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Artículo de Opinión | Turismo Responsable | Europa

15-07-2019

Lugares de memoria: riesgo de trivialización turística

Rafael Borràs | Alba Sud

El riesgo de que lugares de memoria se conviertan en "no lugares franquiciados" es real. La resistencia a la desposesión de los espacios de "verdad, justicia y reparación" por parte del capitalismo turístico se enfrenta a múltiples retos.


Crédito Fotografía: Auschwitz-Birkenau. Imagen de Rafael Borràs.

Sin duda el tema merece una reflexión con mirada crítica. El tsunami turístico mundial no conoce límites. La neoliberalización de la industria de los viajes lo banaliza todo. Su dinámica de mercantilización desacomplejada ha creado, incluso, un producto –un "producto turístico", una "experiencia turística"– debidamente empaquetado bajo la denominación de "turismo de catástrofes". Existen catálogos turísticos especializados en la oferta de visitas a, por ejemplo, Chernóbil, Hiroshima, Nagasaki, al centro de detención y tortura de los jemeres rojos de Pol Pot, Toul Sleng, en la capital camboyana de Phnom Penh, al Estadio Víctor Jara (el que fue tristemente conocido como Estadio de Chile;) en Santiago de Chile, o, en territorio europeo, a los campos de concentración y de exterminio nazis. Alguna literatura académica ha denominado este nicho de negocio turístico como "dark tourism" o "thanatourism".

Si estas ofertas turísticas se descontextualizan del respeto debido a los santuarios de memoria contra acciones criminales, de reivindicación de memoria democrática, y del antifascismo, y, en fin, de un radical compromiso de "¡nunca más!", se me ocurre una mejor denominación: "Trivialización Turística". A modo de ejemplo de trivializaciones turísticas: una oferta de tour en Chernóbil, con caridad incluida a las babushkas (abuelitas), o éste que presenta Hiroshima como "ciudad donde cayó la bomba atómica el 6 de agosto de 1945". ¡En Hiroshima no "cayó" por accidente humano o natural una bomba atómica, la ciudad japonesa fue bombardeada con el arma nuclear, y ello significó una decisión político-militar de un brutal crimen de guerra o de lesa humanidad!

Lo digo sin tapujos: me resulta más compleja la toma de posición sobre la trivialización turística de los campos de concentración y de exterminio nazis. Pero he aquí unas reflexiones llenas de dudas.

Hace unos meses el Memorial de Auschwitz tuvo que expresar su malestar porque algunos visitantes se hacían selfies mientras intentaban mantener el equilibrio sobre las vías de aquel icónico tren que hasta 1945 vio llegar centenares de miles de deportados a la muerte. Más recientemente, hemos conocido la polémica por la utilización de imágenes de Auschwitz para la comercialización de productos de moda y del hogar por parte de una empresa ajena a la fundación que gestiona el Memorial. Son síntomas evidentes de los peligros de trivialización a la cual conduce una desenfrenada turistización de estos lugares.

Y, aun así, la situación actual es, a pesar de estos síntomas, compleja porque estamos en presencia de dos dinámicas: por un lado, es innegable que, fruto, entre otras cosas, de las políticas de las grandes desigualdades, y de los gobiernos de las élites plutocráticas neoliberales, en los últimos años el neofascismo ha tenido un importante resurgimiento. Por otro lado, persiste una muy extendida pulsión contra todos los fascismos que, afortunadamente, dificulta que estos espacios de memoria antifascista se conflictivicen por una turistización totalmente trivializada.

Pero, esta resistencia a la desposesión de los espacios de "verdad, justicia y reparación" por parte del capitalismo turístico se enfrenta, al menos, a tres retos capitales de futuro:

1. La masificación. Probablemente, ha llegado el momento de poner límites al número de visitantes. Es más, en algunos casos quizás es conveniente decrecer. Sin duda, Auschwitz-Birkenau, Ravensbrück, Mauthausen, etc. tienen un impresionante valor educativo, formativo, de empatía indeleble con las víctimas, de reivindicación de identidad antifascista... La mayoría de las personas que allí estuvieron inhumanamente confinadas, torturadas, e industrialmente asesinadas, tuvieron siempre la esperanza de que aquel horror no sería eterno, y de que, una vez finalizara, la humanidad tenía que conocer lo que había pasado.

