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Nota informativa | Turismo Responsable

25-11-2018

1er. Congreso Mundial de Agroturismo WCA 2018

Ramiro Ragno & Anastasia Pashikhina | Alba Sud

Entre el 7 y el 9 de noviembre se celebró en el ciudad de Bolzano, Italia, se reunieron 250 personas provenientes de 42 países. Además del intercambio de experiencias, uno de los temas centrales de discusión fue el concepto de agroturismo.

 


Crédito Fotografía: Ramiro Ragno.

En los primeros días de noviembre, en las jornadas del 7 al 9 se realizó el 1er. Congreso Mundial de Agroturismo en la ciudad de Bolzano, al norte de Italia, organizado por el Centro de Altos Estudios para el Desarrollo Eurac Research, con el apoyo del Gobierno Provincial de Bolzano, la Unión de Agricultores del Tirol del Sur, la Red Gallo Rosso de Granjas Agroturísticas de la región, el IDM y el gobierno municipal de la ciudad anfitriona. A los días de Congreso realizados en la moderna y muy cómoda sede de Eurac, siguieron un par de jornadas con recorridos por la región de las Cumbres Dolomitas para conocer experiencias, historias, culturas y paisajes del Tirol Sur y la zona declarada Patrimonio de la Humanidad en 2009 por la UNESCO.

Más de 250 participantes provenientes de 42 países del mundo, se dieron cita en el evento, para compartir experiencias, analizar el impacto social, ambiental, económico y cultural del turismo en el sector de la agricultura familiar, granjas y emprendimientos agroganaderos, forestales y artesanales y en las comunidades rurales e indígenas de los diferentes continentes y regiones ambientales. Fueron numerosas las experiencias compartidas, las temáticas desarrolladas, los conceptos intercambiados y los desafíos identificados para fortalecer el turismo rural en fincas agropecuarias.

Thomas Streifeneder, Director del Instituto para el Desarrollo Regional de Eurac Research, destacó el alto nivel de participación, la representatividad de las regiones y países del mundo y sobre todo, el intercambio de experiencias y los deseos de generar una plataforma de trabajo a favor del sector. Los y las asistentes fueron fundamentalmente emprendedores agropecuarios y prestadores de servicios de agroturismo, investigadores, académicos, funcionarios y técnicos de organismos gubernamentales, representantes de organizaciones de la sociedad civil, agencias de viajes y delegados de colectivos campesinos.

Algunos países presentes a través de exposiciones institucionales, han sido Sri Lanka, Bangladesh, India, Nepal, Hungría, Noruega, Suiza, Grecia, Egipto, Turquía, China, México, Japón, Finlandia, Georgia, Colombia, Brasil, Sudáfrica, entre tantos otros. Cada región, cada país, contó experiencias diversas en donde se destacó el nivel de ingresos de la actividad, las limitaciones para acceder a los mercados, la potencialidad del trabajo en red y marcas diferenciadoras, el perfil y origen de los clientes, el rol del agroturismo en la conservación de las semillas y los territorios, el empoderamiento de la mujer campesina, el uso de las nuevas tecnologías, el valor de la innovación.

A modo de explicitar el interés del agroturismo en la economía agropecuaria de gestión familiar y a pequeña escala, el referente del Ministro de Agricultura de Italia, Arnold Schuler junto a parlamentarios europeos como Herbert Dorfmann, expusieron números concretos demostrando la eficiencia económica de la actividad para las familias anfitrionas, como en la activación de cadenas productivas directas e indirectas en los territorios, confrontando con el modelo del monocultivo y defendiendo la diversidad, el arraigo, la soberanía, la identidad, la conservación, la cultura, la continuidad.

En Italia, las dos regiones en donde el agroturismo ha tenido más desarrollo, han sido la Toscana y el Tirol Sur en donde 3.000 granjas o fincas agropecuarias familiares ofrecen servicios turísticos de un total de 20.000 unidades productivas. Por su parte, son 23.406 las fincas familiares dedicadas al agroturismo en todo el territorio italiano, según el Instituto Nacional de Estadísticas de ese país, a un ritmo de crecimiento del 60% en los últimos diez años y una facturación anual en 2017 que rondaba los 1,36 billones de euros con incrementos del 6,7% respecto al año anterior. Cabe mencionar también, que un 35% de estas fincas son dirigidas por mujeres.

