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Entrevistas | Turismo Responsable | Cataluña

10-07-2015

Liliana: “Te hacen un contrato de un año y luego te echan a la calle, porque sino te tienen que hacer fija”

Ernest Cañada | Alba Sud

Camarera de piso de origen cubano cuenta su experiencia laboral en Barcelona, donde lleva trabajando en diferentes hoteles desde el 2008. La precariedad del empleo turístico, la otra cara del “boom” del turismo. 


Crédito Fotografía: Ana Núñez

Bajo el apodo de Iliana hay en realidad una trabajadora cubana, afincada en Barcelona en 2008, y que desde entonces se ha ganado la vida como camarera de pisos en la ciudad condal. Prefiere que su identidad y su imagen no aparezcan públicamente por temor que pueda afectarle de algún modo y que después no la vuelvan a contratar. 

¿Cuál ha sido tu trayectoria laboral desde que llegaste a España?

Siempre he trabajado como camarera de pisos en diferentes hoteles de Barcelona. Todos 4 estrellas. Casi siempre me han contratado por medio de alguna de ETT y a los 3 meses el hotel ya me contrataba directamente. Normalmente te hacen un contrato de un año y luego te echan a la calle, porque sino te tienen que hacer fija. Al año te vas y para regresar a ese mismo hotel, si les gustas, tienes que esperar para que te vuelvan a coger.

¿Cómo era el salario en los hoteles en los que has trabajado?

En ese último hotel era en el que más he cobrado, pero porque hacía muchos extras, pero normalmente eran unos 1.200 euros.

¿Qué tipo de extras?

Por ejemplo, si tenía dos días de fiesta y podía trabajar uno de esos días pues eso te lo pagaban, y así en el mes hacía varios extras y ganaba algo más.

¿Ocurría los mismo en los otros hoteles?

No, en los otros cobraba menos. Ni extras ni nada. Ahí te cambiaban la fiesta para cuando a ellos les daba la gana. Las fiestas te las manejaban como a ellos les daba la gana. 

¿Y de cuánto eran las jornadas laborales que tenías?

En el primero era de 5 horas y te daban 14 habitaciones. Y en los otros dos eran de 8 horas, y en uno te daban 16 habitaciones y en el último 18.

¿Y en esas 5 horas podías terminar todas las habitaciones?

A ver, es que yo era una máquina, eh, corriendo, corriendo, haciendo habitaciones. Pero sí, costaba mucho. Y también dependía de la hora a la que se iba el cliente. Los domingos, por ejemplo, era imposible, casi nunca nadie se iba a su hora, porque los clientes se levantan tarde, y dependiendo de la hora que se vayan ellos, a esa hora es que tú comienzas a trabajar. Ahora, eso si, no puedes dejar una habitación sin hacer, así te vayas a las 7 de la noche. 

¿Esas horas no las cobrabas?

No, esas horas no te las pagan, fuera de tus horas no te pagan nada.

¿Cuándo tenías una jornada de 8 horas también era habitual que tuvieras que quedarte más tiempo?

Yo la verdad es que casi nunca me tenía que quedar, pero muchas chicas sí, muchas se quedaban, porque claro 18 habitaciones son muchas.

Yo, como iba muy rápida, estaba de pico, o sea que yo hacía 18 habitaciones pero me daban 3 ó 4 plantas, por ejemplo, hacía 8 en una, 8 en otra, y 2 más en otra. ¡Imagínate!

Y tú ibas también con tu carro.

Yo andaba con tres carros, el de la ropa limpia, el que era para echar la basura y el cubo de limpieza, y el de los amenities, o sea el jabón, el champú, las maquinillas,… para el cliente. Y eso que como yo iba de planta en planta lo que hacía era que no me llevaba mi gavia y echaba la ropa sucia en la de la chica que había ahí, y ellas me dejaban. Y entonces luego yo las ayudaba a bajarlas.

Esas gavias pesan mucho, porque imagínate lo que es una gavia con una funda nórdica, sábanas, fundas, toallas mojadas, que pesan un montón.

Y el otro problema es que cuando no tenías fundas, toallas o cualquier otra cosa, tenías que ir donde estaban las otras compañeras a ver si a alguna le sobraba alguna funda o algo. Y si no tenías que ir a la lavandería de nuevo a ver si ya había venido la ropa. Y eso te hacía perder mucho tiempo, y claro te fastidia.

Trabajar bajo presión: siempre corriendo

Claro, porque tenéis que trabajar siempre a toda velocidad para poder entregar las habitaciones.

