at al., 2017); o la composición mayoritariamente masculina de las juntas directivas de las revistas académicas de impacto en el ámbito turístico, un 75% en las principales 20 revistas (Pritchard y Morgan, 2017).
 

Reunión del Consejo Ejecutivo de la OMT en Donostia, Euskadi, 2018. Fuente: Irekia, bajo licencia creative commons.

Estos datos cuantitativos repercuten en el contenido de las publicaciones académicas, dado que en muchas ocasiones el género es analizado sencillamente como una variable demográfica, sin tener en cuenta aspectos estructurales, y sin una mirada interseccional. Se entiende como interseccionalidad el marco teórico que permite analizar como las identidades sociales y políticas se pueden llegar a cruzar para crear formas de discriminación únicas. Se tienen en cuenta las colisiones que pueden acontecer en términos de género, orientación sexual, edad, raza, colonialismo, capacidades, o clase, entre otras. Resulta evidente que, si la producción del conocimiento científico no es interseccional ni transversal, continuará proviniendo del discurso hegemónico, excluyendo todas aquellas identidades y experiencias que no sean normativas (Crenshaw, 1989).

Por otro lado, es fundamental analizar formas de transmisión del conocimiento científico fuera de las aulas y de los artículos académicos, como lo son en gran medida las conferencias, los congresos y las jornadas dedicadas al turismo. En este ámbito persiste la desigualdad de género entre las personas ponentes, pero más especialmente entre las principales oradoras o keynote speakers (Chen y Tam, 2019). Las conferencias, además, son un espacio complejo y dinámico, donde se deben tener en cuenta múltiples factores respecto a los roles de género fuera del escenario. Si bien la representación de las mujeres como conferenciantes es minoritaria, es mayoritaria en las tareas reproductivas, como la limpieza, el cáterin y los cuidados, llevados a cabo por personal de limpieza, camareras y azafatas (Khoo-Lattimore et al., 2019). A la vez, hay que prestar atención también a los espacios informales de los encuentros académicos, donde se refuerzan vínculos entre los participantes hombres mientras que las mujeres son parcialmente excluidas; a causa, entre otras, de las situaciones de acoso; la percepción de la seguridad precaria que manifiestan algunas de las participantes; o la dificultad de atender a las jornadas por el hecho de ser la encargada de las tareas de cuidado en el ámbito personal (Mair y Frew, 2016).

Aplicación de la perspectiva de género en las aulas universitarias

Teniendo en cuenta que las principales publicaciones reproducen los patrones patriarcales, tanto por el contenido como por las dinámicas, el cambio de paradigma hacia una docencia con perspectiva de género es difícil. Es decir, si el contexto actual es de voces mayoritariamente masculinas, blancas y del Norte Global, tanto el estado actual del conocimiento como las agendas de investigación siguen impulsando estas líneas de investigación. Este hecho también lleva a cuestionarse el mantener las publicaciones en revistas de alto impacto como prácticamente la única fuente de información, forzando a las investigadoras de nuevo a ir más allá de los ránquines y acercarse a los movimientos sociales y a otros agentes que generan conocimiento.

Esta homogeneidad supone en muchos casos la falta de conocimiento del profesorado con relación a la perspectiva de género, motivo por el que se defiende la implementación especializada del género en los currículums turísticos como punto de partida para pasar a transversalizar el conocimiento. Es por eso que es necesaria la formación del personal docente que permita sacar a la luz modelos de referencia femeninos, tanto históricos como actuales, que transformen los esquemas mentales colectivos sobre quiénes son las personas de referencia y, por lo tanto, a largo plazo, contribuyan al cambio de la situación actual (Gretzel y Bowser, 2013).

Por otro lado, la falta de perspectiva de género en las aulas universitarias se manifiesta también en las metodologías utilizadas. Las metodologías tradicionales tienden a priorizar el discurso de la academia y a alejarse de los movimientos sociales, hecho que comporta la limitación de las fuentes de información y una visión incompleta de la realidad. Entre otras dificultades a la hora de importar la perspectiva de género a las aulas, destacan hechos como el rechazo frontal al discurso feminista o la perpetuación de los roles de género tradicionales. Este último aspecto incluye dinámicas como la gran mayoría de la participación masculina en clases magistrales, debates abiertos y exposiciones; mayor número de interrupciones en intervenciones femeninas o tareas de cuidados invisibles y lideradas por mujeres, como pueden ser la coordinación, organización o calendarización de trabajos en grupo (Verge y Alonso, 2019).