El concepto de agroturismo en debate

En el transcurso del evento sus participantes intercambiaron miradas y consensuaron la definición del concepto de agroturismo, entendido como una actividad comercial y social que suma y complementa a la dedicación principal agropecuaria, forestal, artesanal de cada granja o finca familiar o emprendimiento comunitario e indígena. Sin embargo, esta definición se convirtió en uno de los debates centrales del congreso. La cuestión principal fue que si es obligatoria la actividad agropecuaria en funcionamiento en una finca para incluirla dentro del concepto de agroturismo o no. Para los participantes de diferentes partes del mundo no fue tan fácil ponerse de acuerdo en cuanto a la respuesta a esta pregunta.

También se explicitó el interés en la sostenibilidad de los emprendimientos, de manera que el turismo genere beneficios potenciando la soberanía alimentaria, el patrimonio cultural, las cadenas productivas locales, el arraigo familiar y la conservación ambiental, sin por ello dejar de sumar la innovación tecnológica, la formación profesional, sellos diferenciadores, atracción de jóvenes agricultores, nuevas ofertas y nuevos mercados. Es necesario conocer el sector, avanzar con metodologías de intervención y estudios que permitan cuantificar la oferta y la demanda, generar normativas propias, y analizar cambios culturales, ambientales, económicos en los territorios.

A pesar, los consensos conceptuales obtenidos durante este primer congreso mundial, los participantes dejaron en evidencia la diversidad de realidades del sector agroturístico entre países y regiones, desde las situaciones socioeconómicas vulnerables de familias campesinas al acceso a la comunicación y la garantía de sus derechos; desde su inclusión en las políticas públicas a la ausencia de normativas adecuadas, entre tantas variables a considerar.

El concepto “paraguas” del agroturismo, en donde las fincas agropecuarias son activas y no simples apariencias, nuclea entonces tipologías como: el turismo rural, agriturismo, turismos en espacios rurales, turismo comunitario, turismo indígena, turismo de base comunitaria, y otros conceptos que remiten a la incorporación de los visitantes a las actividades agropecuarias y artesanales de manera activa y menos contemplativa, donde la motivación del viaje es aprender costumbres locales y adentrarse en ellas, independientemente del contexto ambiental, de la infraestructura y otras actividades complementarias.

En representación argentina, Ramiro Ragno emfatizó la importancia de la generación de herramientas de gestión local del turismo comunitario, en vías de garantizar su autogestión colectiva, el control y el cuidado de su territorio, el monitoreo de los impactos, la retribución y distribución de beneficios y la sostenibilidad comercial y financiera de los emprendimientos [1]. El turismo comunitario es una tipología que hace hincapié en la gestión asociativa de servicios y actividades turísticas en manos de colectivos campesinos e indígenas que son, ya no parte del paisaje sino actores comerciales y políticos de sus territorios y de los destinos turísticos en donde residen.

El 1er. Congreso Mundial de Agroturismo dejó claridades, expectativas y desafíos valiosos: trabajar en red, incluir al sector emprendedor más activamente, consensuar metodologías de estudios y acompañamiento de procesos, incluir las tipologías turísticas acordes a las definiciones acordadas, y sumar más instituciones de apoyo de nivel gubernamental, académico, el sector privado y el tercer sector. Los participantes se comprometieron a dar continuidad a esta red, porque es necesario intercambiar y construir juntos, a favor del agroturismo sostenible, respetuoso, intercultural y sustentable. Avanzar en concreto, actuar con respeto, construir alianzas colectivamente.

 

Notas:
Ramiro Ragno es miembro del equipo técnico de la Red Argentina de Turismo Rural Comunitario RATuRC, técnico de la Subsecretaría de Agricultura Familiar en la Delegación Salta y colaborador voluntario del centro de investigación Alba Sud y de la Fundación Buenavida. Su viaje fue posible mediante la aplicación de una beca completa financiada por la entidad organizadora del congreso, a quien agradece muy especialmente, así como a Anastasia Pashikhina y Alessandra Semeraro (ex Universidad Católica Sacro Cuore de Milano), por su apoyosolidario.
Anastasia Pashikhina fue estudiante del CETT Universidad de Barcelona y de la Universidad Complutense de Madrid y tesista en San Carlos y Los Toldos en Salta, Argentina.
Este artículo se publica en el marco del proyecto Turisme Responsable: una eina d'Educació per a la Justícia Global, ejecutado por Alba Sud con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona en la convocatoria del Programa de Educación para la Justicia Global 2017.