Sí, a veces estás metida en una habitación y vienen y te dicen: “sal  de ahí y espabila, métete en una habitación de salida, que me interesa más, que los clientes están abajo esperando”. Trabajas con ese sobresalto. Y eso que yo ya me acostumbré pero hay mucha gente nueva que a los dos días no aguanta y se va.

¿Y con estos ritmos de trabajo te daba tiempo para parar y desayunar o almorzar?

Depende, cuando iba muy de culo, perdón por la palabra, no, yo seguía. De hecho, cogí una anemia que por poco me muero, por eso mismo, por no bajar a comer porque iba muy mal de tiempo.

¿Eso es algo común?

Casi todas se saltan las comidas. Y muchas padecen también de anemia, por lo mismo. Te dan 20 minutos para comer, pero claro, si ya vas mal de tiempo. ¿Y además tú crees que después de comerte un bocadillo, o lo que te pongan ahí, tú te puedes subir corriendo y ponerte a hacer camas? Así no hay quien haga la digestión. Es que no apetece.

¿Y además del ritmo que lleváis, qué es lo que más cuesta en vuestro trabajo?

¡Hay, por Dios, las mamparas! Eso es horroroso, porque la cal se pega, se pega pero que bien. Y a veces los líquidos que te dan no la quitan fácilmente, y ahí se pierde mucho tiempo. También es pesado aspirar las habitaciones, porque a veces te ponen unos aspiradores que pesan más que yo que sé. Y también las ventanas, y porque además yo lo veo peligroso porque te tienes que subir a unas escaleras.

Aunque bueno, en este trabajo todo es pesado. Pero las camas es lo peor. Por el peso, por la posición en la que te tienes que poner, porque tienes que remeter muchas cosas, y los nórdicos también pesan mucho, y que todo quede bien estirado, que no quede nada arrugado, y luego tienes unos dolores en los brazos.

Muchas veces te dicen que tienes que tomar posturas, ¿pero tú te piensa que con el tiempo que tienes tú te vas a poner agachándote bien? No, tú vas rápido, loca por salir de la faena.

¿Cómo son esas formaciones que comentas?

Pues cada seis meses, más o menos,viene alguien de riesgos laborales y te cuentan. Es gente que se dedica a ir por los hoteles haciendo cursillos de esos. Te dan una charla con su pizarra y todo, y te van explicando cómo tienes que hacer las posturas.

¿Y qué te parecen a ti estos cursos? ¿No son útiles?

A ver, tú te lo piensas, y tú dices que sí, que tienen razón, y te lo pasas haciendo una semana. Pero si tienes que salir a las 4 de la tarde y te estás yendo todos los días a las 7 de la noche, tú dices, a la mierda la postura. Y al final el que se jode la salud es uno, pero bueno.

¿Cómo te ha afectado el trabajo en tu salud?

Yo sufro sobre todo de lumbago, de la ciática. Eso es lo que más.

¿Y cómo hacías para trabajar con ese dolor?

Bueno, yo no sé si tengo hígado ya, porque tomaba iboprufeno todos los días, todos los días, porque no podía aguantar el dolor, y luego me ponía la crema esta, Voltarén, o algo así, algún antiinflamatorio, eso es lo que hacía. También me compré una faja ortopédica de ésas, dorsolumbar, con eso trabajaba. Sin eso después ya no podía trabajar.

¿Es habitual entonces ausentarse?

Casi no, no te puedes enfermar, porque como te enfermes te echan. Yo he tenido que ir a trabajar con 39 de fiebre, y tomando frenadol como una loca, porque si faltabas te pegaban una bronca que, bueno, yo prefería irme con mis pastillas, y terminaba tarde, pero prefería ir a trabajar, aunque fuera enferma. Chico, que si faltabas por eso te buscaban cualquier motivo para echarte.

Maltrato laboral: una pesadilla permanente

Imagino que entre una cosa y la otra, al final también sufrías una fuerte ansiedad.

Muchas veces, pero ya no es eso, el trabajo en sí, sino que además es la forma en la que las jefas se dirigen a ti. Algunas son más profesionales y te dicen: “mira, esto lo hiciste mal, ves, por favor, y cámbialo”. Pero otras no, te tratan mal y te dicen mal las cosas. Y encima de tanta presión, llega un momento en que…

¿Era habitual que os gritaran?

Sí, y que te insulten. Pero todas se calla, porque claro, con la necesidad que hay de trabajo, les dices cualquier cosa y lo primero que te responden es que si no te gusta que pidas la baja y que hay mucha gente sin trabajar.