Marcos para la incorporación de la perspectiva de género en las aulas

Actualmente, las universidades catalanas se basan en tres propuestas diferentes con el fin de incorporar la perspectiva de género en las aulas. La Ley 17/2015, de 21 de julio, de igualdad efectiva de mujeres y hombres, promovida por el gobierno de Catalunya, dedica el artículo 28 a la incorporación de la perspectiva de género en el ámbito universitario. De esta ley destacan tres aspectos principales, que son: la introducción de la perspectiva de género de forma transversal en todos los ámbitos del conocimiento y la investigación; la formación del personal universitario en perspectiva de género; y la creación de módulos o cursos específicos obligatorios a lo largo del grado universitario. Con tal de aplicar estas medidas previstas, en 2018 la Agència per a la Qualitat del Sistema Universitari de Catalunya (AQU), presentó el Marco General para la Incorporación de la Perspectiva de Género en la Docencia Universitaria. En este documento se prevé la integración de la dimensión de género de forma específica, en asignaturas especializadas (gender specializing); así como de forma transversal (gender mainstreaming).

Estudiantes universitarias en Somalia. Fuente: AMISOM, bajo licencia creative commons.

De forma paralela, la Ley 11/2014, de 10 de octubre, para garantizar los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros e intersexuales y para erradicar la homofobia, la bifobia y la transfobia, promulga el respeto por la diversidad sexual y afectiva, la identidad de género y los diversos modelos de familia en todos los ámbitos educativos. Específicamente para las universidades, se establece que se deben promover medidas de protección, apoyo e investigación para la diversidad y la no-discriminación de las personas del colectivo LGTBIQ. Uno de los recursos utilizados para aplicar estas medidas es la Guía para la incorporación de la diversidad sexual y de género en las universidades catalanas a partir de la Ley 11/2014, promovida por la Direcció General d’Igualtat en 2018, donde se presenta la situación de las personas que se encuentran en el ámbito universitario y que forman parte de la comunidad LGTBIQ. En este documento, además, se definen cuatro ámbitos de actuación, que son la comunidad universitaria, la discriminación y el acoso, la docencia y la investigación; encaminados tanto a la reivindicación de la diversidad en las aulas como a la promoción de iniciativas académicas.

¿Qué aporta la aplicación de la perspectiva de género en el ámbito universitario?

La perspectiva de género supone acabar con los sesgos de género en las autorías de los textos, las publicaciones académicas, las composiciones de las juntas directivas de las revistas científicas, etcétera. De esta forma sería posible incorporar nuevas voces al discurso académico, aquellas que a menudo han sido invisibilizadas. Respecto a las citaciones, hay posturas que defienden que estas deberían visibilizar el género de las autoras, con tal de ofrecer una mayor perspectiva en el sesgo sobre la producción de conocimiento (Munar et al., 2015). Con esta finalidad se han creado plataformas como Gender balance assessment tool, que indica el número de autorías por género de una bibliografía; o el software genderize.io, que facilita el nombre completo de las autoras de las bibliografías.