Por tanto, está bien que la gente conozcamos lo que pasó. Y, si es con unas técnicas museísticas tan respetuosas como las de, por ejemplo, Auschwitz-Birkenau mucho mejor. Pero, a estas alturas, no es imprescindible el presencialismo. Las tecnologías de la información tendrían que ser aliadas para que la desmasificación no sea sinónimo de una mayor aculturización y desmemoria. Pero, las cosas son como son, y para leer Si esto es un hombre, o toda la Trilogía de Auschwitz de Primo Levi, no hay que masificar Auschwitz adquiriendo el libro como souvenir. Basta encargarlo a la librería más próxima y habitual. Y, obviamente, sobran las visitas que tienen como objetivo la inmortalización de unas carantoñas en un selfie para ser exhibido en Instagram.

2. La ausencia de políticas europeas de memoria democrática. Marta Rovira Martínez reivindica "la necesidad de reflexionar [...] sobre el papel de la memoria pública como elemento de cohesión de la sociedad" [1]. No puedo estar más de acuerdo. Con unas instituciones europeas sin capacidad –ni voluntad– de compartir una memoria antifascista, difícilmente se impulsará una Europa social y democráticamente cohesionada, y, por lo tanto, aumentan exponencialmente los riesgos de neoliberalización de los espacios que tienen que estar consagrados a la memoria antifascista. Dicho de otra manera, la ausencia de políticas europeas de memoria democrática va asociada a un riesgo de "Macdonaldización" de los campos de concentración y de exterminio nazis.

3. Actualizar el programa emancipador. Renovar el proyecto y mensaje antifascista es una urgencia. Hay que recordar, tantas veces como sea necesario, que lo que hemos conocido como "Estado del bienestar" no fue un invento de la socialdemocracia y la democracia cristina de después de la Segunda Guerra Mundial. Los derechos sociales, el impulso igualitario de la democracia, el feminismo... fueron un componente esencial del Programa de la Resistencia Antifascista. La resistencia a la violencia de la desposesión del derecho a la vivienda, a una ocupación decente, al derecho de la ciudad, al derecho a poder continuar viviendo y conviviendo (con nuestra y las otras especies) en el planeta Tierra, que nos impone el turbo capitalismo turístico, son parte del actual programa emancipatorio.

La lucha contra cualquier forma de fascismo es permanente. El cada vez más amplio movimiento social crítico con los efectos negativos de la turistización neoliberal sobre todo lo que es esencial para poder vivir una vida que merezca la pena ser vivida, también es un "no pasarán" al ecofascismo [2]. En este sentido, nadie tendría que olvidar aquellas palabras con las cuales la inolvidable Montserrat Roig acabó en 1976 el prólogo de su gran obra Los catalanes en los campos nazis [3] que, dicho sea de paso, continúa siendo un texto imprescindible, no solo en el ámbito de los Países Catalanes, sino en todo el mundo. Montserrat Roig escribió:

"Pero ahora, vista una América Latina torturada, vistos los campamentos palestinos arrasados en el Líbano, visto como el 'vientre inmundo de la fiera', para decirlo en términos brechtianos, todavía respira, no oso pensar en este 'mundo mejor' que ellos querían, Pero no hay duda que todos los que murieron en la deportación nazi, y los que la han sobrevivido con dignidad, son hombres y mujeres mejores. Ante la barbarie nazi, organizada para degradar la condición humana, la lucha de los deportados para resistir y para mantenerse fieles a sus ideales deviene para nosotros, nacidos bajo el franquismo, extraordinariamente fecunda y esperanzadora"[4].

Espero que estas líneas sirvan, al menos, para contribuir al debate sobre los peligros de trivialización turística de los lugares de memoria. Entiendo que las asociaciones memorialistas tienen muchísimo que decir. En cualquier caso, no es un debate baladí. La toxicidad de la turistización neoliberal es sobradamente conocida. Algunas de nuestras ciudades y/o barrios se han convertido, mejor dicho, las y los han convertido, en "no lugares". Era algo que parecía inverosímil hace apenas unas décadas. Por lo tanto, el riesgo de que estos lugares de memoria se conviertan en "no lugares franquiciados" es real.

Trabajemos el diagnóstico de la situación actual, debatamos sobre el qué hacer y cómo hacerlo. Pero la investigación y el debate no tendrían que significar pasividad. Porque, con Neus Català, la gran luchadora antifascista catalana y universal: "Viure és lluitar". ("Vivir es luchar").

 

Notas:
[1] Rovira Martínez, M. (2014).La transició franquista. Un exercici d’apropiació de la història. Barcelona: Pòrtic, pàg. 291.
[2] Entre muchas otras, una explicación disponible aquí.
[3] Última edición en castellano en Ediciones Península, 2017.
[4] Traducción propia del texto en catalán.

 

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