A mi una vez, recién empezando ahí, siendo yo nueva, también me hablaron mal. Que ven acá, que tú quién te has creído que eres, que me has dejado esa cama hecha un churro y, bueno, un montón de cosas. Después de una bronca así el día ya te lo joden. Y vas con miedo a trabajar, y así todos los días. Piensas, ¡Dios mío! A ver qué me dirán, y si hoy lo hago mal, y así vas a trabajar todos los días. Y todos los días ves mujeres llorando, a diario. Porque te hablan mal, porque te insultan.

¿Hay alguna otra situación que os provoque malestar?

Si, que te cambien el día fiesta, porque a lo mejor uno tiene ya sus planes. Que no te respeten tus días de fiesta. Tú firmas un contrato, trabajas 5 días y descansas 2, porque tienes 2 descansos por semana, y yo he llegado a trabajar hasta 10 días seguidos, sin descansar.

Despidos y externalización

¿Qué perspectivas tienes ahora? ¿Vas a regresar al hotel cuando el bebé haya crecido un poco más?

Pues no, porque han despedido a todas las camareras de piso del hotel en el que estaba, incluyendo a la gobernanta. Eso solo lo hicieron con las camareras de pisos, o sea que en restaurante y recepción todo sigue igual, todo normal. A algunas las indemnizaron y a las otras, las que tenían un contrato por un año, esas a la calle, sin un peso, sin nada, el finiquito que les correspondía y ya. Y las han sustituido por un empresa externa, ¿y tú sabes lo que les pagan? Pues 740 euros por 14 habitaciones, y 6 horas.

¿Cómo se lo han tomado?

Pues imagínate, en temporada baja, que no puedes ir a ningún lado, ni por ETT ni por nada, porque no encuentras trabajo en ningún lado, pues jodidas. Las que estamos acostumbradas a que al año tienes que ir, moverte, salir, entregar currículums, y buscar por otro hotel, bueno, pero las que estaban fijas, que no habían tenido nunca otro trabajo más que ése, que además son personas mayores, que había mujeres ahí que tenía 50 y 50 y pico de años largos, casi 60 también, eh, ¿en qué lugar les van a dar trabajo?

¿Cuando vas a Cuba y cuentas cómo es tu trabajo, qué dicen?

Uf, nadie se lo cree, ahí la gente se piensa que esto es fácil. Me dicen que estoy loca. Nada que ver con los hoteles en Cuba. Allá tienes tu hora para comer, si fumas puedes salir a fumar tu cigarrillo. En Cuba tú te enfermas y vas al médico y nada, no pasa nada, al otro día tú te incorporas a tu trabajo normal, y no pasa nada. Y allá nadie tiene derecho a faltarte el respeto. Tú ahí trabajas sin estrés, aunque sabes que tu trabajo es duro y tuviste que hacer no sé cuantas habitaciones.

¿Qué es lo que más te ha sorprendido del trabajo en Barcelona?

Que aquí yo creo que no tienen compasión, por lo menos en los hoteles, no tienen compasión, con nada.

¿Cómo valoráis las camareras de piso vuestro trabajo?

Bueno, que es una mierda, asimismo. La gente está muy descontenta, porque encima de todo eres lo peor mirado que hay en el hotel. La de recepción como la del restaurante, todo el mundo, te mira por encima del hombro, porque, se piensan que porque tu limpias, eres lo peor de lo que hay, y cualquier cosa mala que sucede, una pérdida de lo que sea, las camareras de piso son las culpables.

 

TURISMOS EN DISPUTA

El blog de Ernest Cañada

Sobre perspectivas críticas en el turismo y alternativas comunitarias

Investigador y comunicador social. Trabaja actualmente como coordinador de Alba Sud. Es docente en la Universidad de Barcelona, miembro del Grupo de Investigación en Desigualdades en Salud (GREDS) - Employment Conditions Network (EMCONET) de la Universidad Pompeu Fabra (Bsrcelona); miembro experto del Consejo Turismo y Ciudad de Barcelona; investigador asociado al Centro de Análisis Socio Cultural de la Universidad Centroamericana (UCA) en Managua, Nicaragua. Actualmente reside en Barcelona, y entre 2004 y 2014 vivió en Centroamérica.

En este blog hablamos de turismo en plural, de su impacto en el trabajo y también en el mundo rural, de los procesos de desposesión que conlleva, de las condiciones laborales de sus trabajadores. Pero también de los esfuerzos comunitarios y de amplios sectores sociales por controlar territorios, recursos y formas de organizar esta actividad para, en definitiva, construir alternativas democratizadoras.

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