La perspectiva de género supone acabar con los sesgos de género en las autorías de los textos, las publicaciones académicas, las composiciones de las juntas directivas de las revistas científicas, etcétera. De esta forma sería posible incorporar nuevas voces al discurso académico, aquellas que a menudo han sido invisibilizadas. Respecto a las citaciones, hay posturas que defienden que estas deberían visibilizar el género de las autoras, con tal de ofrecer una mayor perspectiva en el sesgo sobre la producción de conocimiento (Munar et al., 2015). Con esta finalidad se han creado plataformas como Gender balance assessment tool, que indica el número de autorías por género de una bibliografía; o el software genderize.io, que facilita el nombre completo de las autoras de las bibliografías.Ahora bien, la implementación de la perspectiva de género no tiene o no debería tener por objetivo llegar únicamente a una equiparación cuantitativa de representatividad. Hay que analizar profundamente las dificultades que deben sobrepasar las mujeres para afrontar los obstáculos impuestos por las estructuras desiguales que influyen en todos los ámbitos (Abellan, 2020). La construcción histórica sesgada de las disciplinas es notable en cualquier ámbito de conocimiento, así que la perspectiva de género conlleva aportaciones diferenciadas por cada área de investigación. En el caso del turismo, incluido en el Marc General anteriormente mencionado en la categoría “ciencias sociales y jurídicas”, se considera que es necesario implementar el feminismo en las aulas por la afectación directa que tiene sobre las personas como ciudadanas, usuarias, consumidoras, o pueblos y culturas; como de forma indirecta a través de la forma en qué instituciones y organizaciones regulan la interacción social. También se considera relevante para poder leer la realidad desde una nueva perspectiva, analizando las actitudes, valores, comportamientos y necesidades de la población.

Concretamente, la perspectiva de género aplicada a las ciencias sociales implica: análisis macroeconómicos que incluyen los trabajos domésticos y de cuidados; reconocer la producción y reproducción de desigualdades de género en el estudio de las políticas sociales; percibir el impacto diferenciado de los presupuestos sobre los hombres y las mujeres; identificar las necesidades y experiencias vitales de mujeres y hombres como personas usuarias de los servicios públicos; el análisis y creación con perspectiva de género de planes de igualdad; medidas de conciliación, protocolos contra la violencia machista y programas de seguridad y salud laboral; y la integración del feminismo en las políticas de cooperación al desarrollo.

Estudiantes delante de una librería situada al aire libre. Fuente: Rob Faulkner, bajo licencia creative commons.

Por otro lado, la perspectiva de género tiene una gran influencia sobre los contenidos impartidos, especialmente en dos ámbitos. En primer lugar, permite revisar las actuales dinámicas que se producen en las aulas, anteriormente comentadas, marcadas por lógicas patriarcales en el ámbito de participación y de trabajo en grupo o en equipo. En segundo lugar, revisar de forma crítica el entorno de aprendizaje permite aplicar metodologías y avaluaciones inclusivas que atienden las necesidades de un alumnado diverso. Dado que el feminismo en las aulas abre a puerta a tener en cuenta más colectivos, se contemplan casos de alumnas con diversidad funcional que actualmente quedan excluidas del conocimiento impartido en las aulas por motivo de las dinámicas usadas. Así, se garantizaría el acceso al conocimiento en las clases a personas con sordera, con ceguera, con movilidad reducida, con Trastorno del Espectro Autista, con Síndrome de Down, con TDAH, con dislexia, con discalculia y/o trastornos de conducta, entre otros. Como resultado en los cambios de las metodologías, las avaluaciones tradicionales se ven también cuestionadas (Abellan, 2020).  

Teniendo en cuenta una visión plural, han surgido otras iniciativas que tienen un impacto directo sobre la vida de las personas que forman parte de la comunidad académica, como protocolos para prevenir y actuar contra el acoso; protocolos de cambio de nombre legal al nombre escogido dirigidos a las personas trans; así como convenios interuniversitarios para el traslado gratuito de expediente en casos de violencia machista.

Reflexiones finales

Entendiendo que la perspectiva de género implica reorientar los discursos académicos para ampliar las visiones y las voces, su integración al currículum universitario conlleva la estimulación y el desarrollo del pensamiento crítico del alumnado. Además, las implicaciones de este conocimiento se extienden más allá de las aulas, determinando que su futura práctica profesional se establezca como un mecanismo que no siga reproduciendo las desigualdades de género (Verge y Alonso, 2019).

Es indispensable destacar la reforma de contenidos que implica la implementación de la perspectiva de género en el aula, sumado a todos los cambios de dinámicas mencionados. Es por eso que es necesario un abordaje integral de todas las perspectivas feministas, más allá de las tendencias predominantes, con tal de dotar a las estudiantes de marcos de análisis diversos que les permitan obtener una mirada amplia. Concretamente, cada corriente feminista se centra en aspectos particulares, aunque a menudo se solapan. Como ejemplos encontramos, entre muchas otras perspectivas, el feminismo marxista y la economía feminista, que permiten revisar el mercado laboral turístico con el fin de analizar qué desigualdades sistémicas se manifiestan, vinculando el género y la clase social en colectivos como el de las camareras de piso. El ecofeminismo, que pone el foco de atención en la explotación de recursos naturales y la relación que las persones establecemos con ellos, en aspectos tan cruciales como el agua o la propiedad de la tierra, poniendo la vida al centro en lugar de la producción. El feminismo decolonial, el cual se centra en la raza y el género como ejes de opresión, releyendo las dinámicas que se producen entre el Sur y el Norte Global en aspectos como el volunturismo o el turismo de favelas, entre otros. La teoría queer, que visibiliza la comunidad LGTBIQ dentro de la industria turística y, a la vez, cuestiona qué usos se hacen del espacio y qué personas son incluidas y excluidas de la experiencia turística. El urbanismo feminista, muy vinculado a este último aspecto, que estudia la conformación patriarcal de los espacios públicos y privados para poder trabajar en términos de patrones de movilidad inclusivos y de percepción de seguridad.

Por otro lado, la perspectiva de género también permite profundizar en otras temáticas con una nueva mirada, en aspectos como en el marketing analizando discursos de sexualización e inclusión/exclusión del destino turístico; el acoso sexual que se puede producir en todos los ámbitos de la industria turística; teniendo en cuenta las motivaciones, deseos y percepciones tanto de la comunidad anfitriona como de las personas que viajan; analizando de qué forma el turismo se convierte a la vez en un instrumento que reproduce desigualdades globales y una oportunidad para romperlas; o la mercantilización de aspectos como los vientres de alquiler, la propiedad intelectual de las mujeres trabajadoras como las tejedoras maya en Guatemala; o el desarrollo de planes de acción y políticas públicas con una perspectiva de género integral; entre algunos múltiples aspectos que toman una nueva dimensión a través de las gafas violetas.

La perspectiva de género aplicada al ámbito universitario se establece como una pieza clave para la transformación a largo plazo del ámbito turístico: un nuevo marco de análisis que permite iniciar un proceso de cambios en aspectos diversos y en múltiples aportaciones teóricas. Por la transformación que implica, es necesaria la investigación en este ámbito, manteniendo una mirada amplia que tenga en cuenta las aportaciones de los diversos feminismos. A pesar de que la teoría es de vital importancia, se debe trabajar con el objetivo que pueda derivar en propuestas prácticas en el ámbito universitario. Por último, uno de los retos más sensibles a largo plazo es la revisión constante, para asegurar la integración de todas las disciplinas, colectivos y metodologías.

 

Referencias:
Abellan, Núria. (2020). Turisme i gènere: implementació a l’aula de la perspectiva feminista. (Proyecto Final de Grado no publicado). CETT-UB, Barcelona.
Basurto-Barcia, Johanna., y Ricaurte-Quijano, Carla. (2017). Women in tourism: gender (in)equalities in university teaching and research. Anatolia, 28(4), 567–581. DOI: 10.1080/13032917.2017.1370781.
Castañeda, Martha. (2016). Feminism/Feminisms. INTERdisciplina. 4(8), 20-29.
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Mair, Judith, y Frew, Elspeth. (2016). Academic conferences: a female ethnography. Current Issues in Tourism, 1-21. DOI: 10.1080/13683500.2016.1248909.
Munar, Ana María; Biran, Avital; Budeanu, Adriana; Caton, Kelle; Chambers, Donna; Dredge, Dianne; et al. (2015). The gender gap in tourism academy: Statistics and indicators of gender equality. Copenhagen: While Waiting for the Dawn.
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Este artículo se publica en el marco del proyecto «Plataforma de investigación en turismo, derechos humanos y equidad de género» desarrollado por Alba Sud con el apoyo de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD) (convocatoria 2019).
 

 

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